lunes, 25 de noviembre de 2013

Historia de Almeria (Breve)

El lugar que ocupa la actual provincia de Almería es, en palabras del prestigioso historiador y arqueólogo Luis Siret, "un impresionante museo natural". Ello se explica, en principio, por las tres culturas neolíticas que se dan en el territorio de la provincia, hecho que es único en nuestro continente: la de Almería, la de Los Millares y la de El Argar, con su aportación a la cultura campaniforme y celta. En el periodo clásico, son muchas las poblaciones íberas y las colonias fenicias y cartaginesas que cobran importancia en Almería. Es destacable la importancia de varias poblaciones ya en la Roma clásica, como las de Urci (junto a Villaricos), Abdera (Adra), Murgi (El Ejido), Baria (Vera) o Tagilis (Tíjola).
El puerto de la actual capital de Almería (Portus Magnus) ya era explotado y apreciado por los comerciantes del Lacio. El puerto de Almería fue en el siglo X uno de los principales puertos de la base naval del Califato de Córdoba. Con la muerte de Hixem II, se desmorona el Califato de Córdoba apareciendo los Reinos de Taifas en el siglo XI, en el que Almería se independiza bajo el mandato de Jairán. Sigue cobrando importancia, llegando a ser, como reino independiente, una de las taifas más prósperas. La ciudad tenía al menos quince puertas, que guardaban la entrada a una ciudad de cerca de un millón de metros cuadrados, laberíntica y abigarrada. De todas esas puertas, los contemporáneos destacaban por su belleza tres de ellas, que tenían un raro patio interior (en toda la España musulmana, sólo había dos ejemplos más de este tipo de puertas: una en Sevilla y otra en Granada).
Llegó a contar con 10.000 telares, que creaban maravillosos tejidos de seda, entre los que destacaban un “tejido de Almería” que era exportado a casi todo el mundo árabe. Las crónicas medievales destacan la actividad comercial de la ciudad y de la prontitud con que los almerienses hacían frente a los pagos. No sólo los tejidos, sino esclavos (Pechina y Verdún eran los comercios de esclavos más grandes de toda Europa), orfebrería y mármol (se han encontrado lápidas funerarias de mármol de Macael hasta en Nigeria) eran su fuerte.
 El puerto almeriense era uno de los más importantes del Mediterráneo en época califal, de taifas y con los almorávides. Estos últimos dieron cobijo a piratas, convirtiendo al puerto no sólo en la envidia sino, también, en el terror de sus enemigos. El investigador Florentino Castro Guisasola publicó en 1930 el libro El esplendor de Almería en el siglo XI. La Almería musulmana está presente en muchos textos medievales, como el Romance del Conde Arnaldo o Las Serranillas, del Marqués de Santillana. Los árabes también cantaron las magnificencias de la ciudad, como el sabio almeriense del siglo XIV, IbnJatima, en su libro Ventajas de Almería respecto a los otros países de España. Lo que se ha venido llamando siglo de oro de la ciudad rozaba su cénit cuando el Papa Eugenio III convocó una cruzada contra la ciudad. Cristianos del sur de Europa se reunieron para acabar con la cruel Almería, como la llamaban los juglares de la época.
