martes, 12 de noviembre de 2013

Misterios alrededor de Lorca

 Federico. García Lorca tenía 38 años cuando le mataron pero, transcurridos 75 años desde su asesinato, los misterios en torno a su fusilamiento podrían caber en varias vidas. La enorme figura del poeta y dramaturgo, que ya había traspasado fronteras, y su rápida ejecución han llenado de claroscuros un relato que ha tenido demasiados narradores. Tanto investigadores —el más conocido el hispanista Ian Gibson— como la multitud de testigos (y supuestos testigos) que mezclaron hechos ciertos con teorías y anécdotas con más de leyenda que de realidad. Desenredar esa madeja es lo que se propuso Miguel Caballero, por cierto vecino de Fuentevaqueros: tratar de distinguir entre lo que ocurrió y la ficción creada alrededor para detallar los últimos momentos de la vida de Federico. Fruto de ello es el libro 'Las trece últimas horas en la vida de García Lorca', publicado por La Esfera de los Libros. Caballero tomó la obra del falangista Eduardo Molina Fajardo, el que fuera director del diario 'Patria', y trató de verificar de forma documental los cerca de 50 testimonios que él aportaba; muchos de ellos de conocedores de primera mano de la ejecución del escritor. Los legajos (expedientes de la Policía, la Guardia Civil o el Ministerio del Ejército, y periódicos de la zona) dan fiabilidad al menos a 10 de ellos. «Personas como el capitán Nestares (al cargo de la primera bandera de Falange en Granada), Martínez Bueso (subordinado de éste y testigo del fusilamiento) o Pedro Cuesta (custodió a Lorca) le iban dando datos en confianza a un camarada», explica este historiador, dedicado casi enteramente al autor de 'Poeta en Nueva York' y 'La casa de Bernarda Alba'. Pero, ¿qué razones llevaron a esta muerte? Pues, según su investigación, fueron las rencillas familiares más que las ideologías; entre ellas esa casa siempre a oscuras en la que una madre sometía a autoridad férrea a sus cinco hijas: «Se demuestra la incidencia que tiene en la muerte de García Lorca la trama familiar. Van a detenerlo a casa de los Rosales tres personas: Ramón Ruiz Alonso (diputado de la CEDA y padre de Emma Penella y Terele Pávez), Federico Martín Lago (un maestro perteneciente a Falange), los dos con ganas de protagonismo, y Juan Luis Trescastros. Trescastros era familiar lejano del poeta y a la vez hombre de confianza de la familia Roldán, enemiga de los García Lorca», explica. Los problemas con los Roldán y los Alba habían surgido a finales del siglo XIX, debido a la explotación de la remolacha azucarera en la Vega de Granada, un negocio con muchos intereses que comenzó al perder España las colonias de Cuba y Filipinas. «El padre de Lorca en esta época era muy mayor, había nacido en 1859. Así que van contra la joya de la familia, que también los ha agraviado con 'La casa de Bernarda Alba'. Está escrita en junio del 36 y supone una venganza literaria. Se une el odio al padre y al poeta. Realmente la obra es un falseamiento de la realidad, porque Bernarda Alba (que se llamaba como su personaje) no era la mujer déspota que él pinta. Y cuando baja del tren en Granada los cuchillos le esperan bien afilados». El primer intento es en la huerta de San Vicente, donde tratan de prender al escritor. Allí irrumpen, el 9 de agosto (una semana antes de su detención), dos miembros de los Roldán (Miguel y Horacio). «Está documentado que dos días antes los hermanos se han reunido con el gobernador civil de Granada, Valdés Guzmán, en el pueblo de Asquerosa (actual Valderrubio), en lo que a todas luces fue una reunión para tratar de conseguir el plácet para molestar al escritor». El asunto hace que la familia de Lorca piense que el mejor lugar para protegerle es la casa de los hermanos Rosales. El escritor es amigo de Luis, también poeta, aunque varios años menor. «Pensaron que allí estaba seguro, los cinco hermanos eran falangistas y José, conocido como 'Pepiniqui', un puntal importante del partido en Granada. Nadie pensaba que alguien fuera tan osado de ir a la casa de 'Pepiniqui' a detener a García Lorca».
Fuente:Virginia Hernández Federico.