jueves, 26 de junio de 2014

El Sacromonte, cuevas y leyendas

Refugios del pasado.
El interior de las cuevas ha sido la morada más utilizada por los hombres durante milenios. La seguridad y el aislamiento que las poblaciones prehistóricas encontraron en estos primitivos abrigos naturales sería más tarde buscada por culturas como la musulmana artífice de gran parte de las cuevas y casas cuevas excavadas en la provincia granadina.

Esta arquitectura subterránea, fiel reflejo de los cambios históricos, sociales y económicos de su entorno, se mimetizan con el paisaje y relieve, confiriendo a las zonas donde se concentra, las comarcas de Guadix y Maquesado y Baza Huéscar.
El Altiplano, una expresiva belleza plástica. Un valioso patrimonio que se ha convertido en seña de identidad e importante recurso turistico.

El Sacromonte,cuevas y leyendas.
Estas cuevas también se dan en el pintoresco barrio del Sacromonte, que mira a la Alhambra y que se dan cita algunos de los elementos más identificativos de Granada. Por un lado, las Cuevas excavadas en grutas naturales de la montaña sagrada, templos del arte gitano y verdaderos museos de la vida troglodita adaptados a las comodidades modernas; y por otro , la zambra, ese antiguo baile compuesto a su vez por otros tres que simbolizan los momentos de boda gitana.

Este idílico lugar acogió a partir de la conquista cristiana en sus casas cuevas, extramuros de la ciudad, a las etnias y grupos sociales que se hallaban fuera del control administrativo y el orden eclesiástico, como los judíos y moriscos.
 Barrio mayoritariamente gitano, cuentan las crónicas que éstos entraron en Granada acompañando a las tropas de los Reyes Católicos para los que trabajaban como forjadores, No es, por tanto, de extrañar la presencia desde siempre de artesanos y artistas dedicados al flamenco, de cuyo arte nació la vieja y embrujadora zambra que hoy continúa protagonizando espectáculos flamencos en cuevas como la venta del gallo.
Leyendas.
Pero existe otra historia, la vinculada a la leyenda, elemento sin que el Sacromonte perdería parte de su esencia. La conocida como el Barranco de los Negros es una de las más cautivadoras. Narra cómo tras la caída del Reino Nazarí fueron muchos los nobles árabes que emprendieron el camino del exilio hacia tierras africanas.
Temerosos de que les robaran sus fortunas escondieron grandes tesoros en este Monte de Valparaíso. Sus esclavos de raza negra eran conocedores de las incursiones de sus amos a la montaña sagrada y decidieron, tras ser liberados, recuperar estos tesoros. Excavaron y escavaron en las laderas de este barranco sin éxito y extenuados por el esfuerzo se cobijaron es estos huecos que más tarde acondicionaron y conviertieron en su hogar.
Fuente: Turismo de Granada Patronato Provincial



Sacromonte el barrio mas Gitano de Granada.
Me apetecia dar un salto en el tiempo para visitar uno de los barrios más peculiares y, por supuesto, el más célebre de Granada. Queria conocer la esencia gitana de uno de los lugares con más embrujo de esta maravillosa ciudad. Poetas, novelistas, pintores, músicos... han cantado, a lo largo de los siglos, las glorias del Sacromonte, un 'monte sagrado' horadado por cuevas, en algunas de las cuales, habita la esencia del flamenco, lo que los especialistas denominan 'El Duende'. Pero elejì mal dia para ir..No tenia nada mas que esa mañana de Marzo de 2011 y llovia..el dia estaba muy gris, la Alhambra de Granada, el que puede ser considerado, sin miedo a exagerar, uno de los palacios más hermosos del mundo islámico no brillaba en su esplendor visto desde el Sacromonte,Pero habia turistas y curiosos que, como cada día, emprenden la subida al Sacromonte para disfrutar de unas vistas magicas,del embrujo de las bulerías, tientos, saetas, tangos, alegrías de la noche y sentidas por el dia.. en definitiva, para gozar del fascinante embrujo del flamenco atrapado en estas cuevas.
Fotografias y video.-Miguel Lòpez Leorrojo.

jueves, 27 de febrero de 2014

Paco de Lucia.


