Huelva

La ciudad ha sido punto de encuentro de diferentes culturas y civilizaciones. En 2006, en una zona próxima al colegio Seminario, se encontraron restos datados entre el 3000 y el 2500 a. C., muy anteriores a Tartessos. El hallazgo de dos depósitos cilíndricos con alrededor de unas treinta piezas de deidades prehistóricas, la mayor conocida hasta el momento, situarían en la capital onubense «el poblamiento continuado más antiguo de la Península Ibérica». Pese a todo, los historiadores coinciden en señalar el año 1000 a. C. como el de la fundación del núcleo urbano por parte de los fenicios con el nombre de Onoba, en la parte baja de la actual ciudad y situada extramuros de un enclave tartesio que ocupaba la actual parte alta.
En el siglo XIX, con la compra de las minas de cobre del norte de la provincia se produce un impactante proceso de industrialización y crecimiento en la ciudad que asume un importante crecimiento poblacional e industrial. Nuevamente, desde el siglo XX la ciudad está también ligada económicamente a la industria química. Por tanto cuenta con un amplio Polo Industrial de Desarrollo (industrias químicas, refinería de petróleo, metalurgia del cobre, celulosa y centrales térmicas) que, según unas opiniones ha favorecido el desarrollo económico de la ciudad y según otras es un ejemplo del deterioro medioambiental provocado por la concentración de esas mismas industrias. El sector terciario y al sector pesquero son también considerablemente importantes en la ciudad. Por su situación atlántica -en el Golfo de Cádiz-, posee una importante flota pesquera y una de las mayores flotas congeladoras del país.
Al ser capital de provincia acoge a su vez los principales servicios públicos de la zona tanto provinciales, autonómicos como estatales. Por su vinculación al descubrimiento de América también posee un importante sentimiento americanista con lazos periódicos con entidades iberoamericanas.
Tartesios,fenicios y romanos
Desde el mítico reino tartesio de Argantonio hasta el Imperio romano, la colonización vandálica y visigoda o el asentamiento de culturas como la árabe dieron esplendor al sur peninsular y convirtieron la provincia de Huelva en un auténtico crisol en el que se funde lo que hoy es la realidad andaluza.
Ha sido frecuente relacionar la onubense Isla de Saltés con la capital de Tartesios. Así lo hizo, en su Ora Marítima, el poeta romano Rufo Festo Avieno en el Siglo IV cuando podría referirse a ella como la «isla entre dos ríos». Anteriormente, Estrabón (III,5,5) hablaba de los viajes de los marineros fenicios a la zona desde el siglo VIII a. C. Lo cierto es que entre la leyenda y la referencia bíblica —el Tarschish de El libro de los Reyes—, Tartesios contacta con el mundo griego a mediados del siglo VII a. C.
Tradiciones y mitos movieron a no pocos románticos e investigadores, como Adolf Schulten, a buscar en estas tierras, entre el Guadiana y el Guadalquivir, tesoros de valor incalculable que se atribuían a este pueblo asentado en la rica tierra de Tharsis o Tartesios. Queda claro en todo caso, y está contrastado arqueológicamente, que en estas tierras floreció una avanzada cultura gracias al contacto con el elemento indígena, dedicado al pastoreo y la agricultura, con otros orientales, fenicios, resultando de ello una relevante cultura metalúrgica y comercial en los albores del bronce final. El esplendoroso reino tartesio desaparece entre 530 y 508 a. C. cuando los Púnicos consiguen prohibir el comercio griego con esta zona. Aquello implica una posible crisis en la ciudad que hunde la economía y demografía. Pero aún en crisis, la ciudad continúa permanentemente habitada al ser su situación (minas, río, mar) estratégica para nuevos pueblos.
