sábado, 30 de noviembre de 2013

Almuñecar



La historia de Almuñécar se inicia hacia 1500 a. de C. donde hallamos asentados unos poblados de la Cultura Orgánica sobre colinas cercanas a la ciudad actual, caso de la colina del Instituto (Puente de Noy) y cerro de Velilla, basados en una economía agropecuaria y el conocimiento de la metalurgia del cobre.
La población indígena, a través de cambios étnicos y socioeconómicos, continúa viviendo en el siclo VIII a. de C. en la colina que hoy está ocupada por el casco antiguo de la ciudad. En la Plaza Eras del Castillo, por encima del monumento romano Cueva de Siete Palacios, tras varias campañas de excavación se ha podido comprobar la existencia de una población del Bronce Final Reciente que ya mantiene relaciones con los comerciantes fenicios, venidos especialmente de la ciudad libanesa de Tiro que en sus inicios se instalan cerca de la línea de la playa, bajo la ladera de poniente de dicha colina (zona Norte del actual parque El Majuelo).
Es pues evidente que cuando en el siglo VIII a. de C. se inicia la colonización fenicia con suficiente entidad, documentada en el Sur del Mediterráneo Peninsular, Almuñécar entra a formar parte de ella de una forma muy activa, como las Fuentes de la Antigüedad Clásica lo atestiguan.
La colonia semita se asentó, pasado el tiempo, sobre la colina que ocupa la actual población, con una situación especialmente estratégica para el comercio, posiblemente con dos puertos navales, de Levante y Poniente que servían de resguardo a las embarcaciones según la dirección del viento, al igual que sucede en las colonias fenicias mediterráneas.
El lugar de descanso funerario se eligió en las colonias cercanas que rodeaban a la colonia. La necrópolis Laurita sobre el Cerro de San Cristóbal, inicia sus enterramientos a fines del siglo VIII a. de C.
Destacan en dicha necrópolis, de entre sus ajuares funerarios, el conjunto de vasos de piedra dura y alabastro de los faraones Apofis I, Osorkón II, Chechón III y Takelot II, junto a vasos griegos, cerámicas propiamente fenicias y joyas de primera calidad.
Otra necrópolis fenicio-púnica es la de Puente de Noy, sobre la colina del Instituto Antigua Sexi, en la que se llevan excavadas cerca de doscientas tumbas de una cronología que enlazando con la necrópolis Laurita llega a la Romanización en el siglo I d. de C.
Cuando a finales del siglo III a. de C. hace su aparición la dominación romana hallará una población perfectamente estructurada, que en el año 49 a. de C. se convertirá en el municipio de derecho latino Sexi Firmum lulium, dotándosele de edificaciones notables, necesarias al rango de tal ciudad, permitiéndosele, incluso, mantener la acuñación de moneda propia.
Todavía hoy permanecen visibles abundantes restos de la presencia romana en Almuñécar, que debió alcanzar su mayor apogeo en los siglos I y II de nuestra Era.
Dentro de los monumentos arquitectónicos romanos merece especial atención su acueducto de más de 7 Km. De recorrido.
En el interior del casco antiguo de la ciudad se conserva, y habita en parte por la población actual, un complejo de naves abovedadas, destacando por su unidad la denominada Cueva de Siete Palacios, donde en la actualidad se halla ubicado el Museo Arqueológico Municipal.
También es muy importante su antigua factoría de salazón de pescados y garum, que ocupaba la base central del comercio sexitano en el Mediterráneo y de la que alaban sus excelencias escritores griegos y romanos.
Como restos funerarios aún hoy en día se conservan dos columbarios o panteones familiares, ubicados en la cercanía de dos villas romanas: Columbario de la Torre del Monje y Columbario la Albina.
Es posible que cuando se produce la entrada musulmana en la Península de mano de Musa, éste incorporase la plaza fuerte de Almuñécar a Granada.
La mención de Almuñécar en las fuentes escritas musulmanas comienza a partir del desembarco de Abderramán I por sus playas el 15 de agosto del año 755 d. de C.
A partir de este momento la ciudad de Almuñécar tomará parte en todos los avatares de la época y adquirirá su máximo protagonismo en el reinado nazarí de Granada. En su fortaleza existía su famosa cárcel u horrible mazmorra, donde fueron encarcelados algunos reyes destronados, ministros caídos en desgracia o jefes militares cuya influencia inspiraba temor.
La historia islámica de Almuñécar finaliza en diciembre del año 1489 en que su caíd Al-Hay entrega la ciudad, previa capitulación, a los Reyes Católicos. Posteriormente, tras la capitulación de Granada, por el puerto de Almuñécar salieron hacia el norte de África el Zagal y sus seguidores, así como los del sultán Boabdil, calculándose según algunas fuentes escritas en unas 1130 personas.
A partir de estos momentos comienza la etapa cristiana de Almuñécar que enlaza con nuestros días

viernes, 29 de noviembre de 2013

Yacimiento arqueológico de Cástulo (Jaén)

Descubierta en el yacimiento de Cástulo la escultura de un león ibero-romano
Los arqueólogos califican de excepcional el hallazgo junto a la puerta de la ciudad fortificada


Foto: Descubierta en el yacimiento de Cástulo la escultura de un león ibero-romano
Los arqueólogos califican de excepcional el hallazgo junto a la puerta de la ciudad fortificada


Las excavaciones arqueológicas que se están llevando a cabo en la muralla norte del yacimiento ibero-romano de Cástulo, en Linares (Jaén), han puesto al descubierto una escultura que representa la figura de un león y que, a juicio de los arqueólogos, sería la mejor conservada de las que existen en la Península Ibérica. Se trata de una escultura, de 1.20 metros de largo que parece estar flanqueando uno de los laterales de la puerta de entrada a la ciudad fortificada, aunque los técnicos creen que podría haber otro más. Está documentado entre los siglos II y I antes de Cristo, con la singularidad de que se trata de una figura completa donde se aprecian todos los detalles.

Para el director de las excavaciones, el arqueólogo Vicente Barba, se trata de un hallazgo “excepcional” localizado en el final del periodo ibero y el principal del romano. Y, sobre todo, adquiere una importancia mayor por el contexto donde se ha descubierto: en la puerta de entrada a la ciudad fortificada de Cástulo. Los expertos valoran ahora si esta puerta podría ser la que utilizó el cartaginés Aníbal cuando fue en busca de la princesa Himilce.

“El león es símbolo de fuerza, del vigor indestructible, modelo por tanto de la virtud del noble y la justificación natural de una inmutable sociedad de clases. Presenta unos rasgos muy helenísticos o arcaicos, al ser animales extraños no conocidos realmente y por tanto estarían inmersos en el imaginario de la gente como seres extraños que dominan la naturaleza humana, seres míticos”, apunta el arqueólogo que ha dirigido esta excavación.

Los trabajos se centran ahora en documentar una puerta monumental que parece construirse en época Republicana (o ibero-romana) entre los siglos II-I a.C.. “Podría tratarse de una puerta importante que se construye por una determinada cuestión ceremonial, o de una puerta relacionada con la Segunda Guerra Púnica”, indica Barba. La puerta tiene 3,50 metros de vano y la monumentalidad viene dada por los grandes paramentos de sillares perfectamente labrados y encajados como un gran puzle.

Aunque existen ejemplos de leones similares en la provincias de Córdoba, Sevilla, Málaga y Jaén (como el llamado oso de Porcuna), los expertos aseguran que ninguno es tan espectacular y se encuentra tan completo y bien conservado como el que ha aparecido en Cástulo. “Podemos decir que es el león más impresionante y mejor conservado que hay en la Península Ibérica.

Tiene entre sus garras la cabeza de un personaje humano, como símbolo de la muerte, de la dominación del animal sobre la naturaleza humana. Creo que en este caso sería la imagen protectora de la ciudad de Cástulo”, apunta el director de las excavaciones arqueológicas.

Cástulo está considerado ya uno de los sitios arqueológicos más importantes de la Península. Con más de 4.000 años de vida, este yacimiento tiene la particularidad de que no tiene encima la ciudad moderna, lo que permite profundizar en las excavaciones. En concreto, las tareas de recuperación en la muralla las está financiando la Diputación de Jaén, cuya responsable de Promoción y Turismo, Ángeles Férriz, ha destacado la trascendencia de la escultura localizada.

El león ibero-romano descubierto en Cástulo se suma a los importantes hallazgos de los últimos años en este yacimiento. El más importante y emblemático es el llamado Mosaico de los Amores, que destaca por sus dimensiones (12 x 6 metros) como por su enorme variedad cromática. Está compuesto por teselas características del Alto Imperio y semejantes a las de Pompeya. Este mosaico fue reconocido por Nacional Geographic entre los descubrimientos más importantes de 2012

Cástulo está catalogado por la Junta de Andalucía como Conjunto Arqueológico e institución del Patrimonio Histórico Andaluz con gestión diferenciada, lo que supone equipararlo con sitios tan importantes como Madinat Al-Zahra o Baelo Claudia. Cástulo fue escenario de la Segunda Guerra Púnica que enfrentó a cartagineses con romanos y una de las pocas ciudades que acuñaron su propia moneda desde finales del siglo III antes de Cristo. El yacimiento cuenta con un Centro de Interpretación para conocer una de las ciudades más importantes del Mediterráneo en la época ibera.

Cástulo se convierte así en la piedra angular del proyecto Viaje al tiempo de los iberos, un proyecto turístico-cultural que quiere poner en valor algunos de los 500 yacimientos iberos inventariados en la provincia jiennense.

Fuente:http://elpais.com/

Las excavaciones arqueológicas que se están llevando a cabo en la muralla norte del yacimiento ibero-romano de Cástulo, en Linares (Jaén), han puesto al descubierto una escultura que representa la figura de un león y que, a juicio de los arqueólogos, sería la mejor conservada de las que existen en la Península Ibérica. Se trata de una escultura, de 1.20 metros de largo que parece estar flanqueando uno de los laterales de la puerta de entrada a la ciudad fortificada, aunque los técnicos creen que podría haber otro más. Está documentado entre los siglos II y I antes de Cristo, con la singularidad de que se trata de una figura completa donde se aprecian todos los detalles.

Para el director de las excavaciones, el arqueólogo Vicente Barba, se trata de un hallazgo “excepcional” localizado en el final del periodo ibero y el principal del romano. Y, sobre todo, adquiere una importancia mayor por el contexto donde se ha descubierto: en la puerta de entrada a la ciudad fortificada de Cástulo. Los expertos valoran ahora si esta puerta podría ser la que utilizó el cartaginés Aníbal cuando fue en busca de la princesa Himilce.

“El león es símbolo de fuerza, del vigor indestructible, modelo por tanto de la virtud del noble y la justificación natural de una inmutable sociedad de clases. Presenta unos rasgos muy helenísticos o arcaicos, al ser animales extraños no conocidos realmente y por tanto estarían inmersos en el imaginario de la gente como seres extraños que dominan la naturaleza humana, seres míticos”, apunta el arqueólogo que ha dirigido esta excavación.

Los trabajos se centran ahora en documentar una puerta monumental que parece construirse en época Republicana (o ibero-romana) entre los siglos II-I a.C.. “Podría tratarse de una puerta importante que se construye por una determinada cuestión ceremonial, o de una puerta relacionada con la Segunda Guerra Púnica”, indica Barba. La puerta tiene 3,50 metros de vano y la monumentalidad viene dada por los grandes paramentos de sillares perfectamente labrados y encajados como un gran puzle.