Paco de Lucía es el flamenco y el flamenco es Paco de Lucía. Componen un tándem inseparable que siempre ha estado en continua renovación.
El arte se ha popularizado en todo el mundo gracias a la revolucionaria guitarra del algecireño y a su prestigioso ritmo y éste ha conseguido ser su referente mundial indiscutible con su guitarra entre las manos.
Francisco Sánchez Gómez, de nombre artístico Paco de Lucía, nació en Algeciras en diciembre de 1947, hijo de Lucía Goméz 'La Portuguesa', de la que heredaría el 'de Lucía', y de Antonio Sánchez, de quien recibió sus primeras lecciones de guitarra, y a los doce años arrancó la carrera musical de aquel joven que se acabó convirtiendo en el mejor guitarrista de la historia.
 Sus primeros discos los grabó con Camarón de la Isla, con el que formó una de las parejas más míticas del flamenco más puro y con quien después fusionaría el arte con ritmos de música rock, pop jazz, lo que contribuyó a su popularización, a que diera el salto de los tablaos a los grandes recintos y a atraer a los más jóvenes.
 Paco de Lucía es también uno de los artistas que más ha contribuido a la internacionalización del flamenco. Siempre reconocido por la crítica, ha llevado su personal estilo, lleno de ritmo y energía, a los grandes escenarios más de todo el mundo.
 En su biografía hay una treintena de discos, desde el 'Friday night in San Francisco', grabado con John McLaughlin y Al Di Meola, del que se vendieron más de un millón de copias, a su último trabajo 'Cositas Buenas', del año 2004, y tal vez sea la rumba 'Entre dos aguas' la que más decisivamente contribuyó a acercar el flamenco al gran público.
 El maestro de Algeciras también pasará a la historia del flamenco por la incorporación del cajón, de procedencia afroperuana. Capaz de introducir percusión en este arte, el cajón llegó para quedarse y hoy se ha convertido en imprescindible en el flamenco contemporáneo. El Premio Nacional de Guitarra de Arte Flamenco, la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, Medalla de Andalucía o el Premio Príncipe de Asturias de las Artes (2004) atestiguan el reconocimiento que Paco de Lucía, que también es Doctor Honoris Causa por la Universidad de Cádiz, ha recibido a lo largo de su trayectoria profesional.
Obituario.
Enmudeció el pellizco genial de la guitarra de Paco de Lucía. El intérprete flamenco ha muerto en México a los 66 años, según confirman fuentes de su entorno y del Ayuntamiento de Algeciras (Cádiz), su ciudad natal y a cuyo perfil portuario estará para siempre asociado su inimitable sonido con las seis cuerdas. De Lucía se encontraba jugando con sus nietos en una playa en Tulum, donde poseía una casa, cuando se ha sentido súbitamente indispuesto, según un amigo íntimo del músico, Victoriano Mera. El artista ha muerto de camino al hospital. Las primeras conjeturas apuntan a que el guitarrista, galardonado con el Príncipe de Asturias de las Artes en 2004, guía del arte jondo por nuevos e inexplorados caminos al frente de su sexteto de trazas jazzísticas y eternamente recordado por su asociación en el olimpo del flamenco con Camarón durante los 60 y 70, ha fallecido a causa de un infarto. El músico vivía desde hace años en Palma de Mallorca, tras su paso por lugares como la Península del Yucatán o Toledo, donde se dejaba ver (poco), con una mezcla irresistible de bonhomía y reclusión. En los últimos tiempos fijó su residencia en Cuba. Los que lo trataron en Mallorca lo recuerdan con una cierta alergia hacia la guitarra, que dejó de tocar durante un tiempo, con ganas de compartir ratos con gentes sencillas, alejado de los cenáculos artísticos e intelectuales y dedicado a sus dos hijos de corta edad. Era la forma en la que Francisco Sánchez Gómez, tal era su nombre real, huía de su propia leyenda. Un mito que también obtuvo sus recompensas comerciales; en 1973, su celebérrima rumba Entre dos aguas lo aupó a lo más alto de las listas de éxitos con la conjura propia de las casualidades. La composición fue la última en entrar en el repertorio de aquel disco que acabaría invadiendo centenares de miles de hogares aquellos años en los que España se sacudía el polvo negro de la dictadura.

Ya solo su asociación con Camarón de la Isla, la entente de dos amigos de infancia curtidos en los tablaos que en aquellos setenta andaba dando sus últimas bocanadas, le habría servido para ingresar en las enciclopedias de la música popular. Pero habría mucho más. Sus primeros escarceos con el jazz, por los que fue acusado de bastardización del arte jondo, datan de finales de la década anterior, cuando colaboró, aunque sin figurar, en los discos de jazz flamenco del saxofonista navarro Pedro Iturralde. A mediados de los 70, fue dando forma a una banda irrepetible, nutrida del talento de sus hermanos, Pepe de Lucía y Ramón de Algeciras, y los jóvenes Jorge Pardo, Carles Benavent y Rubem Dantas, con el que se introdujo el cajón peruano en la ecuación flamenca. La cristalización de la leyenda de aquella banda única se dio a principios de los 80, con los discos Solo quiero caminar (1981) y Live... One summer night (1984). De los ochenta data también su asociación con dos titanes de la improvisación a las seis cuerdas: Al di Meola y John McLaughlin. Juntos giraron por todo el mundo asombrando a auditorios de todas las clases y tamaños con su contagioso virtuosismo. Además de cruzar flamenco con jazz, De Lucía hizo lo propio con el blues, la música hindú, la salsa, la bossa nova o la música árabe. También contribuyó a difuminar las frontera entre la música culta y la popular con históricos registros en el Teatro Real. Doctor honoris causa por la Universidad de Cádiz y el Berklee College of Music, el jurado de los Premios Príncipe de Asturias le reconoció su "honradez interpretativa" y su capacidad de trascender "fronteras y estilos" que le convirtieron en "un músico de dimensión universal". "Todo cuanto puede expresarse con las seis cuerdas de la guitarra está en sus manos", destacó el fallo. El Ayuntamiento de Algeciras, que ha decretado tres días de luto oficial, está haciendo las gestiones, en contacto con la familia, para facilitar la posible repatriación del cadáver. Además, esta mañana, se han suspendido todos los actos municipales previstos para esta jornada.
Fuente.-El Pais.

sábado, 22 de febrero de 2014

Guzman el Bueno


Guzmán el Bueno (sobrenombre de Alfonso Pérez de Guzmán, León, 24 de enero de 12561 – Gaucín, 19 de septiembre de 1309), I señor de Sanlúcar de Barrameda, fue un militar y noble leonés, fundador de la casa de Medina Sidonia, formada por su descendencia por vía masculina.
Se tiene constancia de que su vida pública transcurrió entre 1276 y 1309. Como militar intervino en las luchas internas del Marruecos meriní. Tras las incursiones norteafricanas en la Baja Andalucía de 1275, medió en la tregua establecida entre el sultán meriní Yusuf y Alfonso X el Sabio en 1276. A finales de 1281 o comienzos de 1282, intervino en el pacto entre el citado Yusuf y Alfonso X, en virtud del cual el sultán meriní ayudaría al monarca castellano frente al rebelado infante don Sancho.
En 1282, el Rey Sabio premió los servicios de Guzmán con la villa de Alcalá Sidonia, hoy Alcalá de los Gazules, que le cambiaría ese mismo año por el Donadío de Monteagudo (hoy cortijo en el término municipal de Sanlúcar de Barrameda).                          Estatua de Guzmán el Bueno en Tarifa.