De la presencia romana en la ciudad quedan ya pocos restos visibles, lentamente desaparecidos a lo largo de siglos de olvido. Por los yacimientos estudiados (acueducto, diversas domus, factorías) se infiere la relativa importancia de la ciudad al menos como puerto comercial. Los primeros estudios modernos sobre la presencia romana en la ciudad datan de mediados del siglo XVIII a cargo del religioso Jacobo del Barco, de Agustín de Mora años después o las excavaciones de M. del Amo en el siglo XX. Lo cierto es que la zona tenía una importante base demográfica y cultural para que se produjera una rápida romanización de sus habitantes a partir del siglo I. El mismo Estrabón cita a la ciudad de Onuba enclavándola en la Baeturia Celtica y poco después, probablemente, lo hace Pomponio Mela refiriéndola como Cnoba. Pero será Plinio el Viejo quien la ubique geográficamente en su obra Naturalis Historia mencionándola como Onuba Aestuariay entre los ríos Urium y Luxia (Tinto y Odiel)
La Edad Media:del reino taifa de Huelva a 1492
La investigación histórica sobre la época visigótica en Huelva es muy escasa y llena de lagunas por lo que es mucha más conocida la llamada «Welba» de la época musulmana.
A comienzos del siglo VIII el sur de la península es ocupado muy rápidamente por los árabes, siendo el núcleo urbano de Huelva conquistado en 713 por Abd-al-Aziz. A partir de la ocupación podemos considerar dos núcleos urbanos o ciudades:
Welba (o Gaelbah o Umba), que corresponde con la actual ciudad y desarrollada a partir de la anterior estructura urbana romana. Los asentamientos humanos se ubicaron preferiblemente en las laderas de los cabezos, encontrándose las primeras evidencias de poblamiento en el actual Cabezo de San Pedro, con una Alcazaba que fue la precursora del ya también desaparecido castillo cristiano
En 1012, Abd al-Aziz al-Bakri erige el reino taifa de Huelva otorgándose el título de señor de Umba y Xaltis (Huelva y Saltés). El reino fue durante cuarenta años económicamente seguro y fuerte hasta la guerra con el reino de Sevilla. En 1052 cae el reino taifa de Niebla en manos de Al-Mutadid y Abd al-Aziz debe retirarse siendo confinado en la isla de Saltés.
En cuanto a la época cristiana se sabe que la ciudad fue tomada, primero, por Iñigo de Mendoza en 1238 y por las tropas de Alfonso X, finalmente, en1262. A partir de ahí será gobernada por diversos nobles como Juan Mathe de Luna, Diego López de Haro o Juan Alonso de la Cerda hasta que en el año 1351 se le confirman sus derechos como ciudad de cierta importancia. María de la Cerda, señora de Huelva y de la Isla de Saltés, de la Casa de Medinaceli, aportó en dote la villa de Huelva al matrimonio con el I Duque de Medina-Sidonia, pero al morir sin descendencia, su casa le reclamó al duque la devolución de la villa, lo cual no se llevó a cabo por parte de los guzmanes. Por ello, en torno a 1466, surgió un largo pleito sobre la villa entre ambas casas que no finalizaría hasta 1509 cuando, a la muerte del III duque, Fernando el Católico autorizó a los gobernadores del señorío a abonar 10.000.000 de maravedíes a la Casa de Medinaceli en compensación por Huelva, que permanecería bajo el señorío jurisdiccional de la Casa de Medina-Sidonia hasta la abolición de los señoríos en 1812.
Esta Huelva bajomedieval del estuario del Tinto y el Odiel, relacionada con las poblaciones vecinas y con Portugal, y una serie de bases científicas y técnicas desarrolladas en los últimos años del siglo XIV, le harán ser testigo y agente de un hecho trascendental para la historia de la humanidad: la llegada española a América.