Aunque existen ejemplos de leones similares en la provincias de Córdoba, Sevilla, Málaga y Jaén (como el llamado oso de Porcuna), los expertos aseguran que ninguno es tan espectacular y se encuentra tan completo y bien conservado como el que ha aparecido en Cástulo. “Podemos decir que es el león más impresionante y mejor conservado que hay en la Península Ibérica.

Tiene entre sus garras la cabeza de un personaje humano, como símbolo de la muerte, de la dominación del animal sobre la naturaleza humana. Creo que en este caso sería la imagen protectora de la ciudad de Cástulo”, apunta el director de las excavaciones arqueológicas.

Cástulo está considerado ya uno de los sitios arqueológicos más importantes de la Península. Con más de 4.000 años de vida, este yacimiento tiene la particularidad de que no tiene encima la ciudad moderna, lo que permite profundizar en las excavaciones. En concreto, las tareas de recuperación en la muralla las está financiando la Diputación de Jaén, cuya responsable de Promoción y Turismo, Ángeles Férriz, ha destacado la trascendencia de la escultura localizada.

El león ibero-romano descubierto en Cástulo se suma a los importantes hallazgos de los últimos años en este yacimiento. El más importante y emblemático es el llamado Mosaico de los Amores, que destaca por sus dimensiones (12 x 6 metros) como por su enorme variedad cromática. Está compuesto por teselas características del Alto Imperio y semejantes a las de Pompeya. Este mosaico fue reconocido por Nacional Geographic entre los descubrimientos más importantes de 2012

Cástulo está catalogado por la Junta de Andalucía como Conjunto Arqueológico e institución del Patrimonio Histórico Andaluz con gestión diferenciada, lo que supone equipararlo con sitios tan importantes como Madinat Al-Zahra o Baelo Claudia. Cástulo fue escenario de la Segunda Guerra Púnica que enfrentó a cartagineses con romanos y una de las pocas ciudades que acuñaron su propia moneda desde finales del siglo III antes de Cristo. El yacimiento cuenta con un Centro de Interpretación para conocer una de las ciudades más importantes del Mediterráneo en la época ibera.

Cástulo se convierte así en la piedra angular del proyecto Viaje al tiempo de los iberos, un proyecto turístico-cultural que quiere poner en valor algunos de los 500 yacimientos iberos inventariados en la provincia jiennense.

Fuente:http://elpais.com/

jueves, 28 de noviembre de 2013

Encinasola


La historia de la ocupación humana del término municipal de Encinasola, está volcada a la existencia de una importante red hidrográfica conectada al río Guadiana (Múrtiga, Sillo, Caño, Valquemado, etc.). A lo largo de estas venas de agua se han ido produciendo asentamientos permanentes desde los inicios de la Edad del Cobre, a lo largo del III milenio antes de Cristo (a.C.).

En ciertas zonas de la riveras se forman espacios de vega que fueron utilizados por estas primeras poblaciones para desarrollar una incipiente agricultura, que se acompañó con la ganadería y actividades artesanales como la recogida de lino para la elaboración de tejidos. Mucho se ha escrito sobre las minas de Encinasola, con minerales de hasta el 60% de cobre, pero no hay constancia que durante este período se explotaran estos yacimientos, salvo el situado en el Juncal (mina Victoria). Entre los asentamiento de este momento cabe citar la primera ocupación de la Peña de San Sixto, y los poblados de la Huerta del Picón y Sierra Herrera. Eran pequeños poblados formados por chozas con base de mampostería y cubierta de ramajes calafateados con barro. La actividad doméstica se denota en superficie por la abundancia de cerámica realizada a mano, pesas de telar de arcilla, molinos de mano y, en algunos casos, por hachas de piedra pulimentada. Los enterramientos se realizarían en dólmenes, grandes construcciones de piedra utilizadas a modo de panteón familiar. Tres de ellos se destruyeron en 1914 cuando se realizaba el camino de la Contienda, cerca del lugar conocido como Puerto de los Señoritos.

A lo largo de la Edad del Bronce (II milenio a.C.), a medida que va creciendo la importancia de la metalurgia, esta forma de poblamiento disperso cambia radicalmente. La población se concentrará en lugares estratégicos en relación a la explotación del alguna mina. Este es el caso del poblado situado en la Sierra de la Lapa (siglos X-IX a.C.) en el que se centralizarán las operaciones mineras de los filones de la mina Diamante (los Guijarros). La importancia de estas explotaciones mineras esta en relación con la demanda de cobre desde establecimientos costeros, desde donde se exportaría a los centros metalúrgicos de producción del bronce del noroeste peninsular. El final de este poblado se ocasionó por la pérdida de importancia del cobre y bronce con respecto a la plata, muy solicitada desde el establecimiento de los fenicios en la costa oriental de Andalucía en el siglo VIII a.C.

Después del abandono de la Sierra de la Lapa, no se han documentado asentamientos estables en la zona hasta el siglo IV-III a.C. Lo más probable es que con la caída de la minería del cobre, el territorio de Encinasola careciera de interés económico para fijar núcleos de población.

Esta despoblación es la que explica que se produjeran migraciones desde la Meseta y vuelvan a aparecer testimonios de habitación en la Peña de San Sixto desde el siglo IV a.C. Es el momento a partir del cual se amuralla este asentamiento de la denominada Beaturia Céltica, una población distinta a la ibérica que se estableció en el sur de Badajoz, Alentejo portugués y Sierra de Huelva. Son poblaciones que imponen un fuerte desarrollo de la agricultura extensiva de cereales, y que se destacan sobre todo por su actitud guerrera, lo que le llevará en épocas de carestía a realizar incursiones en busca de alimento en el Valle del Guadalquivir. El nombre de esta población se desconoce, aunque la inscripción romana en el yacimiento aluda a LAC, que pudiera corresponderse con la ciudad de Lacimurga. Otras ciudades contemporáneas serían Nertóbriga en Fregenal de la Sierra y Arucci en Aroche.

Con la llegada de los primeros ejércitos romanos al Guadalquivir a principios del siglo H a.C., se intentó frenar la incursión y la rapiña de estos pueblos serranos. Los encuentros con los ejércitos romanos serían numerosos y el saqueo de sus ciudades práctica común. Su alianza en razón de parentesco con los pueblos célticos y celtíberos de la Meseta en su lucha con Roma, ocasionará finalmente su pacificación y su entrada en la zona de dominio romano. No será, no obstante, un territorio que interesara especialmente al estado romano, dedicado a la explotación agrícola del Valle del Guadalquivir y las minas de plata de Sierra Morena.

Pacificada definitivamente toda la Celtiberia, estos pueblos vivirán con relativa calma hasta que Hispania entre de lleno en las guerras civiles que se desarrollan en Roma. Uno de los bandos representado por Sertorio elegirá Hispania para enfrentarse a sus oponentes. La táctica de Sertorio fue la de ganarse la confianza de los pueblos de etnia céltica, siempre dispuestos a la lucha, y hostigar con ellos las tierras controladas por el estado romano. En el poblado de San Sixto se podujeron luchas entre los dos bandos. Es probable que aquí se acuartelaran las tropas sertorianas para impedir el paso del ejército romano a la Céltica. Esto se deduce de la aparición de las balas de ballesta, plomos en forma almendrada, con la inscripción Q. Sertori. Procos., es decir, una parte del armamento utilizado por el ejército de Sertorio en la guerra. La abundancia de estas balas de plomo sugiere un hecho desarmas singular. Acabada la guerra con la derrota de Sertorio a manos de Pompeyo el estado romano comprendió cual fácil era la pacificación de la Baeturia. Cesar será el encargado de integrarla definitivamente en la órbita romana fomentando el auge de la ciudades como focos de romanización. De ahí que todas las ciudades de la Baeturia lleven el apellido Julia en agradecimiento a su protector (Lacimurga lulia Ugaltania).

La ingeniería romana pronto descubrió las posibilidades mineras de la comarca y se dedicó a la expotación sistemática. Todas las ruinas de Encinasola presentan signos de minería romana y las escorias de las fundiciones son abundantes en el término municipal. Entre otras volvieron a explotarse la mina del Juncal, de los Guijarros, labrándose ahora la Cueva de la Lapa, Cueva de San Pedro y Cueva de Santa María. La Contienda y sus alrededores fueron intensamente explotados, Campillo, Mojosa, Culeritos, Pico del Aguila, Madrona, cuyo poblado n-finero se encuentra en los alrededores de la Ermita del Flores, etc. La crisis de esta minería en el siglo II después de Cristo (d.C.) a raíz de la conquista de nuevos territorios con más posibilidades mineras (Dacia, Britania, etc.) provocó otra vez una crisis demográfica que ocasionó el abandono definitivo de la ciudad de San Sixto.

La importancia de la minería a lo largo del siglo I d.C. quizá sea la causa de la construcción de un Arco de Triunfo en la calle del Palomar, cercano al camino hacia Emérita (Mérida) y al poblado romano del Cerro de las Cortes, hoy seccionado por la carretera de circunvalación de Encinasola.

Este abandono de la población se mantuvo hasta la segunda mitad del siglo VIII d.C. cuando la zona fue disputada por Castilla (Orden del Temple) y Portugal (Orden del Hospital). La construcción del Castillo de Encinasola en tiempos de Alfonso X El Sabio permitió el establecimiento de una pequeña aldea (Azinhasola), que con el tiempo se ha convertido en el núcleo urbano de este territorio. Amén de la buena visibilidad de la frontera con Portugal, en la elección del lugar pesaría también la existencia de los restos del pueblo romano del Cerro de las Cortes y el Arco del Triunfo del Palomar.

A partir de este núcleo, reducido a algunas casas alrededor del, castillo, la población se fue extendiendo en dirección a los caminos que convergían en este lugar, el camino de Portugal (C/ Portugal), el de Fregenal de la Sierra (C/ Corchuela), el de Cumbres de San Bartolomé (C/ Arrabal Menor), y el de Jerez de los Caballeros (C/ El Campo). La primitiva población de Encinasola procedía del Reino de León, especialmente de Galicia, aunque también llegaron de León y Salamanca. La protección de estos lugares contra las pretensiones portuguesas correría a cargo de la Orden del Temple establecida en Fregenal de la Sierra. Al otro lado de la frontera, en Aroche, Moura, Aracena y Serpa, la Orden del Hospital, con sede en Moura defendió La Contienda con una serie de torres (Sierra de la Torrecilla, Torrellano, Torrequemada, Llano de la Torre y Castelo de Paijuanes).

Solucionado el problema fronterizo, la disputa de la zona de La Contienda la llevaron a cabo Encinasola, Aroche y Moura. Hasta el siglo XVI no se llegaría a un primer acuerdo de división (Concordata), pero las disputas seguirían ininterrumpidamente hasta el siglo XIX (1894), año en el que se realizó la partición difinitiva. En un principio los habitantes de Encinasola no tuvieron derecho sobre estas tierras, en poder efectivo de la Orden del Hospital y la línea divisoria se estableció en la corriente del Múrtiga, hasta donde llegan los topónimos protugueses (Sierra de la Lapa, Sierra de la Cueva, Sierra de Giraldo). El uso temprano de estos terrenos por los habitantes de Encinasola le ofreció posibilidades en la partición de La Contienda. Durante la Guerra de Granada, los habitantes de Encinasola y Cumbres de San Bartolomé participaron en la toma y repoblación de la localidad malagueña de Alora. El incremento demográfico de la población sería intenso pues en el siglo XV habitantes de Encinasola y Cumbres de San Bartolomé repueblan Barrancos, en un momento en que la corona portuguesa hubo de tener problemas para fomentar la repoblación de estos lugares. A este hecho responde el carácter y peculiar portugués de Barrancos, con gran cantidad de giros castellanos.