Además el rey le casó con María Alfonso Coronel, una rica mujer que aportaría al matrimonio una importantísima dote, compuesta por casas en la collación (feligresía) de San Miguel en Sevilla, olivares de Torrijos (hoy hacienda en Valencina de la Concepción), olivares de La Robaína (en Pilas), la villa de Bollullos de la Mitación, las aceñas (molinos de harina) que había en el río Guadalete junto a Jerez de la Frontera, el pago de viña de La Ina (hoy barriada rural en Jerez de la Frontera) y el pago de viña de El Barroso (hoy cortijo en Jerez de la Frontera).
Con el acceso al trono de Sancho IV, Guzmán marchó de nuevo al sultanato meriní de Fez, haciendo una gran fortuna con la que ampliaría sus propiedades. Compró más olivares en el Aljarafe, más casas en Sevilla, La Algaba, Alaraz, el Vado de las Estacas (en Alcalá del Río), Santiponce, la villa de Ayamonte y su castillo, Lepe, La Redondela (en Isla Cristina), la mitad de la villa (hoy ciudad) de El Puerto de Santa María, la dehesa de Vilaraña (en El Puerto de Santa María), el Donadío de Ventosilla (hoy cortijo situado entre Sanlúcar y Jerez) y el Donadío de Alixar (hoy Alijar, cortijo entre Sanlúcar y Jerez).
Posteriormente, en 1294, el propio Sancho IV recurrió a Guzmán para la defensa de Tarifa, plaza amenazada por el infante don Juan, hermano del monarca, con la ayuda de los meriníes y nazaritas. Allí ocurrió la célebre defensa heroica de Tarifa, con la muerte del inocente hijo menor de Guzmán, convertida en leyenda.
(Guzmán el Bueno arrojando su daga en el cerco de Tarifa, del artistaSalvador Martínez Cubells)
Tras la gesta de Tarifa, Sancho IV le prometió verbalmente el Señorío de Sanlúcar en cuyo término se incluían los lugares y poblados de Sanlúcar de Barrameda, Rota, Chipiona y Trebujena. Sin embargo, fue su hijo Fernando IV quien hizo efectiva dicha merced en 1297. Con el tiempo, Sanlúcar se convertiría en el principal solar de la casa. En 1299 recibió la merced de la almadraba de Conil y en 1303 la almadraba de Chiclana, cuyas respectivas aldeas pobló.
En 1307 recibió el Señorío de Vejer de la Frontera, a cambio de Zafra y Falconera, en Extremadura. Asimismo recibió el Señorío de Marchena y una retención sobre las rentas de Medina-Sidonia. A la muerte de Guzmán el Bueno en la Sierra de Trebujena, luchando en la frontera con el Reino de Granada, las dimensiones de sus señoríos y propiedades en el alfoz sevillano del Aljarafe, el área fronteriza onubense, el Bajo Guadalquivir y el área del Guadalete, convertían a la Casa de Guzmán en el linaje más importante de la alta nobleza en Andalucía durante la Baja Edad Media.
No obstante, la casa perdió parte de sus propiedades originales debido a las dotes matrimoniales y al testamento de María Alfonso Coronel dado en 1330. Por estas vías, su hija Isabel Pérez de Guzmán, casada con Fernán Ponce de León, aportó a la futura Casa de Arcos el Señorío de Marchena, la retención sobre las rentas de Medina-Sidonia, las villas de Rota y Chipiona y, según parece, la mitad de Ayamonte. Del mismo modo, otra hija del matrimonio, Leonor Pérez de Guzmán, casada en 1306 con Luis de la Cerda, legó a la futura Casa de Medinaceli El Puerto de Santa María junto con Villafranca, el Alijar y otras heredades. Los sepulcros de Guzmán el Bueno y María Alfonso Coronel, realizados por Juan Martínez Montañés, se encuentran en la iglesia del Monasterio de San Isidoro del Campo en Santiponce.
Hipòtesis y leyenda sobre su ascendencia.
(Castillo de Tarifa, desde el cual, según la leyenda, Guzmán el Bueno lanzó un cuchillo para que mataran con él a su propio hijo antes que sucumbir al chantaje que le hacían los sitiadores.)
Según la XXI duquesa de Medina Sidonia, hay pruebas de que Guzmán el Bueno no era leonés, sino moro. En un permiso para la exportación de trigo firmado en 1288, se le da el permiso para exportar la cosecha a su lugar de procedencia, probablemente Marruecos. Por otra parte, en un documento de 1297 propiedad de la Duquesa de Medina Sidonia y firmado por el entonces rey, se le menciona como a un "vasallo”, es decir, un “no español”.
La duquesa, un descendiente directo, ha dicho que su historia fue "limpiada" en el siglo XVI para borrar su origen étnico de los registros oficiales y hacerlo más aceptable para la sociedad cristiana de España. La propia duquesa apareció en el documental “When the Moors Ruled in Europe”, presentado por Bettany Hughes, mostrando los documentos de sus archivos que indicaban el origen musulmán de Guzmán el Bueno.
Breve Biografia.
(Alonso Pérez de Guzmán, duque de Niebla) Noble castellano, origen de la casa ducal de Medina Sidonia (León, 1255 - Gaucín, Málaga, 1309). Era hijo bastardo del adelantado mayor de Andalucía, Pedro Núñez de Guzmán. Por desavenencias con sus hermanos abandonó el reino y se puso al servicio del sultán de Marruecos. Regresó a Castilla en 1291, llamado por Sancho IV, quien quería aprovechar su conocimiento y relaciones con los musulmanes en su lucha contra los benimerines por el control del estrecho de Gibraltar. Participó en la conquista castellana de Tarifa (1292), plaza de la que fue nombrado alcaide (1293). Se distinguió en la defensa de la ciudad frente al asedio que le puso el sultán benimerín Ibn Ya’qub (o Abenjacob), al que se había unido el hermano del rey, el traidor infante Juan. Éstos quisieron acelerar la rendición de la plaza ante la inminente llegada de una flota aragonesa para romper el cerco, capturando al hijo de Guzmán y amenazando con matarle si el alcaide no rendía Tarifa; según la leyenda, no sólo no se rindió, sino que lanzó a los sitiadores su propio puñal para que cumplieran su amenaza, gesto heroico que le valió el sobrenombre de el Bueno (1294). El hijo de Guzmán fue, efectivamente, asesinado, pero el asedio fracasó y hubo de ser levantado enseguida. Guzmán continuó combatiendo en Andalucía contra los musulmanes, hasta que halló la muerte en la Serranía de Ronda.
Fuentes:-Wikipedia-Guzman El Bueno
              Biografias.-Guzman el Bueno

lunes, 10 de febrero de 2014

El Marquesado de Los Velez.