El descubrimiento de América. La marinería onubense
Desde el Tratado de Alcáçovas de 1479, las costas africanas estaban vedadas a los marineros castellanos y, por lo tanto, a los de las costas onubenses. Pero la fuerte expansión demográfica y económica de Castilla, junto con los nuevos avances y técnicas de navegación, permitieron que estas tierras y sus gentes se convirtieran en los más interesados en realizar las futuras expediciones atlánticas. La llegada de Colón a La Rábida y el apoyo, junto con la Corona, de diversas familias de las localidades de Palos de la Frontera y Moguer hicieron posible una gesta a la que, la entonces pequeña ciudad de Huelva, aportó buen número de marineros.
Si todo pueblo se siente orgulloso de su «pequeña historia», dichas localidades onubenses lo están de una gesta que protagonizaron gentes de la tierra. El Descubrimiento de América y las relaciones entre la provincia y las tierras del otro lado del océano son, y han sido siempre, algo presente en la memoria colectiva de este pueblo. Decía Pierre Chaunu que «Colón llegó a Portugal cincuenta años demasiado tarde y a Inglaterra y a Francia medio siglo demasiado pronto».A las costas de Huelva llegó en el momento oportuno. En estas tierras colombinas quedaron los reflejos de esta apoteósica aventura que marcó la idiosincrasia y cultura de generaciones de onubenses.
En ese acontecimiento destacaron numerosos hombres de Huelva a los que luego se le sumaron en nuevos viajes nombres como Alonso Pérez Nizardo que descubrió la Isla Trinidad, Fernán Hernández y Antonio García Ribas que fueron tripulantes de la Armada de Ovando Juan Álvarez «El manquillo de Huelva» que participó en la Conquista de México pilotando un barco con Antón de Alaminos y Esteban Rodríguez que obstentó el rango de piloto mayor en la Armada de Legazpi.
Marginada del tráfico a América en beneficio de Cádiz o Sevilla, la ciudad pese a todo sigue desarrollándose. El puerto crece y se construyen instalaciones importantes, hoy tristemente desaparecidas, como el Arco de la Estrella, que servía de puerta de entrada a la ciudad desde el puerto. Pero a finales del siglo XVI la ciudad deja de crecer, sobre todo, si se la compara con la mayoría de las ciudades del reino. Las razones de este hecho son varias pero destacan sobre todo el importante flujo migratorio hacia América, los ataques de piratas berberiscos o las recurrentes epidemias depeste.La Huelva de los Austrias y la crisis
El siglo XVII tampoco trae nada bueno; la guerra con Portugal, la caída del duque de Medina Sidonia o la nueva peste de 1650 que se lleva por delante a casi la mitad de los habitantes seguirán estancando la ciudad. No será hasta el último cuarto del siglo cuando se haga evidente una recuperación demográfica y económica. Así, en 1658 el rey Felipe IV declara a la ciudad como «libre y exenta de leva y saca de gente para la milicia».
Siglo XVIII.
El 1 de noviembre de 1755 a las 10.00, se produjo un inmenso terremoto (8,5 de la escala Richter) en la bahía de Lisboa. Su duración fue de seis minutos que sacudieron ciudades y almas de la mayoría de la Península Ibérica. En la provincia se sintió de manera especialmente fuerte y en la capital acabó con la vida de ocho personas y dejó afectadas a la mayoría de las edificaciones.
En su obra Sobre el terremoto de primero de noviembre de 1755 el vicario de Huelva, Antonio Jacobo del Barco, describió los efectos de un seísmo que cambiaría la mayor parte de la fisonomía de la ciudad. La destrucción de los edificios, en su mayoría templos, y el lento crecimiento de la ciudad en esos siglos hizo que gran parte del patrimonio capitalino previo al seísmo desapareciera al resultar seriamente dañadas las iglesias de San Pedro,la Concepción o el Convento de la Merced e incluso monumentos ya desaparecidos como el Castillo o el Arco de la Estrella.
