Granada

GRANADA.
No existe población en el mundo occidental, sobre la cual se haya escrito, al mismo tiempo, con tanto rigor histórico y con tanta capacidad de fabulación como es Granada.
Al ser ciudad de larga, profunda y compleja historia, sus orígenes se hunden en la más remota memoria, mezclándose, desde entonces, con apasionantes leyendas que quieren unir su fundación al nombre unos de una hija de Noé, llamada Grana o a otra doncella, de nombre Granata, que acaso fuese hija del mismísimo Hércules.
Henríquez de Jonquera, cuyo rigor histórico, como es de suponer, se funde con el legendario, nos dice que plantificado en España Tubal con sus hijos y familias, fundó la ciudad de Granada, dándole leyes en prosa y versos, música y astronomía y repartimiento de los días, meses y años y tuvieron principio en ésta las Ciencias y Leyes y Artes, ochocientos años antes que en Grecia… Mas dejando a un lado todas aquellas narraciones; a las que no son ajenas, tampoco, los nombres de los hijos de Nabucodonosor y los judíos huidos de Jerusalén, en la que fuese la primera de las diásporas del Pueblo elegido de Dios; lo que es la historia, rigurosa y; por ello; veraz, nada sabe con certera claridad del origen y la fundación de la Ciudad de Granada. Sí es cierto que su primer asentamiento hubo de hacerse por los túrdulos, tribu ibérica de las más cultas y avanzadas de las existentes en el sur de la península, para convertirse luego, en torno al siglo V anterior a nuestra era, en una población cuya importancia la hizo disponer de ceca en la que se acuñaron monedas.
(arco de los franceses)
Tras la expansión del Imperio Romano fue conocida; según ejemplares numismáticos arqueológicos; y entre otros; con los nombres de Iliberi. O Ilíberis, así hasta que en los siglos I y II aparece en inscripciones y también en monedas, como Florentia o Municipiun Florentium Iliberitanum, ya con las prerrogativas políticas y sociales de municipio romano y evocando con su nombre el fertilísimo valle o vega deliciosa en la que se encuentra enclavada. Parece que los primeros núcleos de población, en opinión de Gallego Burín, debieron estar por la parte que actualmente se conoce como barrio de El Realejo, donde se asentaron los judíos y por toda la ladera del Albaycín, que se derrama hacia el río Darro, parte ésta que ocuparon los romanos a juzgar por los numerosos restos hallados; muchos de ellos conservados en el Museo Arqueológico Provincial; tales como pavimentos de vías romanas, piezas de cerámica, capiteles, columnas y trozos de estatuas, cimentaciones de edificios e incluso enterramientos, siendo esta última parte de la geografía urbana granadina donde estuvo el Foro de Ilíberis y la primitiva Basílica cristiana.
Ciertamente el Cristianismo llegó a estas tierras muy temprano, mediado el primer siglo y en torno a la figura de San Cecilio –actual Patrón de la Ciudad- que, junto a otros seis discípulos de San Pedro, vinieron a la península para divulgar el Evangelio. San Cecilio fundó la primera silla episcopal de Granada y murió martirizado en la segunda persecución de Domiciano, no sin antes cristianizar a muchos habitantes, no sólo de la ciudad, sino también de otras tierras cercanas, auxiliado por otros discípulos que hicieron levantar iglesias en distintas poblaciones, dejando instaurada la fe de Cristo, que permanece y se expande hasta después de la invasión musulmana de la ciudad en el año 712 y hasta 1099 en que queda arrasado todo vestigio de cristianismo, cuando los almorávides derrumban la última iglesia cristiana que se había levantado cerca de la explanada del Triunfo. Al inicio del siglo IV se celebra el Concilio de Elvira o de Granada, en el que se reúnen los obispos de Hispania, siendo uno de los más importantes del mundo cristiano, ya que en él, Osio, Obispo de Córdoba y profundo teólogo, propone el texto del actual Credo, que ha permanecido casi invariable hasta nuestros días.