El Marquesado de los Vélez es el título nobiliario castellano que la Reina Juana I la loca concedió a Pedro Fajardo y Chacón, cabeza del poderoso linaje murciano de los Fajardo, en 1507. Esta dignidad de carácter hereditario fue
(Reyes Catolicos)
otorgada en compensación a la incorporación del rico Señorío de Cartagena, propiedad de Don Pedro, a la Corona de Castilla. El Rey Carlos I elevó la merced a la Grandeza de España en 1535, en la persona del II Marqués. Fue ostentado por miembros de la Casa de los Vélez hasta 1713, desde cuando perteneció a diversos linajes hasta que entró a formar parte de la Casa de Medina-Sidonia en 1779.
Origen de la familia
Según las historias genealógicas posteriores, los Fajardo procederían de la localidad gallega de Ortigueira y se habrían trasladado al Reino de Murcia durante la invasión aragonesa de 1296-1304, aunque apellidándose Gallego. No hay datos históricos que avalen esa leyenda.
- El primer miembro de este linaje del que se tiene noticia cierta es Pedro López Fajardo, alcaide de Ceutí y Pliego durante el primer tercio del siglo XIV, que al parecer procedía de las encomiendas santiaguistas de la Corona
- El primer adelantado de la familia fue, en 1383, Alfonso Yáñez Fajardo I, nombrado por Juan I. Superó graves problemas internos en el Reino de Murcia y destacó por su victoria sobre el caudillo granadino Farax ben Reduán, a quien derrotó en el Puerto de la Olivera, así como por la ayuda que prestó a Juan I en tierras portuguesas (1382).
- Tras un paréntesis de 18 años, su hijo, del mismo nombre, Alfonso Yáñez Fajardo II,  ocupó el adelantamiento (1424-1444), quedando el cargo desde entonces como una especie de herencia familiar. Yáñez Fajardo II era hijo de la segunda esposa del adelantado, Teresa Rodríguez de Avilés, pero acabó convirtiéndose en la cabeza del linaje. Fue un esforzado militar en la frontera granadina, destacando las campañas que realizó entre 1433 y 1438. Tomó Xiquena y Tirieza, y fue el primero en conquistar el futuro feudo de su familia en los Vélez, ocupando también varias plazas en el valle del Almanzora. La mayoría de estas conquistas se perdieron a su muerte, a la que siguió un periodo de supremacía militar granadina.
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El ascenso
El ascenso social del linaje Fajardo es característico de la nueva nobleza que surge como apoyo a la dinastía Trastámara y está ligado al desempeño del cargo de Adelantado Mayor del Reino de Murcia y, como tal, a la defensa militar de éste, frontera con el Reino de Granada.
Yáñez Fajardo II contrajo dos matrimonios, el primero con María Rodríguez Mexía, de la que nació el primogénito, Alonso Fajardo, que murió combatiendo en la rambla de Vera (1434). El segundo enlace fue con María de Quesada, de la que nació el primer Pedro Fajardo, abuelo de su homónimo el primer marqués de los Vélez.
- D. Pedro Fajardo Quesada fue el gran adelantado del Reino de Murcia. Ocupó la más alta magistratura murciana durante tres reinados (1444-1482): Juan II, Enrique IV e Isabel la Católica. Durante su minoría, su primo, el famoso Alonso Fajardo «el Bravo», le disputó el adelantamiento. Fajardo el Bravo fue el protagonista de la principal victoria murciana sobre los granadinos en los Alporchones (17 de marzo de 1452), sin embargo acabó derrotado por su primo Pedro en su último bastión de Caravaca (1465), donde escribió a Enrique IV la famosa carta que le ha dado fama. Pedro Fajardo fue el hombre más poderoso del sureste peninsular. Recibió el señorío de Cartagena de manos de Enrique IV, que después restituiría a la Corona a cambio de los Vélez y Cuevas.
El Marquesado.
A partir del siglo XVI, los Fajardo, convertidos en la estirpe más eminente del Reino de Murcia, comenzaron a enlazar familiarmente con la alta nobleza española. A título anecdótico señalar que también pariente lejano de los marqueses de los Vélez fue el famoso escritor y diplomático don Diego Saavedra Fajardo (1584-1648), descendiente de Pedro López Fajardo (¿ 1410), hijo del adelantado Alonso Yáñez Fajardo I. En este siglo vivieron algunos de los marqueses mas destacados:
- D. Pedro Fajardo Chacón (1478? -1546) I marqués de los Vélez. Hijo del matrimonio auspiciado por los Reyes Católicos entre su contador Juan Chacón y Luisa Fajardo Manrique. Guerrero, cortesano, prototipo del indómito noble español del Renacimiento, a la vez que Adelantado de Reino de Murcia, negociante en el mercado de alumbres europeo. Casó tres veces, con su segunda mujer , Mencía de la Cueva, tuvo a su primogénito y heredero, Luis Fajardo. El 12 de julio de 1507 Juana la Loca le otorgó el título de marqués de los Vélez. Tuvo cierta simpatía al levantamiento comunero contra Carlos V. Por ello, en los primeros años de su reinado se mantuvo distante de los intereses de la Corona, aunque, después, poco a poco don Pedro intentó congratularse con ella para ganar sus favores. Su carácter belicoso y la fuerte personalidad del obispo de Almería, don Diego de Villalán, les llevó a enfrentamientos continuos. Los pleitos fueron constantes durante todo el período que coincidieron ambos en el poder , tanto por diferencias en el reparto del cobro de diezmos como por la negativa de don Pedro a costear la construcción de las nuevas iglesias en las villas velezanas.