En el sur de Francia, los romances comparaban Almería con una “piscina” que lavaría los pecados de aquellos que se unieran a la cruzada. El conde Ramón Berenguer de Barcelona, Alfonso VII de León, el rey García Ramírez IV de Navarra y Álava (nieto del Cid) o el gran duque Guillermo VI de Montpellier junto con genoveses y pisanos (que veían como una infranqueable competencia el emporio del puerto de la ciudad y que habían sufrido los ataques de su flota), se dieron cita ante las murallas de Almería. Cada uno traía entre sus huestes a lo más granado de la caballería europea, nombres protagonistas de romances medievales (como el conde de Astorga, Ramiro Flores de Guzmán, llamado la “Flor de las Flores” en el “Poema de Almería”, compuesto a raíz de la conquista). Tras una breve pero intensa resistencia, las murallas fueron asaltadas por doce puntos. Alfonso VII no quiso negociar paz alguna. De los habitantes de la ciudad, 10.000 pudieron huir milagrosamente hacia Murcia y 20.000 se refugiaron en la Alcazaba. De estos últimos, la mayoría de los varones fueron acuchillados. Alfonso VII, “el Sultancillo”, como le llamaban despreciativamente los almerienses, devastó Almería y destruyó sistemáticamente las industrias de la ciudad en 1147.
El botín fue repartido entre los soldados, si bien los nobles se llevaron la mejor parte. Los jefes genoveses se apropiaron del “Sacro Catino”, una gran fuente de esmeralda finamente tallada a seis puntas en la que, según la tradición, Jesucristo sirvió el cordero en la última cena. Alfonso VII se llevó partes de la gran mezquita, que depositó en el Monasterio de las Huelgas de Burgos, y ricos tejidos, con los que sería confeccionada la famosa casulla de San Juan de Ortega. El conde de Barcelona se llevó las espectaculares puertas de la Puerta de Pechina, forradas de cuero de buey y tachonadas con clavos de bronce, cuya última pista nos lleva a la capilla vieja de la Universidad de Barcelona. Tras diez años de dominio castellano, hasta 1157, los almohades lograrían recuperar la ciudad e intentan devolverle su antiguo esplendor, sin conseguirlo.
Los granadinos la hacen luego su puerto principal. Es destacable el asedio que volvió a sufrir en 1309 por parte de las tropas de Jaime II de Aragón, que no pudieron con la sólida resistencia almeriense. En esta época, Almería es el escenario de batallas, incursiones y razzias entre los cristianos de Murcia y los moros de Granada. Y en esta época probablemente tiene origen el dicho: Cuando Almería era Almería, Granada era su alquería.
 Durante el siglo XV, las luchas por el trono del reino de Granada se irán sucediendo, proclamándose rey de Almería Abdalá El Zagal, reinado que durará poco tiempo porque el 26 de diciembre de 1489, los Reyes Católicos conquistan la ciudad y El Zagal les entrega las llaves de Almería. Almería en época musulmana se dividía en tres barrios: El núcleo primitivo fue La Medina. El arrabal de Al-Hawd (El Aljibe), actuales barrios de La Chanca y Pescadería. El arrabal de La Musalla que se extendía desde la actual calle de La Reina hasta la Rambla Obispo Orberá.
 Al brusco deterioro de las prosperidad de Almería se añadió una sucesión de terremotos, dos de los cuales fueron terribles: el de 1518, que elimina para siempre la Vera musulmana, matando a todos sus habitantes, y el de 1522, que se dejó sentir hasta en las Azores, y que devastó Almería por completo, convirtiéndola casi en un solar y siendo la principal causa de la destrucción de la práctica totalidad de los edificios que los árabes habían levantado en ella, así como de la catedral antigua. Estos terremotos y la esquilmación demográfica hacen que apenas haya mención a Almería hasta la modernidad. Es en el siglo XIX cuando resurge su puerto debido a la extracción minera y la exportación de uva de Berja y Ohanes. Fue designada capital de la provincia homónima en la nueva reasignación de finales de este siglo.