En ese mismo siglo vivió San Gregorio Bético, profundo teólogo y Obispo de Granada. Muy poca memoria se conserva de la Granada bajo el dominio de los visigodos, si no son sus apariciones en piezas numismáticas o inscripciones en medallas de distintos reyes, en las que se le hace alusión con el nombre de Pius Eliberri y otros muy parecidos. Asimismo se sabe que entre los siglos VI y VII, se consagraron en Granada las iglesias –hoy inexistentes- de San Juan, San Vicente Mártir y San Esteban. Sin embargo –y siguiendo la opinión de Gallego Burín- Granada experimenta en esta parte de la Edad Media una importante transformación, al constituirse en ciudad amurallada en torno al antiguo alcázar, por encima del Albaycín, transformación militar que poco hubo de durar pues, tras la invasión musulmana, en el 711, Tariq envió a Granada un ejército que, manu militari, sometió la ciudad un año después, quedando presa y botín de las fuerzas invasoras, así como las distintas poblaciones cercanas, especialmente la de Elvira –al pie de la sierra del mismo nombre- que había adquirido gran importancia, confirmada por los musulmanes durante los primeros años de la dominación, primándola sobre la misma Granada, a la que, sin embargo, fueron concediéndole, paulatinamente, mayor importancia, por su soberbio emplazamiento, al contar con inestimables defensas naturales y rodeada de la exuberante vega, que facilitaba los abastecimientos en cualquier circunstancia.
 El gobernador de Elvira, Abd al-Rahman al-Xaybani, mandó reconstruir la antigua alcazaba sobre el Albaycín y por ese mismo tiempo hubieron de reconstruirse, también, las Torres Bermejas y la Alcazaba de la Alhambra. Poco a poco y en el devenir de los años, Granada se fue perfilando como el importante núcleo urbano que, junto a Córdoba y Sevilla, formó, entonces, la trilogía de ciudades más importantes de todo el sur peninsular y aún de la península ibérica entera. En el año 1013 y aún dependiente feudalmente del Califato de Córdoba, el noble musulmán Zawi-ben-Ziri fundó el primitivo Reino de Granada, constituyéndose en el primer rey de la dinastía Zirí, gobernando este reino desde la Alcazaba Cadima, situada, como se ha dicho, sobre el actual Albaycín y mandando levantar su palacio en medio de una zona fuertemente amurallada y sobre el solar que, luego, desaparecido, ocupó la antigua Casa de la Lona o gran fábrica de velas náuticas, con las que, desde Granada se surtió, ya en tiempos cristianos de nuevo, toda la armada y la marina mercante de España, hasta el siglo XIX.
Después de 150 años de guerras con almorávides y luego con almohades, se produjo la instauración de la dinastía Nazarí, fundada por el rey Abu-Abdallá Mohámed Ibn al-ahmar Ibn-Nasr, que vivió de 1238 a 1273. Desde ese momento se dio comienzo a las sucesivas y magníficas edificaciones que, poco a poco, rey tras rey de esta misma dinastía –y luego con los posteriores cristianos- transformaron y convirtieron Granada en la ciudad formidable, en la urbe extraordinaria que hoy es y en la que, desde entonces -en palabras de Gallego Burín- el paisaje y monumentos formaron unidad tan armónica e indestructible, que el perfil que de ella dibujaron los nazaríes puede decirse que, en sus líneas esenciales, es el mismo que ha llegado hasta nosotros. Al otro lado del río Darro, en la elevada colina de enfrente de la del Albaycín, que los musulmanes llamaron Sabika, dominando toda la feraz vega de Granada y teniendo al sur como fondo excepcional las altas cumbres de Sierra Nevada, los reyes nazaríes levantaron el más prodigioso conjunto de palacios orientales y jardines que, rodeados de potentísimas fortificaciones dotadas de decenas de altas y poderosas torres, constituyeron la extraordinaria ciudadela palaciega de la Alhambra.
Asombro de Oriente y Occidente, motivo de inspiración de toda clase de artistas en el devenir de los siglos. Toda la ciudad de Granada fue llenándose, en sus distintos barrios, conformados por una especialísima fisonomía urbanística, de infinitos laberintos de estrechas callejas y plazuelas, de bellas casas palaciegas en las que era esencial el agua en las fuentes y los estanques, los patios y los jardines. En esta ciudad florecieron las ciencias, las letras y las artes y se constituyó, desde la desaparición del Califato Omeya de Córdoba, en luz del mundo culto, siendo meta anhelada de viajeros de todos los lugares que hasta ella llegaban, quedando embargados por su belleza y asombrados por lo gentil de sus gentes. Casi dos siglos y medio permaneció Granada bajo el reinado de los Nazaríes, sobre lo que se han escrito centenares de millares de páginas que describen una ciudad, no sólo llena de palacios y jardines, sino también de mezquitas, baños, centros de estudios, madrazas y hospitales, en medio de una vida ciudadana en la que coexistieron durante mucho tiempo en libertad completa y armonía los judíos, que tuvieron gran privanza en las cortes de los reyes ziríes y nazaríes, viviendo en un ambiente de completa armonía, alcanzando, especialmente en las ciencias y en las letras, cotas tan elevadas, que las sinagogas y las escuelas talmúdicas y escriturarias granadinas, fueron de tal fama en el mundo oriental e incluso en el cristiano europeo que Granada fue conocida, asimismo, con el nombre de Garnata al Yahud o Granada de los judíos.