- D. Luis Fajardo de la Cueva (Murcia, ¿1509?-Vélez Blanco, 1574). II marqués de los Vélez. Recibió una esmerada educación renacentista. Casó en 1526 con Leonor de Córdoba y Zúñiga, hermana del Gran Capitán. En 1535 obtuvo el marquesado de Molina. Colaboró con Carlos V en diversas campañas  militares en Europa y el norte de África. Negoció secretamente con los moriscos para enfrentarlos a la comunidad cristianovieja velezana y mejorar su fuerza frente a éstos. Al mismo tiempo, otorgó mercedes de tierras a familias moriscas para que se establecieran en los Vélez y aumentasen sus rentas. Su enemistad con el duque de Alba le llevó a avivar los pleitos que enfrentaban al concejo velezano con el de Huéscar, señorío de Alba, por sus límites y por los pastos. Durante la guerra de las Alpujarras (1568-1570) organizó un cuerpo de ejército con el que realizó tres campañas militares, rivalizando con el marqués de Mondéjar , capitán general del Reino de Granada.
- D. Pedro Fajardo Córdoba (Vélez Blanco, ca. 1530- Murcia, 1579). III marqués de los Vélez. Heredó el título cinco años antes de morir. Su vida fue la de un alto ejecutivo de la Corte de Felipe II. Consejero de Estado, embajador en Polonia y Alemania, mayordomo mayor de la reina Ana de Austria. Cayó en desgracia en la Corte por su relación con Antonio Pérez y, sobre todo, por su implicación en el asesinato de Escobedo. Enfermo y desengañado de la política de la Corte, falleció cuando se dirigía a sus estados velezanos para tomar posesión del marquesado y refugiarse en ellos. Representa el final de la presencia del señor en el territorio velezano. Es el primer marqués que vivió totalmente distanciado de sus posesiones.
Los Marqueses de los Vélez son considerados la primera casa tanto del Reino de Granada como del Reino de Murcia por haber ostentado su Adelantazgo Mayor y Capitanía general durante más de 350 años. A lo largo de los siglos XIV, XV y XVI, estos cargos les permitieron monopolizar todas las funciones gubernativas, administrativas y militares del Reino, que en épocas posteriores fueron perdiendo para convertirse en títulos meramente representativos. En 1535, el Emperador reconoció la importancia de su linaje otorgándoles la Grandeza de España y un título para sus herederos: el Marquesado de Molina. De este modo, los Fajardo entraron a formar parte del selecto grupo de la primera nobleza, la élite nobiliaria castellana que acaparaba los cargos más importantes del Ejército, la Corte y el gobierno de las colonias. En estos círculos consiguieron entroncar con las principales Casas del Reino mediante alianzas matrimoniales, que garantizaban preeminencia social y enriquecían el mayorazgo a través de las dotes, que generalmente incluían señoríos y propiedades diversas. El matrimonio del III Marqués ejemplifica este aspecto a la perfección, pues desposó a la heredera universal de Don Luis de Requeséns, Mencía de Requeséns, dueña de las ricas baronías de Martorell, Castellví de Rosanes, Molins de Rey y Sant Andreu. En 1693, la jefatura de la Casa de Fajardo se perdió en línea de varón lo que hizo dar un giro a la importancia histórica del Marquesado. A pesar de llevar adjunta la Grandeza de España, el título dejó de ser usado como principal al pertenecer a linajes diferentes, en los cuales primaban sus dignidades tradicionales. Desde entonces, los logros y hazañas de sus titulares se asocian a la Casa de Paternó, a la Casa de Villafranca del Bierzo, tras el matrimonio del VIII Marqués de Villafranca con la Marquesa Catalina Moncada d'Aragona, y posteriormente a la Casa de Medina-Sidonia, una de las principales del Reyno por su grandeza y antigüedad, cuando - recayó sobre José Álvarez de Toledo y Gonzaga, IX Marqués de los Vélez y Villafranca, tras la muerte de su primo, el XIV Duque de Medina-Sidonia, muerto sin descendencia. En esta Casa se encuentra todavía el Marquesado de los Vélez, en la persona de Leoncio González de Gregorio. Su madre Luisa Isabel Álvarez de Toledo y Maura, realizó numerosos acuerdos con los Ayuntamientos del territorio de los Vélez para revitalizar la memoria histórica.
Feudos.
El término jurisdiccional del Marquesado se circunscribe a la actual Comarca de los Vélez, es decir, las villas almerienses de Vélez Rubio, Vélez Blanco, María y Chirivel, junto con los territorios de Albox, Benitagla, Albanchez y Arboleas. No obstante, el enorme patrimonio de los Fajardo en el Reino de Murcia también se incluyó en el mayorazgo de los Vélez, de tal manera que la mayor parte de sus rentas feudales provenían de las posesiones en esta región. Estas eran los señoríos de Mula, Molina Seca, Alhama, Librilla, Oria, Mazarrón y las Cuevas de Almanzora, cada uno de los cuales incluía en sus territorios diversas poblaciones menores, por lo que el Marquesado comprendía alrededor de 114 lugares en las provincias de Murcia, Almería y Granada. El estado feudal de los Vélez estuvo ligado a los Marqueses hasta 1837, cuando se produjo la definitiva abolición del régimen señorial planeada en las Cortes de Cádiz de 1812. Con esto, el XIV Marqués de los Vélez pudo vender la mayor parte de sus propiedades murcianas y solventar numerosas deudas que había contraído. No obstante, algunas propiedades han seguido vinculadas a sus descendientes, no como señoríos sino bajo la denominación de fincas, hasta nuestros días. Este es el caso de El Azaraque en Alhama de Murcia, actualmente propiedad de Don Enrique Falcó, Conde de Elda, o el malogrado Castillo de Vélez-Blanco, recientemente vendido por Don Salvador Ferrandis, Marqués de Valverde.