El encontronazo de estas poblaciones hermanas surgió con motivo de la Guerra de la Restauración de Portugal (siglo XVII), en la que se multiplicaron las algaradas de castellanos y portugueses en los dominios de sus vecinos. Como ejemplo cabe comentar que las Casas Consistoriales de Encinasola fueron incendiadas en una razia portuguesa y no se reconstruyeron hasta al siglo XVIII. Ante estas amenazas la población se refugia en los fuertes de San Juan y San Felipe, construidos a final del siglo XVI.

Estas fortalezas se mantendrían en buen estado hasta la Guerra de Sucesión, momento en que la población tomó partido por el futuro Felipe V e impidió la entrada de la tropas del Archiduque Carlos. Por esta razón Felipe V otorgó a la villa un escudo de armas con una encina con campo blanco.

Durante la Guerra de la Independencia, la población se hizo fuerte en los baluartes de San Juan y San Felipe ante las tropás francesas comandadas por el general Garsan, que combatía a la división del General Ballesteros, establecida en la Sierra de Huelva. Después de diez dias de asedio, capituló y las tropas francesas se ensañaron con la población. La artillería de los fuertes fue desmontada, inutilizada y enterrada en la afueras de la población. Parte de ella se recuperó y sirvió de soporte a las barandillas del Paseo Chico.

lunes, 25 de noviembre de 2013

Historia de Almeria (Breve)

El lugar que ocupa la actual provincia de Almería es, en palabras del prestigioso historiador y arqueólogo Luis Siret, "un impresionante museo natural". Ello se explica, en principio, por las tres culturas neolíticas que se dan en el territorio de la provincia, hecho que es único en nuestro continente: la de Almería, la de Los Millares y la de El Argar, con su aportación a la cultura campaniforme y celta. En el periodo clásico, son muchas las poblaciones íberas y las colonias fenicias y cartaginesas que cobran importancia en Almería. Es destacable la importancia de varias poblaciones ya en la Roma clásica, como las de Urci (junto a Villaricos), Abdera (Adra), Murgi (El Ejido), Baria (Vera) o Tagilis (Tíjola).
El puerto de la actual capital de Almería (Portus Magnus) ya era explotado y apreciado por los comerciantes del Lacio. El puerto de Almería fue en el siglo X uno de los principales puertos de la base naval del Califato de Córdoba. Con la muerte de Hixem II, se desmorona el Califato de Córdoba apareciendo los Reinos de Taifas en el siglo XI, en el que Almería se independiza bajo el mandato de Jairán. Sigue cobrando importancia, llegando a ser, como reino independiente, una de las taifas más prósperas. La ciudad tenía al menos quince puertas, que guardaban la entrada a una ciudad de cerca de un millón de metros cuadrados, laberíntica y abigarrada. De todas esas puertas, los contemporáneos destacaban por su belleza tres de ellas, que tenían un raro patio interior (en toda la España musulmana, sólo había dos ejemplos más de este tipo de puertas: una en Sevilla y otra en Granada).
Llegó a contar con 10.000 telares, que creaban maravillosos tejidos de seda, entre los que destacaban un “tejido de Almería” que era exportado a casi todo el mundo árabe. Las crónicas medievales destacan la actividad comercial de la ciudad y de la prontitud con que los almerienses hacían frente a los pagos. No sólo los tejidos, sino esclavos (Pechina y Verdún eran los comercios de esclavos más grandes de toda Europa), orfebrería y mármol (se han encontrado lápidas funerarias de mármol de Macael hasta en Nigeria) eran su fuerte.
 El puerto almeriense era uno de los más importantes del Mediterráneo en época califal, de taifas y con los almorávides. Estos últimos dieron cobijo a piratas, convirtiendo al puerto no sólo en la envidia sino, también, en el terror de sus enemigos. El investigador Florentino Castro Guisasola publicó en 1930 el libro El esplendor de Almería en el siglo XI. La Almería musulmana está presente en muchos textos medievales, como el Romance del Conde Arnaldo o Las Serranillas, del Marqués de Santillana. Los árabes también cantaron las magnificencias de la ciudad, como el sabio almeriense del siglo XIV, IbnJatima, en su libro Ventajas de Almería respecto a los otros países de España. Lo que se ha venido llamando siglo de oro de la ciudad rozaba su cénit cuando el Papa Eugenio III convocó una cruzada contra la ciudad. Cristianos del sur de Europa se reunieron para acabar con la cruel Almería, como la llamaban los juglares de la época.
En el sur de Francia, los romances comparaban Almería con una “piscina” que lavaría los pecados de aquellos que se unieran a la cruzada. El conde Ramón Berenguer de Barcelona, Alfonso VII de León, el rey García Ramírez IV de Navarra y Álava (nieto del Cid) o el gran duque Guillermo VI de Montpellier junto con genoveses y pisanos (que veían como una infranqueable competencia el emporio del puerto de la ciudad y que habían sufrido los ataques de su flota), se dieron cita ante las murallas de Almería. Cada uno traía entre sus huestes a lo más granado de la caballería europea, nombres protagonistas de romances medievales (como el conde de Astorga, Ramiro Flores de Guzmán, llamado la “Flor de las Flores” en el “Poema de Almería”, compuesto a raíz de la conquista). Tras una breve pero intensa resistencia, las murallas fueron asaltadas por doce puntos. Alfonso VII no quiso negociar paz alguna. De los habitantes de la ciudad, 10.000 pudieron huir milagrosamente hacia Murcia y 20.000 se refugiaron en la Alcazaba. De estos últimos, la mayoría de los varones fueron acuchillados. Alfonso VII, “el Sultancillo”, como le llamaban despreciativamente los almerienses, devastó Almería y destruyó sistemáticamente las industrias de la ciudad en 1147.
El botín fue repartido entre los soldados, si bien los nobles se llevaron la mejor parte. Los jefes genoveses se apropiaron del “Sacro Catino”, una gran fuente de esmeralda finamente tallada a seis puntas en la que, según la tradición, Jesucristo sirvió el cordero en la última cena. Alfonso VII se llevó partes de la gran mezquita, que depositó en el Monasterio de las Huelgas de Burgos, y ricos tejidos, con los que sería confeccionada la famosa casulla de San Juan de Ortega. El conde de Barcelona se llevó las espectaculares puertas de la Puerta de Pechina, forradas de cuero de buey y tachonadas con clavos de bronce, cuya última pista nos lleva a la capilla vieja de la Universidad de Barcelona. Tras diez años de dominio castellano, hasta 1157, los almohades lograrían recuperar la ciudad e intentan devolverle su antiguo esplendor, sin conseguirlo.
Los granadinos la hacen luego su puerto principal. Es destacable el asedio que volvió a sufrir en 1309 por parte de las tropas de Jaime II de Aragón, que no pudieron con la sólida resistencia almeriense. En esta época, Almería es el escenario de batallas, incursiones y razzias entre los cristianos de Murcia y los moros de Granada. Y en esta época probablemente tiene origen el dicho: Cuando Almería era Almería, Granada era su alquería.
 Durante el siglo XV, las luchas por el trono del reino de Granada se irán sucediendo, proclamándose rey de Almería Abdalá El Zagal, reinado que durará poco tiempo porque el 26 de diciembre de 1489, los Reyes Católicos conquistan la ciudad y El Zagal les entrega las llaves de Almería. Almería en época musulmana se dividía en tres barrios: El núcleo primitivo fue La Medina. El arrabal de Al-Hawd (El Aljibe), actuales barrios de La Chanca y Pescadería. El arrabal de La Musalla que se extendía desde la actual calle de La Reina hasta la Rambla Obispo Orberá.
 Al brusco deterioro de las prosperidad de Almería se añadió una sucesión de terremotos, dos de los cuales fueron terribles: el de 1518, que elimina para siempre la Vera musulmana, matando a todos sus habitantes, y el de 1522, que se dejó sentir hasta en las Azores, y que devastó Almería por completo, convirtiéndola casi en un solar y siendo la principal causa de la destrucción de la práctica totalidad de los edificios que los árabes habían levantado en ella, así como de la catedral antigua. Estos terremotos y la esquilmación demográfica hacen que apenas haya mención a Almería hasta la modernidad. Es en el siglo XIX cuando resurge su puerto debido a la extracción minera y la exportación de uva de Berja y Ohanes. Fue designada capital de la provincia homónima en la nueva reasignación de finales de este siglo.