En el primer cuarto del siglo XVIII la costa de Huelva se hace más segura y sobre todo se produce una modernización en las técnicas y artes de pesca. Además, el hecho de trasladarse la Casa de Contratación a la ciudad de Cádiz permite aumentar considerablemente el número de embarcaciones que recalan y se abastecen en el puerto de la ciudad. Es en este siglo cuando se abre la aduana y los Duques de Medina Sidonia ubican en Huelva su tesorería. Tras el terremoto de 1755 la ciudad se reconstruye creciendo rápidamente y pasa en 1811 a manos de la Corona española. Sería en 1823 cuando se realizaría la división por provincias que hoy existe. El antiguo reino de Sevilla se divide en partes creándose dos nuevas delimitaciones administrativas: Huelva y Cádiz. Diez años después se convierte en capital de provincia según la división administrativa de Javier de Burgos.
Siglo XIX a la actualidad. La huella británica
Desde el último cuarto del siglo XIX, a causa de las importantes explotaciones de la Cuenca Minera al norte de la provincia a cargo de la Rio Tinto Company Limited, la ciudad se convierte en un pequeño territorio inglés. Así, en 1873 el gobierno de España permite la venta de las milenarias minas de Riotinto, la construcción de un ferrocarril hasta la capital y un muelle de embarque para la salida del mineral hacia el Atlántico.Ello permite una importante expansión de la ciudad a causa de la llegada de trabajadores del resto del país, sobre todo de Andalucía, Badajoz y Galicia, e incluso de la cercana Portugal.
Así, el núcleo crece y se hace necesaria la población de las zonas más cercanas a las marismas creándose las barriadas de Las Colonias y de El Matadero. Es en esta época cuando la ciudad comienza a dar la espalda a la Ría del Odiel porque las vías del ferrocarril cierran la expansión del núcleo urbano. Asimismo, la Onuba antigua, ya seriamente dañada tras el Terremoto de Lisboa, va a ir desapareciendo mientras que la ciudad crece muy desarticulada y empieza a conformar su característica forma de «media luna» que no normalizaría hasta inicios del Siglo XXI. Pese a todo, el ambiente de la ciudad cambia enormemente. De una villa marinera de pequeñas y modestas construcciones nacen con motivo de este legado la Casa Colón, el barrio Reina Victoria o Barrio Obrero, la plaza del Velódromo, la estación de tren de RENFE, los muelles del Tinto, de Levante y de Tharsis así como las cocheras del puerto.Cabe destacar que debido a su extensa población anglosajona y alemana la capital desempeñó un importante papel durante la II Guerra Mundial. Así, fue notable la existencia de numerosos espías aliados y nazis, hombres de negocio de la ciudad y diplomáticos, que se controlaban entre sí y que consideraron la ciudad un enclave estratégico gracias a su puerto. En este sentido fueron numerosos los barcos aliados que sufrieron sabotajes e incluso fueron bombardeados por aviones alemanes procedentes de la base de Tablada, en Sevilla. Prueba de ello es el pecio existente en la desembocadura de la ría.

Pero donde fue realmente importante el papel de la ciudad es en la conocida como Operación Mincemeat aliada, cuando el servicio secreto británico dejó en la cercana Punta Umbría los restos de un presunto soldado inglés con documentación falsa, que fue interceptada por los nazis gracias a la ayuda de las autoridades locales, como bien había predicho el ejército británico. El hecho de que los alemanes creyeran ese montaje fue finalmente crucial para su derrota. A partir del siglo XX, la Huelva de lento desarrollo de siglos pasados iba a cambiar tan rápidamente que sus condiciones orográficas comienzan a verse como un impedimento. Por ello, las zonas aledañas a la ría comienzan a separarse de parte de la ciudad con la construcción de ramales ferroviarios, y algunos cabezos, cuyas laderas llevaban habitadas siglos, comienzan a ser desmontados.