Fuentes: El Marquesado de Los Velez www.regmurcia.com
El Marquesado de los Velez-Wikipedia

domingo, 12 de enero de 2014

Torres de Albánchez



El origen de la actual población de Torres de Albanchez está en uno de los numerosos castillos-fortaleza que en época islámica poblaban la Sierra de Segura el de la Yedra, en torno al que se aglutinaba en época de peligro las aldeas dispersas por su término.

Las tierras que hoy ocupan Torres de Albanchez pertenecieron al Iqlim de Saqura, dependiente en un primer momento de la Cora de Yayyan (Jaén), y que desde el siglo XI fue un señorío independiente, aunque muy vinculado a la cora de Tudmir (Murcia).

En 1235 fue conquistado por los caballeros de Santiago al mando del maestre Pelay Pérez Correa y pasó a engrosar el extenso señorío de la Orden con sede en Segura de la Sierra. La donación a la Orden por parte de Fernando III está fechada en el mismo año en Malagón, el 1 de mayo.

Tras la conquista la población se trasladó desde el castillo de la Yedra hasta su actual emplazamiento, en el que los cristianos construyeron en el siglo XIV un recinto amurallado El recinto estaba formado por la torre del Homenaje, que aún se mantiene en pie en centro de la población, rodeada por un cinturón de murallas con cuatro cubos macizos. Estos cubos debieron levantarse en el siglo XV debido a los grandes avances en artillería.

Torres de Albanchez experimentó un rápido aumento de población como testimonia la fundación en la localidad de un hospital. El siglo XVI fue una época de expansión económica y social para la localidad, a mediados de la centuria Felipe II le concedió el título de villa independiente de Segura, si bien, mantuvo su ligazón con la Encomienda hasta el siglo XIX

En 1575 fue su comendador el duque de Feria. Torres de Albanchez enviaba a sus procuradores a las reuniones que convocaban en el Monasterio de Nuestra Señora de la Peña en Orcera sobre ordenanzas de montes, que tenían como finalidad guardar, conservar y administrar los montes de Segura. En 1744 se creó la Provincia Marítima de Segura de la Sierra, ocupándose sus montes por el Ministerio de la Marina (que se ocupaba de la gestión de los montes), cuya sede y ministro residían en Orcera.

El origen de la actual población de Torres de Albanchez está en uno de los numerosos castillos-fortaleza que en época islámica poblaban la Sierra de Segura el de la Yedra, en torno al que se aglutinaba en época de peligro las aldeas dispersas por su término. Las tierras que hoy ocupan Torres de Albanchez pertenecieron al Iqlim de Saqura, dependiente en un primer momento de la Cora de Yayyan (Jaén), y que desde el siglo XI fue un señorío independiente, aunque muy vinculado a la cora de Tudmir (Murcia). En 1235 fue conquistado por los caballeros de Santiago al mando del maestre Pelay Pérez Correa y pasó a engrosar el extenso señorío de la Orden con sede en Segura de la Sierra. La donación a la Orden por parte de Fernando III está fechada en el mismo año en Malagón, el 1 de mayo. Tras la conquista la población se trasladó desde el castillo de la Yedra hasta su actual emplazamiento, en el que los cristianos construyeron en el siglo XIV un recinto amurallado El recinto estaba formado por la torre del Homenaje, que aún se mantiene en pie en centro de la población, rodeada por un cinturón de murallas con cuatro cubos macizos. Estos cubos debieron levantarse en el siglo XV debido a los grandes avances en artillería. Torres de Albanchez experimentó un rápido aumento de población como testimonia la fundación en la localidad de un hospital. El siglo XVI fue una época de expansión económica y social para la localidad, a mediados de la centuria Felipe II le concedió el título de villa independiente de Segura, si bien, mantuvo su ligazón con la Encomienda hasta el siglo XIX En 1575 fue su comendador el duque de Feria. Torres de Albanchez enviaba a sus procuradores a las reuniones que convocaban en el Monasterio de Nuestra Señora de la Peña en Orcera sobre ordenanzas de montes, que tenían como finalidad guardar, conservar y administrar los montes de Segura. En 1744 se creó la Provincia Marítima de Segura de la Sierra, ocupándose sus montes por el Ministerio de la Marina (que se ocupaba de la gestión de los montes), cuya sede y ministro residían en Orcera.


martes, 7 de enero de 2014

Zurgena


La población está dividida por el rí­o Almanzora, en su orilla izquierda queda la Alfoquí­a o barrio de la Estación y en la derecha, sobre una colina, la población antigua.
Pocos son los datos que se disponen de la historia de este municipio debido a que se ha perdido el Libro de Apeo y Población. Se conocen algunos topónimos medievales gracias al Censo de Ensenada como: Cañada de Dacebucar, pagos de Calafa, Hamarche, Thamarchete y Alfoquí­a, el caserí­o de Almajalejo, Cucador y Palacés. Muchos de estos son hoy caserí­os diseminados del término municipal: Almajalejo, Cañales, Carasoles, Cucador, Llanos, Los Mencaones, Palacés y Alfoquí­a que se ha transformado en el núcleo de población más importante y moderno del término, así­ como las cortijadas de Fuente del Pino y Lomas del Ganado.
Zurgena fue anejo de Huércal-Overa hasta 1525, desde el punto de vista eclesiástico, en este mismo año Zurgena se erigió en parroquia.

Inundaciones de 1973

El 19 de octubre de 1973, Zurgena está a punto de sufrir una de las mayores catástrofes naturales de su historia. Sobre las once de la mañana comenzó a llover copiosamente, pero nada hacia predecir lo que acontecería en tan sólo tres horas, en tonal fueron 600 litros de agua por metro cuadrado, lo que el cielo descargó ese fatídico día, de los que 420, se registraron en la última hora (entre las 13 y 14h) El caudal y la fuerza del agua que transportaba el Río Almanzora, unida a la que bajaba por los barrancos, era de tal magnitud que nada se resistía a su envite. En el Bajo Almanzora a su paso por Zurgena se llevó todo lo que encontró; cultivos, ganado, viviendas y lo que es peor, la vida de seis de sus vecinos: Julia García Pardo, su esposo Pedro “El Grande” Manuel Jiménez Cañabate, su esposa Dolores Jiménez Muñoz, Ana María López Buenafuente y Carmen Águila Jiménez, sus cuerpos aparecieron: el de julia en Agua Amarga, el de Manuel en Las Negras, Dolores en Villaricos, Ana en Rodalquilar, Carmen en Garrucha y a Pedro se le dio por desaparecido.