Historia completa en este blog,pàgina de Almeria

jueves, 21 de noviembre de 2013

Historia de Canjayar.-Almeria

CANJAYAR Historia y Origenes.
Existe un pasado reciente de esplendor, ligado a la riqueza que ha proporcionado la uva, pero también existe la idea de un pasado «remoto»,árabe y morisco, en el que Canjáyar gozaría de cierta importancia. Al tratar de señalar los orígenes de Canjáyar, nos encontramos con serias dificultades, ya que no existen trabajos sistemáticos sobre las épocas prehistórica y antigua, sólo alguna prospección arqueológica en la que los restos más antiguos que se documentan pertenecen a la Edad del Cobre . Ya Madoz, en el siglo pasado, nos da noticias sobre la famosa cueva de Nieles, descubierta en 1841, coincidiendo con el furor minero: «se hallaron varias inscripciones, esqueletos, huesos, pedazos de candiles, tinteros, salvaderas, crisoles y ánforas».
De época romana se puede documentar un lingote de plomo, hallado también en el siglo pasado, que lleva la inscripción «L. S. REX», y que puede ser testimonio de la explotación de esta zona, que comenzaría en la época republicana. Es en los siglos X y XI, estando ya el Estado islámico configurado, cuando aparecen las primeras noticias sobre la organización territorial de la Alpujarra, dentro de la cual hay que situar a Canjáyar. Al-Udri, geógrafo originario de Dalías, nos informa de una Alpujarra dividida en distritos,ayza (plural de yuz). El yuz sería un distrito político administrativo integrado por varias alquerías y un hisn o castillo principal que le daría nombre, siendo al mismo tiempo elemento defensivo de las comunidades rurales y representación del poder central. Al-Udri menciona elyuz de Qansayar.
 Su castillo debió de estar situado donde hoy se encuentra la ermita deSan Blas, «sobre la plataforma superior del pico que domina el pueblo actual por el oeste, verdadero cerrojo sobre el valle del Andarax». La construcción de la ermita en el siglo pasado destruyó la casi totalidad de los vestigios. Ha sido estudiado por P. Cressier, que data los restos cerámicos en los siglos XII-XIII. En el siglo XIV nos encontramos con una estructura administrativa similar a la división en ayza: son las tahas, que van a permanecer con alguna que otra alteración hasta la expulsión de los moriscos en 1570.
 La Alpujarra cuenta con 13 tahas, siendo una de ellas la de Lúchar, donde ubicamos la alquería de Canjáyar, que, con la llegada de los cristianos, se convierte en la capital de la taha. La alquería deCanjáyar tenía su hisn y una mezquita mayor. Sin embargo, Alcora actualmente es una barriada de Canjáyar integrada en su término. Así, al final de la Edad Media, la alquería de Canjáyar era un núcleo rural, dedicado a la agricultura intensiva, fundamentalmente de regadío, y en menor medida a la ganadería. Los cultivos más importantes eran morales, olivos, higueras, parras. Los cerealestambién tenían gran importancia, sobre todo el trigo y el panizo, dedicados al consumo humano y animal. El regadío necesita de una tecnología para captar el agua,conducirla y regularla. La captura se hacía por medio de una presa y de acequias. En los hábices de1530 se cita la acequia de Nieles, en la taha de Lúchar (Trillo San José). Madoz también nos dice que: «entre el cerrillo llamado de Pascual al NO., y el de los Pozos al SO, se ven vestigios de cimientos y cañerías muy raras en todas las direcciones: de donde se infiere que este pueblo fue de mucha mayor consideración en una época cuya remota antigüedad no nos es dado determinar».
A finales del siglo XVIII, en 1788, se crea en Alcora una fábrica nacional de plomo; este hecho repercute también en lascomunicaciones y se construye una carretera para comunicarPresidio (Fuente Victoria), donde estaba la otra fábrica nacional, y Alcora con la costa; de este modo se facilitaba la salida del mineral. En el siglo XIX los naturales del partido judicial de Canjáyar son muy laboriosos y que la mayor parte se dedican a la explotación de minas plomizas, como jornaleros, como partidarios o como rebuscadores. Canjáyar, cabeza del partido judicialque lleva su nombre, tenía a mediados del siglo pasado una población de 2.200 habitantes y sus casas estaban apiñadas en un terreno muy reducido. A comienzos de ese siglo, en agosto de 1804, se produce un terremoto, que provocó 4 muertos, bastantes heridos, derribó 60 casas y otras 120tuvieron que ser demolidas. Entre los edificios afectados por el terremoto se encontraba la iglesia, que tuvo que ser reconstruida en gran parte. También se vio afectada por elterremoto de 1852, que exigió una nueva restauración de la misma. Delsiglo XIX es también el santuariodedicado a San Antonio Abad. A finales de siglo se construye el Hospital de San Antonio Abad a expensas de Don Cristóbal Esteban Asensio, quien hizo una fundación, de la que son beneficiarias las mujeres ancianas, necesitadas de medios económicos o faltas del amor y cariño de un hogar.
En cuanto a las actividades productivas, Canjáyar continuaba siendo eminentemente agrícola. Abundaba el aceite, de tal manera que vendían al exterior 19 vigésimas partes de lo que recogían. También producían seda y vino, cogían granos , hortalizas y sus frutas eran abundantes y de gran calidad. Es a partir de 1860 cuando tiene lugar el inicio del cultivo de la uva de Ohanes, dedicada a la exportación, que se va a convertir en monocultivo hasta fechas recientes, provocando épocas de esplendor, aunque también de crisis, al estar la uva sometida a las fluctuaciones del mercado exterior. En años sucesivos, el parral va a ir sustituyendo a otros cultivos, sobre todo a los frutales, y se van a poner en producción tierras antes incultas por ser de secano. En 1876 Don Juan de la Cruz Esteban promueve y funda el«Cauce Exaltación de la Santa Cruz» o «Acequia Gorda», como popularmente se conoce, para transformar en regadío tierras de secano.

lunes, 18 de noviembre de 2013

Válor -Granada

Historia de Valor.
Aunque los yacimientos arqueológicos permiten suponer asentamientos humanos en este lugar desde la Edad del Bronce y hay vestigios también de la época romana, lo cierto es que Válor nace como núcleo de población en la época de la dominación islámica y conserva casi totalmente su fisonomía de entonces, con calles estrechas y casas típicamente alpujarreñas.
Tuvo su momento de esplendor en el período árabe-andalusí, cuando toda la Alpujarra era un importante emporio agrícola especializado en la producción de seda. Durante el período nazarí perteneció a la Taha de Juviles.
Después de la conquista de Granada, los Reyes Católicos concedieron el señorío de Los Válores a Don Hernando de Córdoba, abuelo de Aben Humeya, de la familia de "Los Hernandos", que fijó su residencia en “Válor el Alto” y añadió el nombre de Válor a su apellido, pasando a llamarse Hernando de Válor y Córdoba, y su familia “Los Valoríes”.
Los Omeya, un clan de la tribu de Quraysh, la familia de "Los Hernandos" estaba muy bien considerada entre los moriscos, por lo que no es de extrañar que éstos eligieran a uno de sus miembros, Fernando de Válor y Córdoba, que además era Caballero Veinticuatro de la capital granadina, es decir miembro del concejo municipal, como cabeza visible del levantamiento contra Felipe II, proclamándolo nada menos que “Rey de los Andaluces” con el nombre de Aben Humeya.
En Válor nació Don Fernando de Válor y Córdoba que, tomando el nombre de Abén Humeya (Muhammad ibn Umayya), se levantó en armas contra Felipe II, provocando una revuelta general entre los moriscos de todo el reino de Granada. Disensiones internas entre los propios moriscos que, en 1569, dieron muerte a Abén Humeya, permitieron que Don Juan de Austria acabara pronto con el levantamiento. Los moriscos serían definitivamente expulsados en 1609, y la villa fue repoblada con colonos procedentes de Jaén.
Válor goza desde 1902 del título de Villa, que le concedió Alfonso XIII por el aumento de población y desarrollo de la agricultura en el municipio.

