domingo, 20 de octubre de 2013

Refugios Subterràneos de Almeria.

La ciudad de Almería sufrió 52 bombardeos por aire y mar, en los que cayeron un total de 754 bombas durante la Guerra Civil Española. Esto provocó que se decidiera construir unos refugios subterráneos, con más de 4 kilómetros de longitud en total, un quirófano y capacidad para albergar a unos 40.000 habitantes de la ciudad por la época. Estos fueron diseñados por el arquitecto local Guillermo Langle Rubio, con la ayuda del ingeniero de minas Carlos Fernández Celaya y el ingeniero de caminos José Fornieles; y se convertirían en unos de los más importantes y mejor conservados a nivel europeo. Estos refugios han soportado el principal ataque que ha sufrido la ciudad en toda su historía, el Bombardeo de Almería. Historia Su historia comenzó el 22 de enero de 1937, a través de la firma de un proyecto llamado "Proyecto de Refugios Contra Bombardeos en la Ciudad de Almería". El presupuesto para su construcción se calculó en 4,5 millones de pesetas, de las que el Gobierno Central subvencionó 2 millones. Durante la construcción de estos refugios, el equipo de gobierno de la ciudad estableció un impuesto especial del 1% sobre todas las compras para poder permitir este gasto, al que ayudó también la colaboración de partidos políticos y sindicatos, aportaciones de empresas y la mano de obra volutaria de algunos ciudadanos. Su construcción llevó un total de 16 meses. Tan sólo existe un plano original, que se supone incompleto, con el trazado de los refugios. Es un documento impreso en papel cebolla que data del año 1937, del que se tomaron los diseños para los grabados del exterior de los refugios tras su rehabilitación. Existían entradas privadas a los refugios, desde domicilios particulares, como el del mismo arquitecto y especialmente los de gente adinerada. Hubo alguna gente solidaria que, durante los ataques, dejaba las puertas de sus casas abiertas con una bandera negra y letreros de "REFUGIO", indicando que se disponía de una conexión al refugio, facilitando la entrada de toda la población posible. Existía un código de conducta dentro de estos refugios. De principio, estaba prohibido fumar, para evitar que el refugio se llenara de humo si la ventilación natural era incapaz de eliminarlo. Los niños no podían estar solos dentro y, además, para evitar enfrentamientos dentro, se pedía que no se hablara de política o de religión. También estaba prohibido entrar con armas, ya fueran blancas o de fuego. Tras la clausura completa de los refugios, durante el Franquismo, estos pasadizos cayeron en el olvido hasta que fueron encontrados fortuítamente el año 2001. Así, los refugios pasaron desapecibidos para los almerienses, que durante generaciones ignoraban su existencia. Su hallazgo fue accidental, pues unas obras contiguas para la realización de un aparcamiento subterráneo en la cercana Rambla Obispo Orberá en el año 2001 se toparon con estas galerías.