El pueblo de Zurgena quedo arrasado, más del 50% de de sus viviendas, locales… se los llevo el agua, con todo su contenido, o los dejo muy dañados.

Algunos de los supervivientes aún sienten escalofríos al recordar ese trágico día, muchas de sus cosas se las llevo la tormenta; documentos, fotos, recuerdos y aún así se consideran afortunados, seis de sus vecinos, nunca, pudieron contarlo.

jueves, 2 de enero de 2014

Villanueva de Tapia





Durante la época Imperial romana el poblamiento de Villanueva de Tapia debió situarse del actual casco urbano, en ambos lados de la carretera MA-214 de Archidona a Iznájar, muy cerca del lugar conocido como “El Nacimiento”. Se han localizado restos de muros de época alto imperial, siglos I-II d.C., formados por piedras locales bien escuadradas, unidas a seco o con barro. La cerámica aparecida es de época alto imperial, se trata de pequeños trozos de terra sigillata decorada con círculos, guirnaldas, motivos animales y humanos.

Una segunda fase, la más representativa, corresponde al bajo imperio, s. IV d.C., con cerámica africanas ornamentadas con palmetas fusiformes, círculos concéntricos, dameros, etc. En ambas etapas aparece tanto vajilla de lujo como cerámica común, vajilla de cocina, doméstica, y grandes cacharros y ánforas. Son muy frecuentes los materiales constructivos tipo tégulas, ladrillos macizos e imbrices, así como restos metálicos y de vidrio.

La cerámica común y los materiales de construcción fueron fabricados en Villanueva de Tapia. Los restos calcinados de tégulas y ladrillos demuestran la existencia de un horno cercano. Según testimonios orales de algunos buenos conocedores del terreno, el horno podría estar un poco más arriba de donde se ha excavado, manifestando incluso la posible existencia de una fundición, por la gran cantidad de metal que aparece.

En este mismo yacimiento hay definido un horizonte cultural medieval, con una hilada de piedra que insinúa una posible estructura de vivienda. En el catálogo de yacimientos arqueológicos del Ministerio de Cultura, realizado por el Departamento de Arqueología de la Diputación Provincial de Málaga, aparecen recogidas dos necrópolis de época medieval. En la Avenida de la Constitución se encontraron restos pertenecientes a un esqueleto humano, sin ajuar ni materiales cerámicos, que podría pertenecer a época medieval.

En un informe arqueológico de la Diputación Provincial de Málaga (Octubre, 1994), se realiza el siguiente Catálogo de Yacimientos de Villanueva de Tapia:
Hoyo de Cabello: Restos de tégulas, imbrices y cerámica común romana, incluyen el yacimiento en este período. Posiblemente se tratase de una necrópolis.
Casco Urbano de Villanueva de Tapia: Yacimiento ya analizado y cuya secuencia cultural corresponde a época romano-medieval.
Molino de los Galeotes: Construcción hidráulica a base de piedras grandes y medianas, bien trabajadas y encuadradas, ligándose con mortero de cal. No se adscribe a ningún momento cultural determinado.
Las Laderas del Aseo: Han aparecido tégulas, ladrillos, imbrices, sigillata y cerámica común romana.

Esta catalogación de yacimientos pone en evidencia la necesidad de una serie de excavaciones arqueológicas sistemáticas que aporten más información sobre la ya demostrada antigua ocupación humana de estas tierras.

El término del entredicho. Hoy en día se sigue llamando popularmente a Villanueva de Tapia como “El Entredicho”. El origen de este nombre se remonta a la finalización de la conquista cristiana de esta zona. Iznájar es tomada en 1410, quedando bajo la jurisdicción de la Casa de Córdoba, y Archidona en 1462, conquistada por D. Pedro Téllez Girón, conde de Ureña y gran maestre de Calatrava, cuyos descendientes serán duques de Osuna. A partir de finales del siglo XV, las dos villas van configurando sus respectivos términos. En estos deslindes surgieron disputas vecinales, pues ambos Concejos pretendían hacerse con estas tierras, ricas en pastos, con un importante bosque mediterráneo y algunas hazas de labor.

Estas tierras quedaron en “entredicho” desde el siglo XVI, según consta en el Archivo Municipal de Iznájar, investigado por Ángel Aroca Lara, fechado en 9 de octubre de 1610, se afirma que Bartolomé García Repullo, de más de ochenta años de edad, vecino de Rute y labrador en Cuevas Altas, declara: “Después de hace setenta años poco más o menos conozco que el término del Entredicho, que está entre las villas de Iznájar y Archidona, fue, hasta 1602, tenido por término común de ambas villas y como tal lo pastaban con sus ganados, en comunidad los vecinos de ambas, y gozaban de los aprovechamientos de él”. Veinticuatro labradores más corroboran como testigos la antigüedad del nombre del Entredicho y la explicación que dan para justificar dicha denominación es: “Por pretender cada una de las dichas villas que era de su término y, por excusar diferencias, estaban convenidas en pastarlo en comunidad”. En el término del Entredicho, desde el siglo XVI, los conflictos se solucionan con acuerdos y pactos. Demostrado el origen del nombre del Entredicho, no dejan de tener una cierta base de los argumentos populares que afirman que esta denominación obedece a que estas tierras siempre han estado en los límites de varias jurisdicciones.

En los años mil quinientos, el paisaje del Entredicho, en sus rasgos estructurales básicos, permanece igual que en la actualidad. El área de los cultivos era muy reducida. Semejaría islotes separados por el bosque de encinas, mayoritario en la zona, en la que también proliferarían los chaparros, quejigos y alcornoques. Los montes estarían mucho menos descarnados, más verdes, con zonas de pastos y mayor cubierta vegetal. El clima era el mismo, aunque durante el siglo XVI hay constatadas alternativas violentas, años de sequía y hambre en todo el sur, a los que seguían años muy lluviosos. Durante la segunda mitad del siglo, las fluctuaciones siguieron siendo acusadas.