domingo, 17 de noviembre de 2013

Historia de Cabra del Santo Cristo.-Jaen

La presencia humana en esta zona se remonta a la Edad del Bronce, como se desprende de una serie de restos hallados en la Sierra de Cabra, un ajuar funerario perteneciente a un enterrio colectivo.
En época íbera, esta zona parte de una vía comercial que comunicaba Granada con el valle del Guadalquivir.
Tampoco se han encontrado restos de una población estable en época romana. Sí existieron, en cambio, asentamientos vinculados a pequeñas explotaciones agropecuarias.
En época hispanomusulmana se construyó una alcazaba en el Cerro de San Juan. Algunos historiadores apuntan a que puede tratarse de la fortaleza de Bagtawira, propiedad de una importante familia que a finales del siglo IX - principios de siglo X se reveló contra los Omeyas.
En 1245 Fernando III el Santo conquista el lugar, pasando a depender de Úbeda algunos años después. A partir de 1492 comienzan a asentarse en la zona ganaderos que poco a poco van conformando una comunidad. Se nombran entonces dos alcaldes y dos concejales para su gobiernos.
Los ganaderos pagaron un tributo de ocho millones de maravedíes, recibiendo por ello cien cuerdas de tierra. En el siglo XVI, varios vecinos reclamaron a Felipe II las mismas condiciones. Se entabló un pleito ante la negativa de Úbeda, que finalemnte ganaron los vecinos.
En el siglo XVI la aldea pertenece al señorío de los Marqueses de la Rambla.
En el siglo XVII es cuando la aldea recibe el nombre actual. Esto se debe a que un brazo manco sanó milagrosamente durante la estancia de un cuadro, copia del Santo Cristo de Burgos que portaba un arriero para ser expuesto en Guadix. El cuadro fue trasladado a la parroquia, y cuando su dueño, Jerónimo de San Vítores de la Portilla, lo reclamó, el obispo Moscoso, (posteriormente nombrado cardenal), atendió la petición del pueblo e intercedió para que dicho lienzo permaneciera en la aldea. El cardenal, además, financió la construcción de una iglesia para alojarla. Se convierte entonces el pueblo en lugar de peregrinación, y el lugar, conocido como "Cabrilla", recibió merced al milagro, el "Del Santo Cristo".
En este mismo siglo fue vendida la aldea por Felipe IV a José de San Vítores. Finalmente, en el XVIII será una villa realenga.
Evolución de la villa en el siglo XVI: Nacimiento, población y primeros vecinos.
Antes de adentranos a esudiar de lleno los hechos más sobresalientes acahecidos en este sentido a lo largo del quinientos, y a modo de breve resumen, pues de lo contrario incidiriamos en aspectos ya tratadosen otras publicaciones, conviene que recordemos que hasta 1545, año en que por mandato del Emperador Carlos V, vienen desde Ubeda a estas tierras los primeros 50 vecinos, con intenciones repobladoras, creandose un sencillo Concejo(Ayuntamiento)y el priorato de la iglesiaparroquial, todos los historiadores, desde los ya clásicos,como Ximena Jurado, Argote de Molina, etc., a los actualescomo Pascual Guerrero o Rodriguez Molina, afirman, afirman que, este territorio fuera conquistado al poder musulmán en fechas muy temprenas, concretamente en 1245 por Fernando III, en relación con su entorno geografico, que no lo sería hasta bien entrado el siglo XV. Fruto de unas escaramuzas bélicas del Rey .Santo para istraer a los musulmanes de Granada y asi conquistar Jaén, en 1254; y aunque estas tierras fuerón cedidas a Ubedapor el mismo monarca, donación ratificada por su hijo Alfonso X, el Sabio, en 1254; sin embargo la ciudad de Ubeda no pudo disfrutar de hecho de estos monterales parajes,-entonces una óptima dehesa para el ganado-, ya que, al estar situados en la misma linea de la frontera entre el Reino Cristiano de Castilla y el musulmán de Granada, las razzias e incursiones, tanto de un lado como el de otro, impedirían cualquier asientamiento humano estable.
La paz y la estabilidad duradera no llegarian hasta la definitiva conquista del reino nazari de Granada por los Reyes Catolicos lo que llevaron a cabo entre 1482 y 1492. Asi pues, una vez fijados los limites jurisdiccionales de Ubeda y reinando la paz tras la conquista de Granada, los ganaderos ganaderos ubetenses empezarian a aprovecharse de los ricos pastos de la dehesa de Cabra,(Cabrilla es el topónimo afectivo)enviando a estas tierras a sus pastores con sus ganados, quienes levantarian sus sencillas viviendas, pues la vida pastoril en si conlleva una existencia errante y poco estable. asi, pues, sabemos por el escribano de Ubeda, Rodrigo de Quesada, que el corregidor de esa Ciudad, Alonso Solis, en cumplimiento del mandato imperial,el 7 de Agosto de 1545 nombró a los 50 vecinos que iban a venir a poblar la nueva villa.
Todos ellos, con el dicho corregidor al frente, se trasladarón aqui justo un mes despues, el 7 de Septiembre de 1545, el tiempo suficiente para medir las parcelas y los solares que se les habrian de dar mediante sorteo, de aqui que vulgarmente se les conociera con el nombre de "suertes". Entregándosele a cada uno de los vecinos, ademas del dicho solar para edificar su vivienda, con las que surguieron las primeras calles de la localidad, a saber la Palma y la Calle Herrera, una parcela de 100 cuerdas, entre secano y regadio. A desmontar las primaras en la dehesa, mientras que las de regadio se midieron en el lugar que conocemos como la Alamedilla.
Pocos dias después, el 30 de Octubre de 1545, el Obispo auxiliar de Jaén D. Cristobal de Arquellada, en nombre del titular de la diocesis el Cardenal D. Pedro Pacheco, consciente de las necesidades espirituales de la nueva población, crea el priorato de la iglesia parroquial, bajo la adbocación de Nuestra Señora de la Expectación, viniendo a ocuparlo interinamente el cura D. Grabiel Gila.
Finalmente, el citado corregidor, antes de regresar a Ubeda, dejo organizado en la nueva población un rudimentario Concejo,compuesto por dos alcaldes ordinarios, dos regidores y un alguacil, si bien sus atrubuciones eran bastante limitadas, pues en los asuntos civiles, por ejemplo, no podian entender por encima de los 100 maravedies.
En consecuencia, la nueva localidad queda estrechamente sometida a Ubeda, tanto en lo civil como en lo religioso, pues también el priorato se puso bajo la tutela del arziprestazgo de esa hermosa Ciudad.
Sin embargo, estas parcelas, que se sortean y entregan a aquellos primeros cincuenta vecinos, no se las darian en total propiedad, ya que al ser tierras de propios y de comunes del municipio ubetense, éste se las cederia en régimen de arrendamiento, aunque el canon a pagar por el disfrute de las mismas fuese bastante bajo.
Además, como una de las condiciones para poder disfrutar era el tener que trasladarse a vivir a este lugar, algunos de ellos pronto las traspasaron a otras personas. Asi, por ejemplo, el dia 28 de octubre de este mismo año,(1545), Antonio Barrero y Catalina de la Torre, su mujer, vecinos de Ubeda ceden las tierras de regadio y secano, más el solar, que les habia tocado en suerte "...en el lugar de Cabra que por mandato de su Majestad, ahora se puebla a Juan de Santa Cruz de Cebar..", y éste un año despues, el 27 de octubre de 1546, se las traspasa a Andres Ribero de Espinosa.
Curiosamente este ultimo personaje mencionado, para 1561, fecha en que se hace el segundo reparto de tierras o vecindades, tenia acumulada en su persona 10 vecindades; Dª. Maria de Salcedo 4 vecindades, y D. Francisco Salido Herrera, 2 vecindades, es decir entre los tres acaparaban 16 vecindades o "suertes". Ello nos demuestaque alguno de aquellos primeros vecinos se sehicierón pronto de su percela, bien por que la vida en aquellos primeros momentos de la aldea no fuera nada facil, bien por fallecimiento, enfermedades o por cualquier otra causa.
De las 34 vecindades restantes, otras 14 para la fecha señalada(1561), en que, de procederse a un segundo reparto de parcelas o "suertes". Se hace el primer padrón del municipio, y algunas parcelas o "suertes", ya habían sido vendidas a otras personas, mas conocemos los nombres de sus primeros poseedores, ya que en el citado padrón figuran como vendedores.
Asi pues, si conocieramos los nombres de los 16 vecinos que enagenarón sus propiedades en D. Andres Ribero de Espinosa, Dª. Maria de Salcedo y D. Francisco Salido Herrera, tendriamos la relación completa de los 50 primeros vecinos de Cabra..(Cabra del Santo Cristo).
No obstante, creo que merece la pena incluir aqui la lista completa de las 34 personas que, en 1561, disfrutaban de unavecindad o "suerte". Asi pues, tenemos a: Sebastián de Baeza, Juan Caballero, Juan de Ocaña, Ramón Alonso, Lorenzo Ortega, Martin Rus de Alcalá, Miguel de Espinosa, El Licenciado Carvajo de Castilla, Andres Martinez, Antonio Montemayor, Antonio de Baeza, Bartolomé García, Bernardo de Acevedo, Melchor Ortega, Alonso Hidalgo, Catalina Sanches, Miguel Ruiz de Vilchez, Alonso Ruiz Antolino, Andres Torres de Guadahortuna, Los herederos de Juan del Moral, Alonso del Moral, quien compró la vecindad a Pedro Alferez, Fernán Ruiz, que la adquirió de Diego de Arcos, Alonso Grande, que la compró a Martín de Mendoza, Francisco Vilchez, que la Adquirió de Apolinar Ruiz de la Coba, Francisco Garcia y Sebastián Jimenez, que la compraron a Gil de Cabrera, Alonso Garcia de Béjar, que la adquirió de Marcos de la Hoya, Francisco Torres, que la compró a Francisco de Buitrago, Francisco Hermoso, que la adquirió de Francisco de Bres, Francisco de San Pedro que la compró a Francisco López de Béjar, Luis Melguizo, que la adquirió de Cristóbal Ortega Caballero, Pedro Muñoz, que la compró a Biedma de Jaén, Pedro Tamayo, que la adquirio de Ramón Quesada, Miguel Ruiz Gallo, que la compró a Sebastián García, Pedro Sandoval, que la adquirió de Pedro Alonso de Espinosa.
La ocasión para acceder a la total propiedad de sus vecindades o "suertes", a estos primeros vecinos les llegaria a comienzos del reinao de Felipe II,(gobernó de 1556 al 1598). La hacienda Real, constantemente acuciada por la falta de dinero, 25 millones de ducados,(9.375 millones de maravedies), se debian al acceder al trono el nuevo monarca, y él mismo tuvo que decretar en varias ocasiones la bancarrota, la primera por cierto en 1557, impuso a los vecinos de esta villa, al igual que sucederia con otros lugares del reino, un servicio,(un tributo extraordinario y único) de 8 millones de maravedies a pagar en varias ocasiones.Ante ello, el Concejo de Cabra negocia con el representante de la Hacienda Real, el jesuita Bartolomé de Santa Cecilia, entregar esa cantidad de una sola vez a cambiode que se les reconociese la total propiedad de sus vecindades o "suertes", y también que se les garantizase que, a partir de ahora, ningun vecino de Ubeda, ni el tribunal de la Mesta le iban a impedir roturar las cuerdas de tierra de sus "suertes",aunque esta roturación se hiciese bastante tiempo después, ya que les habian sido entregadas con tal fin. A ello accede el representante real, aun cuando ésto supusiera oponerse a la Ciudad de Ubeda, cuya extensión de tierras de propios y de comunes,(tierras de jurisdicción real), se iban ver bastante mermada. E,incluso,implicaba ir contra la politica econonómica oficial del momento,en donde imperaba la idea de favorecer a la ganaderia, que tan buenos y saneados ingresos proporcionaba a la Corona, en detrimento de la agricultura,la verdadera cenicienta del sistema económico del"Antiguo Régimen".

Vicente Aleixandre Merlo



(Sevilla, 1898 –1984)Poeta
Hijo de una familia de la burguesía española, su padre fue ingeniero de ferrocarriles. Nace en Sevilla en 1898 pero pasa su infancia en Málaga, donde comparte estudios con el futuro escritor Emilio Prados.

Se traslada a Madrid donde cursa estudios de Derecho y Comercio. En 1919 se licencia en Derecho y obtiene el título de intendente mercantil. Ejerce de profesor de Derecho Mercantil desde 1920 a 1922 en la Escuela de Comercio.

En 1917 conoce a Dámaso Alonso en Las Navas del Marqués, lugar donde veraneaba, y este contacto supone el descubrimiento de Rubén Darío, Antonio Machado y Juan Ramón Jiménez. Inicia de este modo una profunda pasión por la poesía.

Su salud empieza a quebrantarse en 1922. En 1925 se le declara una nefritis tuberculosa, que termina con la extirpación de un riñón, operación realizada en 1932. Publica sus primeros poemas en la Revista de Occidente en 1926. Establece contacto con Cernuda, Altolaguirre, Alberti y García Lorca.

Después de la Guerra Civil no se exilia, a pesar de sus ideas izquierdistas. Permanece en España, es galardonado con el "Premio Francisco Franco" 1949[sin referencias] y se convierte en uno de los maestros de los jóvenes poetas.


Su obra poética presenta varias etapas.

Poesía pura. Su primer libro, Ámbito, compuesto entre 1924 y 1927 y publicado en Málaga en 1928, es la obra de un poeta incipiente, que aún no ha encontrado su propia voz. Predomina el verso corto asonantado y la estética de la poesía pura juanramoniana y guilleniana, además de ecos ultraístas y de la poesía clásica española de la Edad de Oro, especialmente Fray Luis de León y Góngora.

Poesía superrealista. En los años siguientes, entre 1928 y 1932, se produce un cambio radical en su concepción poética. Inspirado por los precursores del surrealismo (en especial por Arthur Rimbaud y Lautréamont) y por Freud, adopta como forma de expresión el poema en prosa (Pasión de la Tierra, de 1935) y el verso libre (Espadas como labios, de 1932; La destrucción o el amor, de 1935, Sombra del Paraíso, de 1944). La estética de estos poemarios es irracionalista, y la expresión se acerca a la escritura automática, aunque sin aceptar la misma como dogma de fe. El poeta celebra el amor como fuerza natural ingobernable, que destruye todas las limitaciones del ser humano, y critica los convencionalismos con que la sociedad intenta apresarlo.

Poesía antropocéntrica. Tras la guerra, su obra cambia, acercándose a las preocupaciones de la poesía social imperante. Desde una posición solidaria, aborda la vida del hombre común, sus sufrimientos e ilusiones. Su estilo se hace más sencillo y accesible. Dos son los libros fundamentales de esta etapa: Historia del corazón, de 1954 y En un vasto dominio, de 1962.

Poesía de vejez. En sus últimos libros (Poemas de la consumación, de 1968, y Diálogos del conocimiento, de 1974), el estilo del poeta vuelve a dar un giro. La experiencia de la vejez y la cercanía de la muerte le llevan de vuelta al irracionalismo juvenil, aunque en una modalidad extremadamente depurada y serena. A estos dos títulos canónicos, esto es, de los publicados en vida por el propio poeta, podría añadirse un tercero, «En gran noche», de aparición póstuma, en 1991, y en la misma línea metafísica y reflexiva que los dos anteriores.


Obra en prosa Aunque menos conocida, Aleixandre también tiene una producción en prosa, tan interesante como breve. A ella pertenecen Vida del poeta: el amor y la poesía (1950, discurso de ingreso en la RAE), Algunos caracteres de la nueva poesía española (1955) y, sobre todo, Los encuentros (1958, colección de 39 evocaciones de escritores españoles, que luego fueron ampliadas hasta el número final de cincuenta y dos semblanzas). Recientemente se ha publicado una recopilación bastante exhaustiva, que incluye una muestra de su riquísimo epistolario: Prosas completas (Madrid: Visor, 2002).

Francisco Cuenca Benet

(Adra, 1872 – La Habana, 1943).