Ellos intervinieron, decisivamente, en la política, en las finanzas, en las obras públicas y en las bellas artes del reino de Granada. En esta ciudad nació y vivió el gran Mosé ben Yaaqob ibn Ezra, autor de más de quinientos poemas profanos y religiosos, como el maravilloso Libro del collar, con cerca de mil doscientos versos de una belleza conmovedora. Ibn Ezra, junto al malagueño Ibn Gabirol y el cordobés Yehudá ha-Leví representó la más alta poesía hebraicoespañola –y aún arábicoespañola- de la Edad Media, cuyas influencias literarias han llegado hasta la poesía española más actual. Con las cortes nazaríes, el reino de Granada alcanzó los mayores brillos y la mayor de sus sombras, que no fue otra que la pérdida del mismo. Efectivamente, el 2 de enero de 1492, la ciudad fue entregada a los Reyes Católicos, Isabel I de Castilla y Fernando V de Aragón, los que tomaron posesión de Granada, cerrándose así casi ocho siglos de guerras con los fronterizos reinos cristianos del norte.
Es a partir de ese momento cuando Granada, ciudad cantada por poetas y relatada en mil y una leyendas y romances que corrieron por toda Europa, se convierte en meta de viajeros de todo el mundo occidental, de gentes de todos los antiguos reinos de la península, que llegaron unos por la enorme curiosidad de conocer tierras vedadas hasta entonces, otros, soldados de fortuna, mercaderes, artesanos, artistas, poetas, arquitectos, sabios teólogos y filósofos, de forma que la población de la ciudad aumentó hasta casi el medio millón de almas. Se transfiguró en una ciudad bulliciosa y animada en la que los reyes cristianos mandaron levantar grandes y artísticas edificaciones, coincidiendo con el comienzo del renacimiento en los reinos españoles. Avatares de la historia, a los que no fue nada ajeno el descubrimiento del Nuevo Mundo por Cristóbal Colón –que había firmado las Capitulaciones previas con la Reina Isabel en la cercana población de Santafé- distrajeron la atención hacia Sevilla, que se convirtió, por aquel motivo, en la más importante urbe de Andalucía, siguiendo aún Granada siendo capital de su mismo nombre y ciudad clave entre culturas orientales y occidentales y germen del descubrimiento de América, de ahí la dimensión universal de esta ciudad, cuya historia está preñada de pasado común para las más diversas gentes del mundo.
 Desde el inicio de la construcción de la catedral granadina –primera renacentista de España- y posteriormente del palacio de Carlos V; dentro del recinto de La Alhambra; la fiebre constructora y artística fue extraordinaria y sin precedentes temporales. A Granada acudieron; además de las más importantes casas nobles de España, que en ella hicieron construir sus palacios o reconvirtieron antiguas casonas moriscas; casi todas las órdenes religiosas que fundaron decenas de conventos e iglesias, o adaptaron antiguas mezquitas; en los que fue interviniendo toda una pléyade de artistas, arquitectos, pintores, escultores y escritores, siendo también tierra de sabios y santos, que, en el devenir del tiempo, constituyeron la Escuela Barroca Granadina, nacida del más puro renacimiento y que convirtieron a la ciudad en un verdadero cofre de tesoros artísticos e históricos. Todo ello unido a la fundación de la Universidad, por el Emperador Carlos, a la que acudieron los más ilustres maestros de media Europa, le imprimieron, para siempre, un carácter de ciudad artística y culta con renombre universal.
Fuente:Ayuntamiento de Granada/historia de Granada
Granada,Edad Antigua.
Los restos más antiguos que se han excavado en la ciudad de Granada se han datado hacia la mitad del siglo VII a. C. y corresponden a habitaciones pertenecientes a un oppidum íbero denominado Ilturir. No se tiene constancia de asentamientos anteriores a esta época, aunque en las cercanías existieron poblados de importancia como lo fue el asentamiento argárico del Cerro de la Encina, en Monachil, a unos 7 km hacia el este, que fue abandonado hacia el año 1200 a. C.; o el de final de la Edad del Bronce, del Cerro de los Infantes, en Pinos Puente, a unos 10 km al oeste, fechado entre el 800 y el 700 a. C. y que, posteriormente, continuó siendo un poblado con el nombre de "Ilurco". Ilturir ocupaba unas 5 ha en la cima de la colina de San Nicolás, en la margen derecha del río Darro, justo donde enfila la vega del río Genil.