Archidona e Iznájar ejercían en la práctica una relación de Señorío sobre el Término del Entredicho, que se concreta en la mencionada “comunidad de pastos”. Los dos Concejos nombraban comisionados para arrendar las tierras del Entredicho, durante uno o varios años, y para el “remate de la bellota”, los maravedís obtenidos se dividían entre las dos villas. Así consta en sendos cabildos celebrados en Archidona en 1591 y 1598. Conejo Ramilo, refiriéndose al Entredicho consideraba que “a finales del siglo XVI todavía no era más que una dehesa”. Más adelante, en 1618 se construyó la iglesia parroquial, lo que nos hace pensar que desde la segunda mitad del siglo XVI tuyo que haber un núcleo de población asentada en el conocido como “Término del Entredicho”. La existencia de un poblamiento medieval abunda en esta hipótesis, que por otro lado, viene apoyada por la lógica de unos arrendatarios ligados a unas labores y a una actividad ganadera, a los que no sería rentable recorrer varios kilómetros para hacer noche en las respectivas villas, en una época de malos caminos y rudimentarios medios de transporte. La existencia se asentamientos diseminados es también muy probable, a algunos cortijos como el del Arroyo del Puerco se le asigna una antigüedad que fecha su construcción a finales del siglo XVI.

En los albores del siglo XVII el número de casas que constituían el término del Entredicho fue creciendo. El pueblo se empieza a sentir sometido a las autoridades de las villas mayores y con frecuencia surgirán problemas. Aroca Lara apunta la cuestión de las talas de árboles y cómo era más fácil obtener licencias en Archidona que en Iznájar. Cada vez serían más frecuentes las disensiones sobre competencias y atribuciones que se contemplarían como abusivas desde la pequeña villa. La Corona para acabar con los continuos conflictos y aliviar a la vez sus arcas, convierte en realengas estas tierras. Esto ocurre el 20 de junio de 1602. Pero los concejos de Archidona e Iznájar continúan explotándolas y repartiéndose los beneficios. La administración municipal llegaba donde aún no lo hacía la del Rey.

Al no ser rentables estas tierras, Felipe III decide venderlas. Produciéndose el fenómeno de “refeudalización”. La Corona ante las acuciantes necesidades económicas de su política exterior recurre a la venta de Señoríos, los términos de las villas y ciudades se desmembraron, creándose municipios nuevos. Éste será el caso del término del Entredicho que es vendido, el 21 de abril de 1603, en doce mil ducados, aunque la confirmación y finalización del acuerdo de vente se produce hasta la Real Cédula de S.M. D. Felipe III dada a 30 octubre de 1605: “Se concedió por una vía de venta y convenio al Licenciado D. Pedro de Tapia para sí y sus sucesores la jurisdicción, concediéndole facultad de nombrar personas que ejerzan la dicha jurisdicción y demás empleos de justicias”. Don Pedro de Tapia no era un militar, sino un jurista, oidor en las Chancillerías de Valladolid y Granada y miembro del Real Consejo de Castilla. Estaba casado con la lojeña Clara del Rosal, conocida por su apellido materno, como Clara de Alarcón. D. Pedro fue además alcaide del castillo de Loja. A partir de él el oficio tiene carácter hereditario, pudiendo nombrar teniente a su cuñado D. Pedro del Rosal Luna y Alarcón, quien había tomado por él posesión en 1601. El Entredicho cambia de nombre para llamarse Villanueva de Tapia. D. Pedro favorecía el asentamiento de nuevos labradores que trabajasen sus recién compradas tierras y la villa registraría un importante crecimiento. Las villas de Archidona e Iznájar consideraban que la jurisdicción que había vendido la Corona les seguía perteneciendo a ello va a dar lugar a numerosos conflictos que podemos clasificar en: 1. La reclamación de los aprovechamientos indebidos, (1605). 2. La crisis de la “comunidad de pastos”, (1609). Las villas de Archidona e Iznájar continúan arrendando las tierras y repartiéndose sus beneficios. Según Aroca Lara, D. Pedro de Tapia y el fiscal del Supremo Consejo, D. Melchor de Molina, demandan justicia al rey, que redacta una serie de cédulas confirmando la posesión de estas tierras a favor de D. Pedro y que dieron como resultado, la creación de una comisión, presidida por D. Pedro Buitrago Aguilera, alcalde mayor de Loja y que según Conejo Ramilo pretendía: “cobrar del Cabildo ciento cuarenta y nueve mil ochocientos cuarenta y nueve maravedís, por concepto de los frutos del partido del Entredicho correspondientes a los años 1602 y siguientes”. En un acta capitular del Archivo de Archidona (3 de julio de 1605), Doña Catalina Enríquez de Rivera, duquesa de Osuna y condesa de Ureña ordena que sea revocada: “la jurisdicción que pretende D. Pedro de Tapia”. Según Aroca Lara las villas demandadas tuvieron que pagar, quedando zanjada la cuestión, en Archidona a 12 de julio de 1605. El segundo gran pleito se produce en 1609, y éste es generado por D. Pedro de Tapia que: “pretende arrogarse el derecho de que los ganados de sus labradores puedan salir a pastar a los términos fronterizos”. La comunidad de pastos era practicada cuando las villas grandes ejercían su dominio sobre amplios términos. Ahora es interpretada como un peligro para la propia soberanía e incluso como una causa de despoblamiento. Este pleito duraría algunos años más, pero hacia 1618, fecha en la que se produce la renuncia del oficio de alcaide del castillo de Loja, del Señor de Villanueva de Tapia a favor de su hijo D. Rodrigo de Tapia del Rosal y Alarcón, la villa que lleva su nombre habría conseguido la separación definitiva. La hija de D. Pedro de Tapia se casará con un Muñoz de Salazar, de Granada, rama familiar que llegará a poseer el Señorío de la nueva villa. D. Rodrigo de Tapia fallece en 1650 sin descendencia, por lo que se origina un largo contencioso entre la familia Del Rosal. En 1684 D. Pedro del Rosal Luna Alarcón y Rojas toma posesión del mayorazgo fundado por D. Pedro de Tapia y su esposa Dña. Clara del Rosal. D. Pedro del Rosal es el nuevo señor de esta villa y respaldado por sus plenos poderes decide cambiar su nombre.