Uno de los andaluces que más y mejor contribuyeron a la defensa y difusión de
la cultura andaluza en todas sus principales manifestaciones fue el almeriense Francisco
Cuenca Benet (1872-1943), periodista, diplomático e investigador estrechamente
relacionado con el pensamiento andalucista de Blas Infante (1885-1936). En efecto,
tanto la trayectoria vital como la aportación que Cuenca Benet realizó a la cultura
andaluza están marcadas por algunos de los más destacados acontecimientos y factores
vinculados con el regionalismo andaluz y, concretamente, con el ideal andaluz
blasinfantiano, que hasta ahora no habían sido puestos en relieve.
Francisco Cuenca Benet (1872-1943) nació en 1872 en la villa almeriense de
Adra, en el seno de una familia acomodada e influyente fundamentalmente dedicada a la
banca o a los negocios de compra y venta a nivel internacional, que le permitió disfrutar
de una educación sólida y privilegiada para su época, que incluía la economía, la
música, el deporte y los idiomas. A lo largo de toda su vida, que desde 1913 se
desarrolló en Cuba, compaginó el desempeño de sus tareas profesionales, como
funcionario de Hacienda en Barcelona, empresario en Almería o Canciller de la
Embajada de España en Cuba, con el periodismo, que ejerció desde algunas de las
cabeceras más destacadas de la prensa andaluza, catalana y habanera, siempre guiado
por un profundo sentido de la justicia, así como una firme voluntad de servicio público
y de regeneración de la sociedad andaluza.
Estos mismos criterios y principios se manifestaron, en primer lugar, con su
destacado papel en la fundación en 1919 del Centro Andaluz de la capital cubana, que
seguía los pasos de su homólogo sevillano. También a través de la organización y
convocatoria de una ‘Liga Regionalista Andaluza’ en La Habana, cuya línea de
actuación partía expresamente de los presupuestos del Ideal Andaluz (Sevilla, 1915).
Pero, sobre todo, gracias a la publicación de la colección titulada ‘Biblioteca de
Divulgación de la Cultura Andaluza Contemporánea’, con la que Cuenca Benet daba
cuenta de la potencialidad intelectual de los andaluces en todas las manifestaciones de
las letras y la cultura con un doble fin: contrastar la falsa imputación de los que
suponían a Andalucía apta únicamente para molicie y, muy especialmente, para
colocarla en el lugar que le correspondía dentro de la cultura general española e
hispanoamericana.

sábado, 16 de noviembre de 2013

Historia de Casares


El origen de Casares se remonta a los tiempos de los íberos y fenicios, encontrándose en los límites de los bástulos. En el cortijo de Alechipe, se encuentran tres aras con inscripciones, que corresponde íntegramente a la ciudad de Lacipo, una de las más importantes del litoral malagueño.




Las buenas condiciones que ofrece este lugar para su ocupación, al menos estacional, para comunidades de cazadores-recolectores están garantizadas por: presencia de buenos lugares de abrigo proporcionado por las abundantes cuevas del complejo kárstico cercano, dominaban el pulimento de la piedra y la producción cerámica. Se conservan magníficos ejemplares muestra de ambas actividades procedentes de estas cuevas: vasijas elaboradas a mano cuidadosamente decoradas y adornos personales: pulseras y collares de caliza o mármol de excelente factura.

En el año 61 a. C., Julio César, de quien se deriva el nombre de la ciudad, utilizó los famosos baños de la Hedionda, para curarse con sus aguas sulfurosas la enfermedad hepática que padecía. Sus propiedades curativas se hicieron famosas en toda Roma.

En 1361, fue elegida como lugar de concentración de Pedro el Cruel y el destronado Rey de Granada, Mohamed V.

Los momentos más antiguos a partir de la conquista islámica del 711 estarían representados por el poblado localizado en Villa Vieja, donde los restos cerámicos localizados en superficie nos evidencian su ocupación entre los siglos IX y X. Se trata de un poblado de altura, abandonado quizás a partir de la implantación del Califato Omeya.

Durante el levantamiento morisco contra Felipe II en el año 1570, Casares fue el centro de las operaciones. En la ermita de Nuestra Señora del Rosario del Campo se reunieron los notables moriscos con el duque de Arcos y se puso fin a la revuelta.




El notario Blas Infante, iniciador del movimiento nacionalista andaluz, nació en esta ciudad el 5 de julio de 1885. Sus peculiares callecillas, intrincadas y escarpadas, junto a las casitas que las configuran en pintoresca disposición, hacen que Casares tenga la denominación de Pueblo Colgante.







martes, 12 de noviembre de 2013

La Guerra Civil en Granada

Fue vivida por sus habitantes de forma similar a otras regiones de la España dividida, aunque contó con ciertas características propias que la convierten en un caso particular. Granada, tomada prácticamente por los nacionales desde el mismo momento delAlzamiento Nacional del 17-18 de Julio -el día 20 de ese mes, o sea casi inmediatamente- experimentó durante los primeros meses de guerra una represión durísima, protagonizada por el nuevo Gobierno militar y grupos de conservadores (CEDA), falangistas y guardias civiles, causando devastadores efectos psicológicos sobre la población. Ejemplos de esta represión fueron los famosos paseos, auténticos asesinatos indiscriminados de personas sospechosas de ser rojos (partidarios de la República); y los fusilamientos de izquierdistas por "traidores", tras juicios irregulares o falseados, entre otros, las anteriores autoridades e intelectuales como Ruiz Carnero, o el famoso Federico García Lorca. Pero esto es ya sobradamente conocido por todos, y no es motivo del presente artículo ahondar en esta cuestión, sino en datos quizá menos conocidos sobre el conflicto en Granada, pero sumamente interesantes.
Guerra y represiòn en Granada.
La mayoría de las muertes en Granada durante la Guerra Civil se concentraron durante el primer año del conflicto, desde finales de julio de 1936 hasta junio de 1937. La división territorial en dos zonas (o "dos Españas") se tradujo tempranamente en Granada, como dijimos, desde el 20 de julio de 1936 en la adscripción de la ciudad al bando de los militares golpistas, o nacionales, y, de inmediato, en una brutal represión contra los rojos, rápidamente condenados a diversas penas (ejecución, prisión,...). Hasta aquí, nada diferencia a Granada de otras ciudades españolas del 36. Los métodos con que los sublevados se adueñaron del poder aquí fueron similares a los de otros lugares, aunque cabría destacar empero la inusitada rapidez en la conquista del lugar, algo debido parcialmente a la notable influencia de los católicos y la pequeña pero consolidada presencia de la CEDA y los fascistas de Falange Española. Los falangistas, aunque poco numerosos en principio, vieron crecer sus inscripciones al partido desorbitadamente tras el 21 de julio -aunque muchos granadinos, dadas las circunstancias, se afiliarán por pragmatismo o pura supervivencia-, y facilitaron al Franquismo un eficaz aparato de represión social y "terror". Aquellos rojos que no lograban huir hasta el otro lado del frente de combates, con los suyos, unirse almaquis de las serranías, o sencillamente hacerse el topo (esconderse, adoptar una identidad falsa), eran frecuentemente detectados o delatados, más tarde o más temprano.
Los Bombardeos.
Pero dejando aparte las muertes de rojos mediante los citados paseos y ejecuciones, por extraño que parezca, los ciudadanos de a pie en general -a menudo desinteresados de la política- sólo sintieron en sus carnes los efectos de la guerra a causa de los ataques aéreos. Y esto durante una fracción de tiempo relativamente corta: desde el 29 de julio al 28 de agosto de 1936. El motivo fue que en Granada no se vivieron apenas duros episodios de combates callejeros como en Madrid. El bombardeo republicano más famoso, por sus trágicas consecuencias, fue el del 6 de agosto de 1936, cuando dos aviones republicanos pillaron totalmente desprevenidos a los granadinos –la alarma tocó demasiado tarde, pues los aparatos fueron confundidos al principio con aviones nacionales–, y lanzaron su mortífera carga sobre Maracena, municipio limítrofe con Granada, matando a 8 personas; y ya en la capital, sobre la Fábrica de Tabacos del Realejo, matando a muchos empleados; sobre el Albaicín, hiriendo de gravedad a una mozuela, y por último sobre la Alhambra y el famoso hotel Washington Irving.
Casos curiosos y espeluznantes.
Casos curiosos y espeluznantes La bomba que cayó sobre dicho hotel fue quizá el desastre más sentido por todos, pues causó muchísimas víctimas y desperfectos materiales -aunque afortunadamente leves- en el monumento nazarí. Entre las víctimas destacaría una señora embarazada de gemelos, Doña María Soledad Pérez de Sevilla de Márquez; las mentalidades de los presentes, plagadas de morbo y superstición, crearían pronto la siniestra leyenda de que se podía oír claramente llorar a los gemelos dentro del vientre de su madre fallecida. La leyenda urbana añadiría luego nuevos detalles macabros, como que los gemelos fueron extraídos vivos pero murieron en segundos, siendo inmediatamente bautizados y enterrados con su madre. Aquel bombardeo vino seguido del fusilamiento “ejemplar” -dijo la prensa- de veinte presos republicanos, lo que puede considerarse la primera represalia a gran escala de los nacionales granadinos, a modo de “ojo por ojo” para ver si se mitigaban las ganas del enemigo por repetir la experiencia. Pese a todo, en los días siguientes volvían a caer bombas, de forma si cabe aún más implacable (del 7 al 14 sólo hubo un día de paz, el 13). El bombardeo del 11 de agosto se cebó sobre la calle Hornillo de Cartuja, cobrándose 8 víctimas, todas vecinas excepto un desdichado transeúnte que, casualmente, pasaba por allí. Hubo aquí algunos sucesos que muchos calificarían de "prodigiosos": por ejemplo, el de dos niños residentes del número 14, que salieron ilesos de entre los escombros de su casa derribada; o el de una señora, morosa y supuestamente marxista, que gritó al cobrador del alquiler que "ojalá lanzaran 40 bombas para acabar con todos los caseros”. Aquella señora terminó siendo una de las víctimas, lo que fue aprovechado por el periódico local Idealy la imaginación popular, obsesionada con Dios, para difundir que su muerte había sido un castigo divino. Lo que no se explicaba es por qué Dios tuvo tan mala puntería, pues el bombardeo también aniquiló a otras siete personas inocentes y no marxistas. Este período de bombardeos constantes remitió en Granada a partir del 28 de agosto de 1936, cuando los frentes se estabilizaron o desviaron hacia otras zonas, y los republicanos concentraron sus energías en otros puntos de mayor interés estratégico. No obstante, volvieron a caer bombas una vez más, en junio de 1937, devastando la humilde barriada de San Lázaro, contabilizándose 63 heridos y 8 fallecidos. Al menos a partir de entonces Granada dejó de sufrir nuevos ataques, arrancando su reconstrucción.