Estaba rodeada de una muralla que, en el siglo VI a. C., se amplió como consecuencia del crecimiento poblacional. En el siglo IV o III a. C., pasó a ser conocida por el nombre de Iliberri y quedó incluida en el área controlada por los bastetanos y, desde una perspectiva más económica que militar, por los cartagineses. La derrota definitiva de Cartago en la Segunda Guerra Púnica abrió las puertas de la ciudad a los romanos. Algunos autores indican, basándose en Tito Livio, que las tropas de Emilio Paulo fueron derrotadas en Ilurco, hacia el año 190 a. C., antes de que Tiberio Sempronio Graco conquistara toda la zona, hacia 180 a. C. No obstante, parece más bien que la sumisión a Roma se produjo como consecuencia de un pacto o acuerdo. Ilíberis, incluida en la Hispania Ulterior, obtuvo de César el título de municipio, con el nombre de "Municipium Florentinum Iliberitanum", de forma que las fuentes romanas de los siglos siguientes la citan casi siempre como "Florentia". Más tarde quedó englobada en la Bética y, finalmente, hacia el siglo I d. C., incorporada al Conventus Astigitanus.
Para algunos autores, se trató de una ciudad de gran relevancia. Sin embargo, las excavaciones arqueológicas no han convalidado este carácter de ciudad importante, que dio tres senadores y un cónsul a Roma, además de ser sede de un Concilio cristiano, alrededor del año 304 d. C. En cualquier caso, debió quedar arruinada en algún momento de la Alta Edad Media, pues a comienzos del siglo VIII, el solar se encontraba despoblado.
Edad Media.
Al menos desde los tiempos de la creación del Emirato de Córdoba y hasta la caída del Califato, es decir, entre los siglos VIII y XI, el solar de la actual ciudad de Granada estuvo deshabitado, permaneciendo solamente los restos del oppidum ibérico, usado como fortaleza ("hisn") en los tiempos de la Rebelión de los muladíes (siglo IX). Algunos autores consideran que pudo subsistir algún pequeño núcleo o alquería alrededor de "Hisn Garnata", nombre con el que se conoció en época musulmana a la antigua Ilíberis. En cualquier caso, la ciudad importante en el período 712-1012, fue la vecina "Madinat Ilbira", unos 10 km al oeste, que llegó a ser la capital de la Cora de Elvira y una de las ciudades más importantes de al-Ándalus. Las turbulencias que originaron la formación de los Reinos de Taifas dieron el trono del de Granada a los Ziríes. El primero de ellos, Zawi ben Ziri, fundó la nueva ciudad de Madinat Garnata en 1013, alrededor del castillo existente, abandonando Medina Elvira, que quedó despoblada alrededor del 1020, y arruinada. A partir de entonces, la Granada musulmana, tuvo tres fases claras de evolución:
Época zirí.- La zona que inicialmente se ocupó, de forma intensiva, es la situada en el centro del actual barrio del Albaicín, conocida como Alcazaba Cadima (al-Qasba Qadima). Para finales del siglo XI, ya estaba urbanizada la mayor parte de la colina, rodeada por una muralla que aún subsiste en buena medida embutida parcialmente en el caserío urbano. La ciudad zirí tenía una extensión de 75 ha y unas 4.400 casas repartidas en varios barrios situados en la colina del Albaicín.
Época bereber.- La estructura urbana de la ciudad se modificó escasamente en el largo periodo de dominación de los almorávides y los almohades (1090-1269). Del análisis que de las fuentes árabes han hecho diversos autores se desprende que en época almorávide se amplió el recinto amurallado, abriéndose puertas como el Arco de las Pesas y Bib-Albunaida (Puerta Monaita), ambas aún en pie; también corresponde a ésta época la desaparecida Bib-Alfajjarin, o de los Alfareros, y el castillo conocido como Torres Bermejas. Los almohades dejaron edificios de interés, como el Alcázar Genil, y amurallaron los arrabales del este, donde hoy está el barrio del Realejo.