Las primeras décadas del siglo XX son una continuación de los cambios desarrollistas iniciados a finales del siglo XIX. Se trata de una ciudad que va conformando lentamente su fisonomía y cuyo Instituto de Enseñanza «La Rábida» acoge los primeros estudios de un joven vecino de la cercana población de Moguer: Juan Ramón Jiménez.

Durante la Guerra Civil española, la capital fue ocupada por el ejército sublevado contra la II República el día 29 de julio de 1936, once días después del golpe militar, momento en el que el comandante de la legión José de Viena declara el estado de guerra. Se estima que durante la sublevación y los años siguientes de represión fueron asesinadas seis personas por el bando republicano y unas setecientas cincuenta por el bando nacional.

Barrio obrero de Huelva
Gastronomia.
Muy mediatizada por las inmensas posibilidades de la provincia, la gastronomía de la capital se fundamenta tanto en los productos procedentes de la sierra como en los del mar, en las carnes y el jamón ibérico y el marisco y el pescado de la costa onubense.
En marisco son destacadas varias especies como el langostino, las patas y bocas de cangrejo, la gamba blanca, los camarones, la langosta, lacigala, moluscos como la coquina, y la almeja. La oferta gastronómica de productos del mar la complementa el pescado del Golfo de Cádiz, sobre todo el atún, el pargo, la corvina, el lenguado, el Mullus surmuletus, la acedía, el pez espada (conocida en la zona como: aguja palá), la mojama y -sobre todo- el choco frito o asado. También forman parte de la mesa onubense diversos tipos de carne, sobre todo partes del cerdo ibérico, como el jamón y la chacina.
La gastronomía se complementa con otros productos como el palmito, la fresa y el fresón y sobre todo los vinos de la Denominación de Origen Condado de Huelva, con afrutados, jóvenes, vinos generosos, algunos tintos, espumosos procedentes de Almonte, brandy y vinagres.
Esta extensa cantidad de materia prima se refleja en los platos más típicos de la ciudad, como pueden ser las almejas a la marinera, el atún encebollado, las habas con choco y las habas «enzapatás», la dorada al horno, las gambas al ajillo, las migas de pan, las coquinas (con perejil, ajo y vino clásico), la raya de coca del Torrejón, la sopa de pepino, los mollos con tomate, las «papas» con choco y, como bebida, el ponche colombino.
Ponche colombino para festejar
Ingredientes
1 L de vino blanco
1 L de bebida gaseosa
150 gr de azúcar
Canela en rama
1 limón cortado en cuartos
4 melocotones.
Paso 1
Mezclamos todos los ingredientes excepto el azúcar y los melocotones.
Paso 2
Pelamos los melocotones y cortamos a cuadritos pequeños para añadirlos a la mezcla anterior.
Paso 3
Hacemos un caramelo con el azúcar y lo añadimos al ponche .Paso 4
Reservamos en la nevera 2 horas . Y listo para servir
Personajes Històricos.
Monumento a Alonso Sánchez de Huelva, predescubridor de América.
Marineros como Alonso Sánchez de Huelva (protonauta o predescubridor de América), Martín Alonso Pinzón y Vicente Yañez Pinzón, nacidos en Palos de la Frontera en el Siglo XV(navegantes y codescubridores de América y del Brasil) o Juan Rodríguez Mafra, también de Palos, (marinero en la expedición de Juan Sebastián Elcano), los hermanos Niño de Moguer, también destacados marinos de la primera expedición colombina y la saga de la Familia Garrocho.
Antonio Jacobo del Barco, clérigo y científico del Siglo XVIII, describió el Terremoto de Lisboa.
En el periodo de Al-Ándalus destacaron a su vez Abu Abdullah al-Bakri (geógrafo e historiador del siglo XI) o Ibn Hazm (filósofo y poeta)
Cristóbal Acosta, médico y naturalista portugués.
El noble Pedro Romero de Terreros.