Misterios alrededor de Lorca

 Federico. García Lorca tenía 38 años cuando le mataron pero, transcurridos 75 años desde su asesinato, los misterios en torno a su fusilamiento podrían caber en varias vidas. La enorme figura del poeta y dramaturgo, que ya había traspasado fronteras, y su rápida ejecución han llenado de claroscuros un relato que ha tenido demasiados narradores. Tanto investigadores —el más conocido el hispanista Ian Gibson— como la multitud de testigos (y supuestos testigos) que mezclaron hechos ciertos con teorías y anécdotas con más de leyenda que de realidad. Desenredar esa madeja es lo que se propuso Miguel Caballero, por cierto vecino de Fuentevaqueros: tratar de distinguir entre lo que ocurrió y la ficción creada alrededor para detallar los últimos momentos de la vida de Federico. Fruto de ello es el libro 'Las trece últimas horas en la vida de García Lorca', publicado por La Esfera de los Libros. Caballero tomó la obra del falangista Eduardo Molina Fajardo, el que fuera director del diario 'Patria', y trató de verificar de forma documental los cerca de 50 testimonios que él aportaba; muchos de ellos de conocedores de primera mano de la ejecución del escritor. Los legajos (expedientes de la Policía, la Guardia Civil o el Ministerio del Ejército, y periódicos de la zona) dan fiabilidad al menos a 10 de ellos. «Personas como el capitán Nestares (al cargo de la primera bandera de Falange en Granada), Martínez Bueso (subordinado de éste y testigo del fusilamiento) o Pedro Cuesta (custodió a Lorca) le iban dando datos en confianza a un camarada», explica este historiador, dedicado casi enteramente al autor de 'Poeta en Nueva York' y 'La casa de Bernarda Alba'. Pero, ¿qué razones llevaron a esta muerte? Pues, según su investigación, fueron las rencillas familiares más que las ideologías; entre ellas esa casa siempre a oscuras en la que una madre sometía a autoridad férrea a sus cinco hijas: «Se demuestra la incidencia que tiene en la muerte de García Lorca la trama familiar. Van a detenerlo a casa de los Rosales tres personas: Ramón Ruiz Alonso (diputado de la CEDA y padre de Emma Penella y Terele Pávez), Federico Martín Lago (un maestro perteneciente a Falange), los dos con ganas de protagonismo, y Juan Luis Trescastros. Trescastros era familiar lejano del poeta y a la vez hombre de confianza de la familia Roldán, enemiga de los García Lorca», explica. Los problemas con los Roldán y los Alba habían surgido a finales del siglo XIX, debido a la explotación de la remolacha azucarera en la Vega de Granada, un negocio con muchos intereses que comenzó al perder España las colonias de Cuba y Filipinas. «El padre de Lorca en esta época era muy mayor, había nacido en 1859. Así que van contra la joya de la familia, que también los ha agraviado con 'La casa de Bernarda Alba'. Está escrita en junio del 36 y supone una venganza literaria. Se une el odio al padre y al poeta. Realmente la obra es un falseamiento de la realidad, porque Bernarda Alba (que se llamaba como su personaje) no era la mujer déspota que él pinta. Y cuando baja del tren en Granada los cuchillos le esperan bien afilados». El primer intento es en la huerta de San Vicente, donde tratan de prender al escritor. Allí irrumpen, el 9 de agosto (una semana antes de su detención), dos miembros de los Roldán (Miguel y Horacio). «Está documentado que dos días antes los hermanos se han reunido con el gobernador civil de Granada, Valdés Guzmán, en el pueblo de Asquerosa (actual Valderrubio), en lo que a todas luces fue una reunión para tratar de conseguir el plácet para molestar al escritor». El asunto hace que la familia de Lorca piense que el mejor lugar para protegerle es la casa de los hermanos Rosales. El escritor es amigo de Luis, también poeta, aunque varios años menor. «Pensaron que allí estaba seguro, los cinco hermanos eran falangistas y José, conocido como 'Pepiniqui', un puntal importante del partido en Granada. Nadie pensaba que alguien fuera tan osado de ir a la casa de 'Pepiniqui' a detener a García Lorca».
Fuente:Virginia Hernández Federico.

lunes, 11 de noviembre de 2013

Historia de Jaen

Jaén es una de las ciudades más antiguas de España, ya que recientemente ha sido descubierto el yacimiento neolítico de Marroquíes Bajos, en el norte de la ciudad, que data de aproximadamente 2.500 años antes de Cristo, con viviendas dispuestas en círculos concéntricos y una incipiente infraestructura hidráulica. Jaén fue a continuación un campamento cartaginés, antes de la llegada de los romanos, que le dieron el nombre de "Auringis" o "Aurgi", por la presencia de oro. Aún quedan algunos vestigios de esa época. Después de la etapa visigoda, la dominación musulmana de la denominada "Geen" (camino de caravanas) se extendió hasta la conquista por Fernando III "el Santo" en 1246. Hasta esa fecha Jaén era cabecera de su propio reino y una de las mayores ciudades de Europa.
Jaén es una de las ciudades más antiguas de España, ya que recientemente ha sido descubierto el yacimiento neolítico de Marroquíes Bajos, en el norte de la ciudad, que data de aproximadamente 2.500 años antes de Cristo, con viviendas dispuestas en círculos concéntricos y una incipiente infraestructura hidráulica. Jaén fue a continuación un campamento cartaginés, antes de la llegada de los romanos, que le dieron el nombre de Auringis o Aurgi, por la presencia de oro. Aún quedan algunos vestigios de esa época. Después de la etapa visigoda, la dominación musulmana de la denominada Geen (camino de caravanas) se extendió hasta la conquista por Fernando III el Santo en 1246. Hasta esa fecha Jaén era cabecera de su propio reino y una de las mayores ciudades de Europa.
La ciudad de Jaén, capital de la provincia de su nombre, se alza al pie del Cerro de Santa Catalina, en torno a cuyas laderas se apoya buena parte de su recinto urbano. De ahí el que abunden las calles empinadas y de pronunciada pendiente. Abrazada al S. y S.O. por un semicírculo de montañas que confieren agreste apariencia al paisaje, hacia el N. y N.E. se extiende en amplias y resecas campiñas.
 Ciudad de origen antiquísimo, sus primeros vestigios de población se han descubierto en los alrededores de la actual calle de Cristo Rey y en una cueva sita en el paraje de Caño Quebrado, próximo al actual Castillo. A poca distancia de la ciudad actual, en el lugar conocido como Plaza de Armas, cerca del Puente Tablas, se ha localizado una ciudadela ibérica. Dominada hacia el año 207 a. C. por Publio Cornelio Escipión, los romanos consolidaron su inicial núcleo de población, dándole los nombres de Auringi, Orongi y Aurgi. En el año 74, Vespasiano la declaró municipio. Según la tradición, uno de los Siete Varones Apostólicos, Eufrasio, introdujo en ella el cristianismo. En el año 712, cae en manos de los árabes, que la denominan Yayyan. Otro de sus topónimos sería el de Geen o "lugar de paso de caravanas". Durante la dominación árabe se fijarían ya las líneas básicas de su desarrollo urbano, convirtiéndose la ciudad en una plaza fortificada que jugaría un importante papel en las luchas internas de este período histórico. Tras ser sometida a varios cercos, Alhamar la entregó al rey Fernando III, en la primavera de 1246.
 El rey castellano amplió y consolidó sus defensas, convirtiéndola en una plaza fronteriza de gran interés estratégico. Trasladada a Jaén la sede del obispado, que hasta entonces estuvo en Baeza, a partir de 1249 la ciudad acrecentaría su pujanza como capital del reino y obispado de su nombre, prestando inestimables servicios a la corona de Castilla en su calidad de avanzada hacia “tierra de moros”. Con este motivo, los monarcas castellanos le concederían singulares privilegios, entre los que destaca la concesión por Enrique II de una leyenda que orlara su escudo de armas, con la inscripción emblemática de “Muy Noble, Famosas et Muy Leal Ciudad de Jaén, Guarda e Defendimiento de los Reinos de Castilla”. Durante los siglos XIII al XV, la actividad bélica en la ciudad y sus alrededores sería continua, sufriendo varios asaltos y saqueos. La residencia en Jaén, entre los años 1460-1463 del Condestable de Castilla, don Miguel Lucas de Iranzo, privado de Enrique IV, sería motivo de un cierto florecimiento continuado al hacerla los Reyes Católicos base logística en sus campañas para la conquista de Granada. A partir de 1492, comienza su lento y paulatino declive, que se acentúa en los siglos XVII y XVIII.
Su economía, básicamente agraria y su pobre sistema de comunicaciones, hacen que la ciudad se estanque y empobrezca. También se inicia entonces una amplia emigración de giennenses más allá de los océanos, de la que son evidente testimonio la existencia de otras ciudades llamadas también Jaén, en Perú y en Filipinas. En los comienzos de XIX la Guerra de la Indendencia vuelve a convertir la ciudad en una plaza fuerte de interés logístico y estratégico, lo que al final traerá consigo una inevitable decadencia económica, de la que Jaén no se recuperará. Por su situación geográfica, Jaén será en la primera mitad del XIX paso obligado en los pronunciamientos militares, siendo aquí donde en septiembre de 1824 terminará la efímera gloria del general don Rafael Riego. Fijada en la ciudad la capitalidad de la provincia de Jaén, tras la división administrativa y territorial de 1833, la ciudad se convertirá en una capital provinciana con una endeble economía basada en la actividad agraria, la administración y los servicios. Será a partir de 1960 cuando Jaén iniciará un notable crecimiento que acabará por transformar casi por completo su conjunto urbano. Hoy, con 113.141 habitantes, Jaén, sin renunciar del todo a sus notas distintivas, está adquiriendo una nueva fisonomía.