Época nazarí.- La creación del Reino de Granada, impulsó el crecimiento y la riqueza de la ciudad, amurallándose los arrabales del Albaicín, y levantándose la ciudad palatina de la Alhambra. Su construcción se inició por el rey Alhamar, aprovechando la existencia de una antigua fortaleza zirí. Su hijo, Muhammad II erigió la mayor parte de las zonas palaciegas, y para el comienzo del siglo XIV, existía ya una medina, con comercios, viviendas privadas y edificios comunitarios. La mezquita real (megit sultani) fue edificada por Muhammad III y, para entonces, Madinat al-Hamra era ya un verdadero núcleo urbano. La ciudad nazarí, quedó organizada en seis distritos amurallados, comunicados entre sí por puertas que se cerraban durante la noche, y cada uno de ellos, dividido en barrios de diferentes tamaños y carácter.
La ciudad permanecerá con esta estructura, hasta el siglo XVI, tras la conquista de Granada por los Reyes Católicos, en 1492, aunque los once años que siguieron a la entrega de la ciudad, generaron cambios que acabarían por modificar de forma importante su carácter.
El trànsito del reino nazarì a Castilla.
A pesar de que, en 1491, un poderoso ejército castellano, que ya había sojuzgado casi todo el territorio nazarí en los cuatro años anteriores, penetra en la Vega de Granada y pone sitio a la ciudad, ésta no cayó como consecuencia de un enfrentamiento entre ambos ejércitos, sino mediante un proceso de negociación que culminó el 25 de noviembre de ese mismo año, con la firma en Santa Fe de las correspondientes Capitulaciones, en las que se pactó un plazo de dos meses para la entrega de la ciudad, aunque finalmente ese plazo no se agotó y la rendición se produjo el 2 de enero de 1492. Las capitulaciones eran muy generosas para los granadinos: Podían seguir practicando libre y públicamente su religión, se respetarían sus propiedades y se mantendría la vigencia del derecho islámico en litigios entre muslimes, creándose la figura de jueces mixtos cuando se tratase de litigios con cristianos.
Se creó además un "ayuntamiento musulmán", y se previeron franquicias fiscales por tres años. Además, los reyes nombraron primer arzobispo de Granada a Hernando de Talavera, confesor de la reina Isabel y hombre moderado y con alta estima de la calidad moral de los vencidos. Sin embargo, cuando en 1499 la Corte se instala temporalmente en Granada, muchos se escandalizaron de la pervivencia del Islam y de que la población asistiera masivamente a las mezquitas. El nuevo confesor de la reina, fray Francisco Jiménez de Cisneros, arzobispo de Toledo, inició una dura campaña de conversiones forzosas, con confiscación y quema de libros, encarcelamiento de alfaquíes y procesos inquisitoriales. Se realizaron conversiones masivas, aunque ello no disminuyó la presión sobre la población granadina pues, como relataba Diego Hurtado de Mendoza en el primer tercio del siglo XVI, "los cristianos nuevos, gente sin lengua y sin favor, encogida y mostrada a servir, veían condenarse, quitar o partir las haciendas que habían poseído, comprado o heredado de sus abuelos, sin ser oídos". Esta política generó graves revueltas en el Albaicín, especialmente tras la conversión por Cisneros de mezquitas en iglesias, que se extendieron a otras zonas del reino, y que fueron sangrientamente reprimidas (1499-1501). Los Reyes Católicos aprovecharon estos hechos para declarar nulas las Capitulaciones y ordenar una primera expulsión de moriscos y la reclusión de los restantes en un "gueto" situado en Bib-Rambl
Edad Moderna.
Todos los viajeros y eruditos que visitaron Granada en el paso de siglo (del XV al XVI), mostraron admiración por sus edificios, especialmente los reyes Juana la Loca y Carlos V, quienes invirtieron grandes sumas en el mantenimiento y arreglo de la Alhambra y de otros edificios de interés, lo que facilitó la pervivencia de esta arquitectura. Pero ello no obstó para que, desde un primer momento, se desarrollara una política urbanística de afirmación del nuevo poder, levantando edificios de gran relevancia en los espacios más representativos de la ciudad musulmana: La Capilla Real, mediante cédula de 1504, en la que se depositaron los cuerpos de los reyes Isabel y Fernando, en 1521; El Hospital Real, iniciado en 1511; la Catedral, planteada en 1523; el Palacio de Carlos V, en plena Alhambra, acordado por el Emperador en 1526; la Chancillería, comenzada en 1531; etc. Su carácter claramente musulmán generó pronto una animadversión hacia su aspecto urbano, comenzando las autoridades castellanas a considerarse en la obligación de transformarlo para resolver los supuestos problemas derivados de esa situación.