Historia completa en este blog,pàgina de Almeria

jueves, 21 de noviembre de 2013

Historia de Canjayar.-Almeria

CANJAYAR Historia y Origenes.
Existe un pasado reciente de esplendor, ligado a la riqueza que ha proporcionado la uva, pero también existe la idea de un pasado «remoto»,árabe y morisco, en el que Canjáyar gozaría de cierta importancia. Al tratar de señalar los orígenes de Canjáyar, nos encontramos con serias dificultades, ya que no existen trabajos sistemáticos sobre las épocas prehistórica y antigua, sólo alguna prospección arqueológica en la que los restos más antiguos que se documentan pertenecen a la Edad del Cobre . Ya Madoz, en el siglo pasado, nos da noticias sobre la famosa cueva de Nieles, descubierta en 1841, coincidiendo con el furor minero: «se hallaron varias inscripciones, esqueletos, huesos, pedazos de candiles, tinteros, salvaderas, crisoles y ánforas».
De época romana se puede documentar un lingote de plomo, hallado también en el siglo pasado, que lleva la inscripción «L. S. REX», y que puede ser testimonio de la explotación de esta zona, que comenzaría en la época republicana. Es en los siglos X y XI, estando ya el Estado islámico configurado, cuando aparecen las primeras noticias sobre la organización territorial de la Alpujarra, dentro de la cual hay que situar a Canjáyar. Al-Udri, geógrafo originario de Dalías, nos informa de una Alpujarra dividida en distritos,ayza (plural de yuz). El yuz sería un distrito político administrativo integrado por varias alquerías y un hisn o castillo principal que le daría nombre, siendo al mismo tiempo elemento defensivo de las comunidades rurales y representación del poder central. Al-Udri menciona elyuz de Qansayar.
 Su castillo debió de estar situado donde hoy se encuentra la ermita deSan Blas, «sobre la plataforma superior del pico que domina el pueblo actual por el oeste, verdadero cerrojo sobre el valle del Andarax». La construcción de la ermita en el siglo pasado destruyó la casi totalidad de los vestigios. Ha sido estudiado por P. Cressier, que data los restos cerámicos en los siglos XII-XIII. En el siglo XIV nos encontramos con una estructura administrativa similar a la división en ayza: son las tahas, que van a permanecer con alguna que otra alteración hasta la expulsión de los moriscos en 1570.
 La Alpujarra cuenta con 13 tahas, siendo una de ellas la de Lúchar, donde ubicamos la alquería de Canjáyar, que, con la llegada de los cristianos, se convierte en la capital de la taha. La alquería deCanjáyar tenía su hisn y una mezquita mayor. Sin embargo, Alcora actualmente es una barriada de Canjáyar integrada en su término. Así, al final de la Edad Media, la alquería de Canjáyar era un núcleo rural, dedicado a la agricultura intensiva, fundamentalmente de regadío, y en menor medida a la ganadería. Los cultivos más importantes eran morales, olivos, higueras, parras. Los cerealestambién tenían gran importancia, sobre todo el trigo y el panizo, dedicados al consumo humano y animal. El regadío necesita de una tecnología para captar el agua,conducirla y regularla. La captura se hacía por medio de una presa y de acequias. En los hábices de1530 se cita la acequia de Nieles, en la taha de Lúchar (Trillo San José). Madoz también nos dice que: «entre el cerrillo llamado de Pascual al NO., y el de los Pozos al SO, se ven vestigios de cimientos y cañerías muy raras en todas las direcciones: de donde se infiere que este pueblo fue de mucha mayor consideración en una época cuya remota antigüedad no nos es dado determinar».
A finales del siglo XVIII, en 1788, se crea en Alcora una fábrica nacional de plomo; este hecho repercute también en lascomunicaciones y se construye una carretera para comunicarPresidio (Fuente Victoria), donde estaba la otra fábrica nacional, y Alcora con la costa; de este modo se facilitaba la salida del mineral. En el siglo XIX los naturales del partido judicial de Canjáyar son muy laboriosos y que la mayor parte se dedican a la explotación de minas plomizas, como jornaleros, como partidarios o como rebuscadores. Canjáyar, cabeza del partido judicialque lleva su nombre, tenía a mediados del siglo pasado una población de 2.200 habitantes y sus casas estaban apiñadas en un terreno muy reducido. A comienzos de ese siglo, en agosto de 1804, se produce un terremoto, que provocó 4 muertos, bastantes heridos, derribó 60 casas y otras 120tuvieron que ser demolidas. Entre los edificios afectados por el terremoto se encontraba la iglesia, que tuvo que ser reconstruida en gran parte. También se vio afectada por elterremoto de 1852, que exigió una nueva restauración de la misma. Delsiglo XIX es también el santuariodedicado a San Antonio Abad. A finales de siglo se construye el Hospital de San Antonio Abad a expensas de Don Cristóbal Esteban Asensio, quien hizo una fundación, de la que son beneficiarias las mujeres ancianas, necesitadas de medios económicos o faltas del amor y cariño de un hogar.
En cuanto a las actividades productivas, Canjáyar continuaba siendo eminentemente agrícola. Abundaba el aceite, de tal manera que vendían al exterior 19 vigésimas partes de lo que recogían. También producían seda y vino, cogían granos , hortalizas y sus frutas eran abundantes y de gran calidad. Es a partir de 1860 cuando tiene lugar el inicio del cultivo de la uva de Ohanes, dedicada a la exportación, que se va a convertir en monocultivo hasta fechas recientes, provocando épocas de esplendor, aunque también de crisis, al estar la uva sometida a las fluctuaciones del mercado exterior. En años sucesivos, el parral va a ir sustituyendo a otros cultivos, sobre todo a los frutales, y se van a poner en producción tierras antes incultas por ser de secano. En 1876 Don Juan de la Cruz Esteban promueve y funda el«Cauce Exaltación de la Santa Cruz» o «Acequia Gorda», como popularmente se conoce, para transformar en regadío tierras de secano.