sábado, 9 de noviembre de 2013

Esclavos de Franco en la Isla de Saltés

El ejército franquista llegó a recluir en marzo de 1939 a 3.197 prisioneros en plena marisma · Los presos sobrevivieron un año a la intemperie, entre hambruna, chinches, pulgas y mosquitos El mar rodea la isla de Salthish por todas partes; en una de ellas, sólo está separada del continente por un brazo de mar de escasa anchura… Con pozos de agua dulce y hermosos jardines…
Este era el dibujo que hacía poco más allá de 1100 el cartógrafo y geógrafo hispanomusulmán Al-Idrisi de lo que hoy conocemos por la Isla de Saltés. Un paraje natural ubicado frente a las mismas calles de Punta Umbría al que la historia tenía reservada la sorpresa de convertirse en uno de los particulares presidios diseñados por las autoridades franquistas para acoger a los prisioneros republicanos de la Guerra Civil y después convertirlos, una vez pasada la criba de la comisión de clasificación, en trabajadores forzosos. Fueron los esclavos de Franco que levantaron las grandes y faraónicas obras de la posguerra. Trabajo y explotación a cambio, no de libertad, sino de escapar del pelotón de fusilamiento o la cárcel. El paraíso aquel que veía Al-Idrisi se tornó en 1939 en uno de los 188 campos de concentración franquistas que la maquinaria represora había diseñado para purgar las culpas de lo que el ejército sublevado y la propaganda dio en llamar los rojos, los indeseables, la grasa de la patria. Uno más de aquellos lugares donde se cocinó la desdicha de 30.000 desaparecidos, se consumó el destino forzado de 150.000 fusilados por causas políticas y se apartó de la Nueva España que estaban forjando a 500.000 personas que fueron a parar a los campos de concentración que poblaban la geografía española de norte a sur y de este a oeste, por no hablar de los cientos de miles que partieron hacia el exilio, tal y como se ha encargado de documentar el investigador Javier Rodrigo, de la Universidad de Zaragoza, en Los Campos de Concentración de Franco. Muy poco ha salido a la luz de los campos de prisioneros que el Caudillo plantó en Huelva. La lista oficial dispuso dos en el mismo año: 1939, el de San Juan del Puerto y el de la Isla de Saltés. Los papeles que acaba de entregar el Tribunal de Cuentas al Centro para la Recuperación de la Memoria Histórica de Salamanca, ubicado en la calle El Expolio, dan fe de su existencia y de la cruda realidad que allí se vivía. Más de 3.000 prisioneros se hacinaban en la Isla de Saltés (Punta Umbría tenía entonces unas 1.000 almas) soportando unas condiciones de vida durísimas, hambrientos, sin techo donde guarecerse del sol de plomo del verano, de las lluvias y la humedad. Las autoridades militares prepararon nuevos centros de internamiento para enviar a los soldados republicanos hechos prisioneros tras la caída de Cataluña en los albores de lo que Franco se empeñó en llamar el Año de la Victoria: 1939. Y lo fue. Uno de esos lugares fue el de Saltés. Viejo lugar de marineros, privilegiado enclave pesquero, almadraba y factoría. Lo mismo trabajaba las abundantes sardinas, el preciado tesoro que buscaban los galeones que venían del Levante y Cataluña a pescar, que aprovechaba la llegada de ballenas a la zona. Tan grande era la Isla que al mismo tiempo sirvió de factoría pesquera y cárcel. Por lo menos eso es lo que recuerda hoy el puntaumbrieño Jacinto Jiménez del Villar (1937) hijo de Antonio Jiménez Valle y Juana del Villar, que regentaban una pequeña tienda, un casetón de madera, donde vendían útiles y alimentos de primera necesidad a los pescadores de la temporada. Junto a ese paraíso pesquero anidaba la miseria más vil. Tan mal vieron las cosas los militares encargados de la vigilancia y clasificación de prisioneros que no tuvieron más remedio que recurrir a la población para que literalmente no se les murieran de hambre los cautivos. Al fin y al cabo, aunque eran peligrosos para la vida social "todos eran necesarios para la victoria", según rezaban las proclamas franquistas. Un preso trabajando para la causa fascista suponía un miliciano menos en las trincheras. Fue entonces, cuando la hambruna se hizo patente en la Isla de Saltés, el momento elegido por el gobernador militar de Huelva, Enrique Fernández Rodríguez de Arellano, para redactar un comunicado que sirvió para reconocer lo que ya era un secreto a voces en Huelva: Recientemente se había establecido en la capital onubense un campo de concentración de prisioneros de guerra y que para el acondicionamiento de aquéllos se necesitaban colchonetas, platos cucharas y vasos. Arellano esperaba que el pueblo de Huelva entregara en el Gobierno Militar los efectos necesarios y el que no pudiera aportar colchonetas enteras, al menos que llevara tela y sacos para la confección de los efectos. Los presos llegaban en mercantes atestados y eran conducidos sin más pertenencias que los harapos que traían puestos a la otra banda (Saltés). El Gobernador militar no dudaba que su petición iba a encontrar respuesta: "Del desprendimiento y espíritu de sacrificio habituales, espero la aportación de este servicio para llevar a los concentrados un ejemplo real de la hermandad españolísima que preside todas las relaciones de nuestra Patria reconquistada en su unidad, grandeza y libertad por el genio militar y la inspiración política de nuestro Caudillo". Ese mismo día en que el gobernador militar hizo público el comunicado, casi al mediodía, tuvo lugar en el campo de concentración de prisioneros una misa de campaña. Por supuesto, las autoridades dieron noticias a la población de la "inmensa alegría" con la que los presos recibieron, de boca del cura Marchiandarena, la llegada divina al recinto, alambrado en algunas zonas, y vigilado por un destacamento interior de carabineros y un batallón de soldados ubicados en barracones en la orilla puntaumbrieña, justo en la zona donde era accesible aquella isla. Quién iba a escapar de un lugar rodeado de agua, repleto de esteros y caños de marismas, fangosos e intransitables hasta para los mariscadores y estando frescas frases de jefes de campos similares donde por cada uno que se escapara se fusilaría a diez. Los detenidos no tenían más remedio que esperar los resultados de la orden general de clasificación dictada para los prisioneros de guerra. Esa especie de test demoniaco los calificaba en afectos (a Franco), dudosos y desafectos. Para la confirmación utilizaban avales que se pedían a los pueblos de origen de los concentrados y que eran emitidos por los nuevos ayuntamientos, las juntas locales de Falange, presidentes de entidades patrióticas de solvencia, la Guardia Civil y el cura. Los afectos iban entonces a las trincheras franquistas, los desafectos pasaban por un juicio militar sumarísimo con resultado de largas condenas de cárcel o muerte y los calificados como dudosos fueron condenados a trabajos forzosos, a los batallones de trabajadores. En la mayoría de los casos, mientras duraba esta investigación, los presos trabajaban en la construcción de infraestructuras, carreteras, edificios públicos, minas y cargaderos de mineral. Junto a Saltés estaba uno de los más grandes e importantes que había entonces en España, el de la Compañía de Río Tinto. Uno de los núcleos fabriles puestos por Franco al servicio de la Alemania de Hitler, tan presente en Huelva a través de la familia Klaus, del cónsul Adolf. La utilización del preso como mano de obra (esclava y barata: cobraban 2 pesetas al día y el Estado nuevo le descontaba 1,50 por cuestión de mantenimiento, una rara intendencia, trabajaban ocho horas efectivas) había sido ya bendecida en 1937 por el Decreto 281. Allí comenzaba el proceso de reeducación y reevangelización de la Nueva España de Franco, eucaristía forzosa, reconversión política y, a veces, la delación. Los muros verticales de aquel hogar reconfortante que glosaban las crónicas periodísticas y luego el NODO. Las ciudades y provincias no se reconocían entonces por sus catedrales o tesoros artísticos. Saltaban a la fama por el número de campos de concentración que albergaban. Unos, con mayúsculas, Castuera (Badajoz) o Miranda de Ebro (Burgos), Otros, como Montilla (Córdoba) o Huelva, inscritos con letra pequeña en la lista general redactada para justificar los gastos que ahora desvela el Tribunal de Cuentas tras mantenerlas setenta años empolvadas. Los presos de Saltés estaban condenados, de momento, al hambre y al frío, a la sed, la desesperanza, a la espera del aval, a la humillación y el desprecio. Afectados por toda clase de enfermedades (no se sabe cuántos pudieron morir), soportaban los ataques de piojos, chinches y todo tipo de insectos marismeños. La miseria más absoluta. Chusco de pan y sardinas. Curioso. Escasísimas en aquel paraíso pesquero llamado Saltés donde hoy recuerda Jacinto Jiménez del Villar que "se podía pescar casi con las manos".
Comer, con los dedos. Los pocos útiles que se repartían estaban usados, desechos caseros y militares. Hasta las conchas de la playa se usaban como cucharas, improvisados vasos y como pinchos. Lo recuerda hoy el que fuera alcalde de Punta Umbría en 1987, Gregorio Jiménez Vidosa (PSOE). Tenía 12 años cuando contempló cómo numerosas familias del pueblo marinero comenzaron a organizarse para intentar ayudar a la legión de hambrientos que veían desde sus casas . "Se despertó una inquietud entre nuestras familias que va creciendo a medida que se transmite de unos a otros, sobre todo entre las mujeres, amas de casa, quizás más sensibles o más activas que el hombre en las desgracias ajenas". Jiménez Vidosa ha querido dejar escrita su experiencia de pubertad asaeteada por los dramáticos recuerdos que la Guerra Civil llevó a su casa y la de su familia. El hoy ex alcalde, que documenta perfectamente aquellos días e incluso guarda un acta de arrendamiento a los frailes de La Rábida de la Isla, anotó en su diario que "algunas mujeres se reúnen y toman la decisión de atravesar la ría en botes y acercarse al campo de prisioneros. Conseguido el objetivo comprueban cómo vivían esos muchachos: alimento escaso y ausencia de útiles primordiales. Platos de rancho agujereados e inservibles, carencia de útiles de aseo". Supone que estas familias hablaron con los militares responsables del campo para que hicieran la vista gorda ante las cada vez más extendidas visitas que se hicieron al lugar. Las mujeres aportaban lo que podían y los hombres ponían los botes y los remos para acarrear lo que en febrero había pedido el gobernador militar de Huelva a la población: ayuda ante el desbordamiento de la situación y la visible y espantosa hambruna del presidio isleño. Las mujeres que se atreven a dar el paso acaban organizándose de tal manera que, según el testimonio del ex alcalde, deciden, para no diversificar sus esfuerzos, responsabilizarse de un prisionero. Se las conocía como 'madrinas'. La más activa de este inusual movimiento solidario fue Bella la de Pinito. "Qué mujer. Conseguía cargas de ropa para aliviar las penurias de los presos". Quien lo dice lo vio. Isabel Hernández Martínez (Ayamonte, 1922). Vive con su hija y a sus 88 años tiene una memoria muy fresca de aquellos momentos históricos. Aun recuerda cómo ella y sus compañeras se adentraban en los esteros en cuanto la marea lo permitía para llevar comida y ropa a los presos a los que se les permitía cierta facilidad de movimientos por la Isla, porque de los catalogados como desafectos nada se sabía ni se oía. Reconoce que en más de una ocasión desobedeció a su padre, se subió a los botes que pasaban a la otra banda. Isabel Hernández recuerda hasta partidos de fútbol en Saltés y, mirando por encima de sus gafas, pronuncia un nombre: Tomás. Dice que fue el francés preso que le tocó ayudar en el campo de concentración. Cuando lo buscaba le dejaba avisos. Y gesticula con las manos para explicar que un día "me llevé a casa su traje para lavarlo. Y después de darle las aguas, cuando lo planchaba, aun se podían ver los piojos en los pliegues de la ropa. Pero los quité". Isabel logró sacar del campo de concentración al francés e incluso se lo llevó a casa a comer con su familia. Cree que sobrevivió a todo aquello. El lugar de la cita posee nombre de novela: La Casa del Encanto. Hasta allí llegaban con las pinzas de los barriletes agarradas a sus ropas después de pasar por el fango . "Había mucho fango, sabe". Ella llegó a entrar en el campo. Parece que aun escucha el piano que estaba en la casa del guarda y en el que solían tocar algunos presos. "Pero a toda la gente no la dejaban entrar allí", rememora. Confiesa que hasta hubo noviazgos y algunas mujeres quedaban con los presos en la isla para aquellos encuentros tan inexplicables para la época y el lugar. Pero Isabel esconde los nombres de las mozas más atrevidas. Gregorio Jiménez Vidosa explica que una vez terminada la guerra muchos de los prisioneros que fueron liberados iban volviendo a Punta Umbría para intentar reencontrarse con las familias que en aquellos momentos le habían ayudado. "A partir de ese momento se inicia una fraternal relación entre familias de Punta Umbría y otras localidades españolas que, en muchos casos, continúan en nuestros días", apunta Gregorio en su cuaderno de notas. La hermana de uno de aquellos presos (Ramón Pico Cruz) se llamaba Julia y volvió para dar las gracias a la tía Mercedes, su madrina. Incluso montaron un hostal, El Albergue Extremeño. Aquel movimiento vecinal incluyó también a José Antonio Cruz Barroso (Isla Cristina 1922). Un marinero que hoy vive con su familia y que recuerda aquel año de 1939 amparado por un busto de Camarón de la Isla (de San Fernando) desde su casa en el barrio de pescadores. José Antonio fue testigo de la llegada de hasta tres grandes barcos cargados de presos, cautivos que hasta traían dinero, "supongo que no valía, era republicano. Le llevamos caballas, sardinas y algunos, como Martorell o Sañudo, eran jugadores de fútbol de Cataluña. El testimonio de Encarna García Campoy (Huelva 1927) también es esclarecedor para entender aquel entramado. "Algunos mozos llevaban hasta ropas de presos y tenían aspecto desastroso". Encarna relata que los carabineros sólo dejaban entrar mujeres a Saltés y cuidaban que las conversaciones fueran escasas, lo esencial para darles la ayuda que podían, latas de conserva en el mejor de los casos. Fuente:http://www.huelvainformacion.es/