Así, en 1565, Felipe II llegó a calificar en numerosas ocasiones como "peligroso" al Albaicín, y dio instrucciones en ese sentido al corregidor local. Este afán por extirpar el islam de la nueva ciudad, llevó a ir demoliendo las principales mezquitas: "Ibn Gimara" en 1521, la de la Antequeruela en 1540, la de la Alhambra en 1576... o transformándolas en iglesias cristianas. A la vez, se produjo una "castellanización" de la trama urbana, ensanchando calles, eliminando cementerios y fundando conventos. Se abren o reforman, a la vez, grandes plazas: Bib-Rambla, Campo del Príncipe (1513), Plaza Nueva (antigua "Hatabin", 1515)... Bernard Vincent indica que, en el XVI, Granada era una ciudad en obras, conforme a un vasto programa de cambio, impulsado desde la monarquía de los Austrias.
Inicialmente, el Albaicín quedó fuera de esta política de transformación, pero como consecuencia de la sublevación de los moriscos (1568), que fue iniciada desde el corazón del barrio, la población del mismo fue expulsada masivamente y, con ello, se produjo el abandono de viviendas, comercios y otros edificios, con lo que el barrio entró en un acelerado proceso de ruina (agravado por la rapiña de las tropas y las fuertes tormentas de 1580), que lo hizo pasar de los 30 000 habitantes de 1560 a los apenas 5000 censados en 1620. Fue, precisamente, en el siglo XVII cuando el Albaicín adquirió la imagen tradicional que ha perdurado hasta hoy, con cármenes, huertas y hábitat poco denso.
Tras esta época de grandes cambios, la ciudad no sufrió modificaciones importantes en su imagen y estructura desde mediados del siglo XVI hasta mediados del XIX. Ello se explica por el fuerte declive que sufrió en la primera mitad de este periodo, tanto económica como socialmente, incapaz de resarcirse de la pérdida que supuso la castellanización (que afectó a actividades como la seda, o los cultivos de regadío) y la expulsión de los moriscos, además de una larga serie de catástrofes naturales (inundaciones, terremotos, etc.) y epidemias, especialmente de tifus. Así, la población descendió desde los casi 70 000 habitantes calculados para el primer tercio del siglo XVI, hasta los apenas 39 000 del censo de 1718. A lo largo del siglo XVII se originaron una serie de algaradas y "motines de subsistencia" debido a su mala situación económica, siendo los más graves los de 1648. Tanto censo como economía se recuperan durante el siglo XVIII, básicamente como consecuencia de una fuerte disminución de la tasa de mortalidad y por la inmigración desde el resto de España, lo que se manifiesta en su importante legado barroco, llegándose a superar los 50 000 habitantes hacia 1752, según el Catastro de Ensenada, cifra que ya permanecerá estable mucho tiempo. Como consecuencia, en esta última mitad del siglo XVIII se realizaron importantes obras urbanas: los paseos de la Bomba y del Salón, el Paseo del Violón, todos ellos junto al río Genil y la plaza de toros del Triunfo (1768). También se produjeron demoliciones de edificios emblemáticos, como el castillo de Bibataubín, o la propia Puerta Real (1790).
Edad Contenporànea.
sigloXIX.
La llegada del siglo XIX encontró una ciudad sacralizada, conventual y burocrática, sede de la Real Chancillería, con Universidad y un amplio estamento militar, lo que suponía la estancia temporal de numerosas personas, potenciando el sector servicios, el comercio y la artesanía. Además, la productividad agrícola de su vega la había convertido en una de las ciudades con renta más alta de España. De hecho Granada era entonces la tercera capital en votos a las Cortes. El clero, especialmente el clero regular, tenía un gran peso económico en la ciudad, en parte por sus grandes posesiones, en parte por sus actividades, que incluían la regencia de varias hospederías. La estructura urbana seguía manteniendo un carácter medieval, al menos en los barrios intramuros, y se conservaba aún buena parte del caserío de época musulmana, lo que la hacía una ciudad pintoresca pero insalubre. A finales del siglo XVIII se había producido un gran desarrollo de las industrias complementarias de los cultivos de la seda, el lino y el cáñamo que produjo un fuerte crecimiento económico. Pero ya a comienzos del nuevo siglo, este mercado comenzó a decrecer, en parte como consecuencia de la alianza de España con Francia en su guerra contra Inglaterra y posterior derrota de la armada franco-española en la batalla de Trafalgar (1805), que acabó por cerrar el mercado inglés, principal destino de las hilazas granadinas. El 28 de enero de 1810 las tropas francesas con el general Sebastiani al frente ocuparon Granada, permaneciendo en ella hasta el 16 de septiembre de 1812. Este breve período supuso una grave carga económica, debido a las innumerables obras de fortificación que Sebastiani, primero, y Leval, después, hicieron en los alrededores de la Alhambra y el Castillo de Santa Elena. También desarrollaron algunas obras urbanas como el ajardinamiento de los Paseos del Salón y la Bomba y el Puente Verde sobre el río Genil, situado al final de aquellos, aunque para levantar éste desmocharon la torre del Monasterio de San Jerónimo, además de finalizar e inaugurar el Teatro de Napoleón (después, Cervantes). Antes de abandonar la ciudad, destruyeron varias torres de las murallas de la Alhambra y otros edificios que tenían uso militar.