Ya en época contemporánea es esencial para la ciudad la persona de Guillermo Sundheim (1840-1903), empresario alemán que posibilitó la llegada de la Rio Tinto Company Limited, el desarrollo de la ciudad y la creación del Recreativo de Huelva.
Manuel Siurot, abogado, juez y magistrado que decidió cambiar su profesión por la de maestro de niños pobres, colaborando plenamente en las recién inauguradas Escuelas del Sagrado Corazón de Jesús.
Rafael Jurado Chacón, uno de los máximos dirigentes sindicales de la provincia de Huelva durante la Segunda República: vicepresidente y presidente del Sindicato Minero de Huelva y presidente de la Federación Obrera provincial.
Pintores.
Monumento en el Conquero al pintor Pedro Gómez..
Daniel Vázquez Díaz de Nerva (1882-1969). Pintor de renombre internacional, encontró en el cubismo su medio ideal de expresión. Pueden verse algunas de sus obras en el museo «Vázquez Díaz» de Nerva y entre sus obras destacan los retratos de artistas e intelectuales españoles del siglo XX, así como los frescos que pintó en el Monasterio de La Rábida en 1930.
José Caballero, (1915-1991).
Pedro Gómez y Gómez, (1888-1961), formidable paisajista de Huelva sobresaliendo los que realizó sobre el Conquero y máximo exponente de la Escuela de Huelva,116 formada además de forma destacada por Antonio Brunt, Mateo Orduña Castellano, Pablo Martínez Coto, Manuel Moreno Díaz, Juan Manuel Seisdedos Romero, Francisco Doménech, Esperanza Abot, José María Labrador, Sebastián García Vázquez, José María Franco, Pilar Barroso y Juan Carlos Castro Crespo y la subescuela de Ayamonte entre los que destacan Lola Martín, Antonio Gómez Feu, Rafael Aguilera y Florencio Aguilera Correa y el pintor de Lepe Isidoro Fernández Palma «Overli» (1952-2001). La mayoría de estos pintores se formaron o bebieron de las fuentes de laAcademia o Taller de San Cristóbal de Pedro Gómez y León Ortega.
También dirigió una Academia de Pintura en Huelva y dejó una gran huella el extremeño Eugenio Hermoso.
Escultores.
Antonio León Ortega de Ayamonte (1907-1991), escultor que realizó la totalidad de su obra en los dos talleres que tuvo en Huelva, donde dejó un gran número de obras en monumentos y la mayoría de las imágenes de la Semana Santa onubense o ayamontina así como innumerables imágenes repartidas por toda la provincia de Huelva y del resto de España.
La escultora estadounidense Gertrude Vanderbilt Whitney que diseñó en la capital el Monumento a la Fe Descubridora y que fue nombrada «Hija adoptiva» de la ciudad.
Literatos
Juan Ramón Jiménez,Premio Nobel de Literatura en 1956.
(1881-1958). Poeta. La obra más conocida de Juan Ramón, que en 1956 obtuvo el Premio Nobel de Literatura, es Platero y yo, cuyos poemas en prosa se desarrollan en Moguer. El poemario Leyenda (1896–1956), recoge la obra poética íntegra del autor tal como éste quiso que se publicara.
Los poetas Odón Betanzos (poeta e hispanista nacido en Rociana del Condado), Francisco Garfias (nacido en Moguer y Premio Nacional de Literatura), Rogelio Buendía (perteneciente a laGeneración del 27), José Nogales (nacido en Valverde del Camino) o Antonio López Muñoz.
El médico y ensayista Ernesto Feria Jaldón.
El historiador y poeta Diego Díaz Hierro.
En el terreno de las letras destaca el pedagogo, nacido en La Palma del Condado, Manuel Siurot, cuyas ideas calaron con fuerza en la ciudad, y el lingüista Alberto Bernabé Pajares.
El historiador onubense, autor de la "Gran Enciclopedia de Huelva" y extensa bibliografía Antonio José Martínez Navarro.