Toda la primera mitad del siglo XIX fue una época de declive económico, estancamiento demográfico y deterioro del caserío urbano, lo que agravó los problemas endémicos de salubridad. A ello se sumó la pérdida de peso político y burocrático (p.ej. la Chancillería pierde su condición de tal y pasa a ser una Audiencia, que abarca sólo a cuatro provincias). Las sucesivas desamortizaciones no contribuyeron a mejorar la situación, impulsando, por el contrario, un proceso de destrucción del patrimonio histórico de proporciones hasta entonces desconocidas. A partir del reinado de Isabel II el objetivo de las instituciones fue la "modernización" de la ciudad, la mejora de sus condiciones de salubridad y la renovación del caserío. El inesperado auge económico que en las últimas décadas del siglo XIX supusieron las azucareras de remolacha, la primera de las cuales se instaló en 1868,junto con la incorporación de Granada a la red de ferrocarriles, facilitaron esta labor impulsando el comercio y abriendo nuevas calles de formato moderno: embovedado del río Darro, creando así la calle Reyes Católicos; apertura de la Gran Vía de Colón (demoliendo numeroso caserío de origen musulmán, incluyendo el Palacio de Cetti Meriem); derribo del antiguo Zacatín, etc. Así, Granada adquirió una imagen burguesa y modernizada, aunque a costa de mermar su patrimonio. El profesor Gaya Nuño, dijo que "Granada era una de las dos ciudades de España que más pérdidas había sufrido en su patrimonio histórico, junto con la ciudad de Zaragoza".
Siglo XX.
Al comienzo del siglo XX Granada estaba situada en una buena posición social y económica dentro de España, con una economía en crecimiento basada sobre todo en la remolacha y con perspectivas de industrialización importantes. Este proceso se mantuvo, al menos, durante el primer tercio de siglo. El crecimiento demográfico se aceleró a partir de 1900 (75 900 habitantes, en ese censo, 103 368 en el censo de 1920, 155 405, en 1940); doblándose la población en pocos años, tanto de la ciudad, como de los pueblos de su cinturón. Este proceso fue paralelo al desarrollo de corrientes regeneracionistas, aunque sobre una estructura política encorsetada, fuertemente caciquil e incapaz de aprovechar todos estos factores, controlada por un grupo poco permeable de "representantes en Cortes" compuesto básicamente por terratenientes y algunos profesionales, sobre todo catedráticos de la Universidad y abogados. En este período, partidos como el PSOE y el Partido Republicano Autónomo de Granada consiguieron aglutinar a una parte importante de la población que será decisiva en las Elecciones municipales del 12 de abril de 1931, consiguiendo conjuntamente 30 de los 45 puestos en disputa.
En el primer periodo de la II República la ciudad fue gobernada por socialistas y republicanos autónomos, aunque éstos se disgregaron como partido en 1932. Parte de éstos se integraron en el Partido Radical que creció en votos hasta igualar a los socialistas en 1933. Este período (1931-1933) fue socialmente conflictivo en la ciudad, con numerosos disturbios y choques callejeros protagonizados especialmente por trabajadores del sector azucarero que fue muy activo.73 Se reforzaron también, de cara a las elecciones de 1933, las posiciones conservadoras de Acción Popular y la Unión de Derechas que, después de ganar las elecciones generales junto con los radicales, gobernaron el ayuntamiento a través de una Comisión Gestora tras destituir en pleno a la anterior corporación. En el periodo 1933-1936 el Partido Radical quedó prácticamente desaparecido en Granada y la conflictividad social creció; sin embargo las elecciones de ese año, inicialmente, las volvieron a ganar las derechas, aunque con un cúmulo tan grande de irregularidades que las protestas socialistas modificaron los resultados.74 El estallido de la guerra civil dejó a Granada como zona sublevada aislada entre zonas controladas por el gobierno republicano, lo que dio lugar, sobre todo en los primeros meses, a un gran número de detenciones y ajusticiamientos políticos (García Lorca entre ellos): 3969 personas fueron fusiladas entre 1936 y 1956 en las tapias del cementerio granadino.75 Durante la guerra, el ayuntamiento acometió un ambicioso "Plan de Reforma y Ensanche" de la ciudad, activado especialmente a partir de 1938, con la llegada a la alcaldía de Antonio Gallego Burín que supuso un adecentamiento de gran número de edificios y zonas de la ciudad pero también la desaparición de barrios enteros, como La Manigua, donde se abrió la actual calle Ángel Ganivet.76
Buena parte de la conflictividad social del periodo republicano estuvo originada por la fuerte crisis económica que, en Granada, supuso la caída del sector azucarero que llegó a tener en la ciudad un carácter especialmente grave. En 1926 se desmontó la primera de las fábricas (la de Santa Juliana) siguiéndole las demás hasta que, hacia 1940, acabaron por cerrar las últimas aún en funcionamiento dando por terminado un ciclo expansivo que no tuvo ya alternativa económica. Así pues el grave impacto de la guerra, sumado a la pérdida del tejido industrial y a la exclusión de Granada de las zonas apoyadas por la Ley de Protección de la Industria Nacional de 1939, dieron lugar a que la ciudad se estancara económicamente y retrocediera en su demografía, especialmente como consecuencia de la emigración, quedando descolgada del desarrollo que se dio en España a partir de finales de la década de 1950. En la posguerra Granada cayó en los índices de renta a los últimos lugares del país y se constituyó, básicamente, como una ciudad burocrática y universitaria. Solo en el último tercio del siglo se desarrolló un potente sector terciario gracias al turismo. En cualquier caso el desarrollismo de los años sesenta y setenta modificará de forma importante la imagen de la ciudad, que avanzará sobre la vega y reformará su estructura interna continuando de alguna forma la política del último siglo, demoliendo caserío antiguo para ampliar las calles por la presión del tráfico urbano. El 19 de abril de 1956 sucedió el segundo terremoto más importante en la historia de la capital, conocido con los años como el terremoto de Albolote.
Etapa democràtica reciente.
El 3 de abril de 1979 se celebraron en toda España las primeras elecciones municipales democráticas y cuatro partidos políticos obtuvieron representación en Granada: UCD, PSOE, PCE y PSA; ninguno obtuvo votos suficientes para gobernar en solitario por lo que se aliaron PSOE, PCE y PSA, y el pleno municipal eligió como alcalde al concejal socialista Antonio Jara Andréu. La política urbanística de ésta y siguientes corporaciones municipales apenas varió de las anteriores con planeamientos dirigidos a "modernizar" la ciudad como cabeza de un área metropolitana, la primera en plantearse en Andalucía, que abarcaba 33 municipios. Sin embargo, el principal objetivo era solucionar el grave problema de infraestructuras de comunicación, tanto por ferrocarril como por carretera, que habían aislado a Granada desde mediados del siglo XX. "Este aislamiento, marcó de forma decisiva la estructura social y productiva, la propia cultura urbana de Granada que no sólo se ha vista aislada, sino que se ha sentido relativamente agraviada y marginada frente al mayor desarrollo e inversiones concentradas en otros puntos de Andalucía" Por ello ha sido básica la paulatina mejora de las infraestructuras y la residencia en la ciudad de instituciones de nivel autonómico. En 1989 se constituyó el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, con sede en la ciudad de Granada, aunque alguna de sus salas están ubicadas en Sevilla y Málaga.
En los noventa se mejoraron las comunicaciones terrestres al construirse autovías con Almería, Jaén, Málaga y Sevilla y al facilitarse las salidas hacia Madrid y Valencia. La actuación se completó con la conversión en autovía de la carretera hasta la costa (A-44) que da salida al puerto de Motril. También se desarrolló el carácter de ciudad cultural que siempre ha intentado consolidar Granada. Así, en mayo de 1995, se inauguró el Parque de las Ciencias, el primer museo interactivo del sur de España. Este museo permite un acercamiento lúdico a la cultura científica y durante el periodo escolar es visitado por miles de escolares.
Fuente:Wikipedia-Historia de Granada